El Informe de Política Monetaria (IPoM) de junio coincidió con el fin del conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán, cuyo acuerdo de paz definitivo se firmará este viernes.
En el marco de mercados que han celebrado el fin de las hostilidades, con alzas de las bolsas y caídas en el precio del petróleo y el dólar a nivel global en las jornadas posteriores al anuncio del domingo, el Banco Central puso una cuota de cautela en el IPoM.
Uno de los recuadros del reporte analiza las dinámicas para el precio del petróleo asumiendo una normalización del flujo a través del estrecho de Ormuz, advirtiendo que todavía persisten riesgos para la oferta energética global, que incluso en un escenario extremo podrían derivar en aumentos abruptos en la cotización del petróleo.
"El conflicto en Medio Oriente y el cierre del estrecho de Ormuz ha reducido de forma relevante la oferta mundial de petróleo. En los días posteriores al cierre estadístico, se anunció un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, que permitiría la apertura del Estrecho. Sin embargo, existen dudas sobre varios factores, entre ellos la velocidad con que pueda reponerse la oferta global de petróleo, cuál será la demanda que enfrentará y si persistirán primas por riesgo geopolítico", sostiene el ente autónomo.
El recuadro parte narrando que el inicio del conflicto y el cierre del estrecho de Ormuz detuvo el tránsito de cerca de 20 millones de barriles diarios de petróleo, equivalentes al 20% de la producción mundial.
Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), parte de ese flujo se ha compensado mediante desvíos por oleoductos (alrededor de 6 millones de barriles diarios), el uso de inventarios globales (en torno a 5 millones de barriles diarios) y un aumento de la oferta mundial (cerca de 1 millón de barriles diarios).
"No obstante, persiste un déficit de oferta y las restricciones han sido heterogéneas entre regiones, estando varias economías asiáticas entre las más afectadas", complementa.
El uso de inventarios como compensación a la menor oferta ha jugado un rol importante, pero tiene límites, agrega la entidad, sosteniendo que previo al conflicto, los inventarios globales observables (petróleos más derivados) eran del orden de 8.200 millones de barriles, nivel elevado en comparación histórica.
Según estimaciones de la AIE, a fines de abril, las reservas habían bajado hasta 7.950 millones de barriles, con diversas contrapartes que sitúan el nivel de estrés operacional en torno a los 7.600 millones de barriles y el piso en torno a los 6.800 millones de barriles.
"Esto significa que inventarios por debajo de esos umbrales generarían dificultades operacionales crecientes, elevando el costo de oportunidad de cada barril adicional que se utiliza. Si el uso de los inventarios se mantuviera a un ritmo similar al reciente, la zona de estrés podría alcanzarse relativamente pronto. En todo caso, ello depende de forma importante de la velocidad con que se reponga el flujo efectivo a través del estrecho", complementa.
Escenarios de estrés
En base a Wlasiuk et al. (2026), el recuadro apunta a que en un escenario de estrés operacional podrían darse aumentos "significativos" del precio a través de dos canales.
El primero es relativamente gradual: según las teorías de manejo de inventarios, éstos
constituyen una reserva de flexibilidad cuyo valor (convenience yield) aumenta con la escasez: cuanto menores son los inventarios, mayor es su valor. Eso implica que continuar usando reservas requerirá precios cada vez mayores.
El segundo canal se relaciona con teorías de corridas bancarias y juegos globales, siendo más abrupto en su naturaleza, dice el IPoM.
"Cuando las reservas son relativamente bajas, quienes poseen inventarios enfrentan un problema de coordinación: si anticipan que otros retendrán barriles previendo escasez, les conviene retener también. En esa situación, la retención colectiva valida la expectativa -la misma lógica de una corrida bancaria o contra un tipo de cambio fijo-. A diferencia del canal gradual, éste responde a expectativas sobre la conducta agregada, que pueden auto cumplirse. Este canal puede producir un salto discreto del precio, incluso antes de que los inventarios se agoten físicamente o alcancen niveles de estrés", complementa el reporte.
Ahora, si la oferta mundial de petróleo no se repone pronto -por ejemplo, porque el estrecho no se abre en el corto plazo- el recuadro estima que, sin corrida, el precio de petróleo subiría de forma gradual hasta alcanzar el límite superior hacia mediados de 2027. Un escenario con corrida adelantaría el aumento de precio: al cruzar la zona de fragilidad, la retención coordinada de inventarios gatillaría un salto discreto del precio hacia ese mismo nivel de US$160-190, en un lapso mucho más acotado.
"Más allá de la temporalidad del aumento, un escenario de salto abrupto en el precio del petróleo es relevante porque podría estar asociado con un deterioro rápido de las condiciones financieras globales, con caídas significativas de las bolsas. Más aún, como se ha verificado en respuesta a diferentes eventos desde el comienzo del conflicto, este escenario también estaría asociado a aumentos de las tasas de interés de largo plazo, en lugar de caídas, como es habitual durante eventos de risk-off", advierte el IPoM.
El recuadro cierra planteando que en dicho escenario, las implicancias para la convergencia inflacionaria en el mediano plazo dependerán de la contraposición entre las presiones inflacionarias en el corto plazo y la menor actividad en el horizonte de política.