Los peligros de acordar un gran pacto con Vladimir Putin
El líder ruso quiere reescribir las reglas. Trump no se lo puede permitir
Por: Financial Times
Publicado: Viernes 18 de noviembre de 2016 a las 16:33 hrs.
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Para Donald Trump, las atracciones de hacer un pacto con su futuro homólogo Vladimir Putin son muchas y evidentes. El desafío de Rusia al dominio mundial de EEUU es el problema más grave de política exterior en la agenda de EEUU.
Aliviar las tensiones con un rival que posee armas nucleares es un objetivo loable. Políticamente, lograr un acuerdo prácticamente llevaría a Trump de su condición de magnate, estrella de telerrealidad y político ajeno a la condición de estadista.
El mundo debe esperar que el Trump también vea los enormes riesgos implícitos en cualquier gran pacto con Rusia.
Putin quiere deshacer el actual orden político respaldado por EEUU en Europa y en todo el mundo, el cual él considera injusto y contrario a los intereses de Rusia. Un relajamiento de las restricciones internacionales que restringen sus ambiciones podría resultar en un deshielo temporal en las relaciones ruso-estadounidenses. Pero también podría minar a largo plazo los intereses occidentales y estadounidenses y socavar la seguridad y la estabilidad en otras partes del mundo.
La cooperación multilateral, según Putin, sería sustituida por un mundo dividido en esferas de influencia de las grandes potencias. En un mundo así, Moscú podría tener vía libre en gran parte del territorio de la antigua Unión Soviética. Trump, por su parte, debe rechazar cualquier intento de reproducir la conferencia de Yalta de 1945 en la época moderna. Hacerlo sería premiar a Rusia por la anexión de Crimea y la invasión de la parte oriental de Ucrania. Eso podría sentar un precedente peligroso, animando a las naciones poderosas de otras partes del mundo. También socavaría el principio establecido desde la caída del Muro de Berlín, y consagrado en la Carta de París de 1990, de que los países europeos son libres de elegir sus políticas y alianzas.
Ucrania, en particular, no debe ser abandonada. Esto podría provocar el colapso de su gobierno pro-occidental. De la misma forma, otras naciones en la esfera rusa podrían negarse a someterse. Por lo tanto, al tratar con Putin, el próximo presidente estadounidense debe seguir varios principios.
En primer lugar, su administración debería hacer su compromiso con la OTAN — un pilar de la seguridad europea y mundial desde su fundación en 1949 — absoluto e inequívoco. La alianza debería acelerar sus esfuerzos actuales para garantizar que todos los estados miembros cumplan con un objetivo mínimo de gasto en defensa. Pero el compromiso de EEUU de defender incluso el más reciente y pequeño de los miembros de la OTAN debe seguir siendo incondicional.
En segundo lugar, Trump no debería, como insinuó durante su campaña, eliminar las sanciones sobre Rusia — socavando así la solidaridad con Europa y Japón — sin que existan avances sobre las cuestiones por las cuales se impusieron. No debe reconocer la reclamación de Rusia sobre Crimea, cuya ocupación fue una violación flagrante del derecho internacional.
Al igual que cuando el mundo occidental se negó a reconocer la ocupación soviética de los Países Bálticos, respetar estas líneas claras no descarta perseguir una nueva forma de distensión en otras áreas. El Sr. Trump no debe poner inmediatamente todas las cuestiones sobre la mesa, sino intentar hacer avances graduales en temas específicos, ayudado por medidas que fomenten la confianza. Siria es un área en la que la renovada cooperación entre EEUU y Rusia es un requisito indispensable para ponerle fin al conflicto, a pesar de que la reanudación de los ataques sobre Alepo demuestra la intratabilidad de Rusia.
En su relación con Moscú, Trump debería darle tanta importancia a los derechos e intereses de los vecinos de Rusia como a los de Rusia. Con las tensiones a sus niveles más altos desde la década de 1980, el premio de la mejoría de las relaciones con Rusia es muy importante. Sin embargo, no puede lograrse aceptando los términos de Moscú. Independientemente de los riesgos que existan actualmente, un mal acuerdo con el Sr. Putin sería peor que ninguno en absoluto.
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