Me atrevo a pensar que son pocos quienes quisieran estar en los zapatos de Kevin Warsh. Por un lado, el presidente de la Reserva Federal enfrenta la presión de la Casa Blanca y de quien lo nominó al cargo: Donald Trump; por otro, enfrenta el riesgo de causar un nuevo shock a los mercados.
Pocas reuniones de la Fed han generado tanta incertidumbre en el último año como la que se realizará la próxima semana (28-29 de julio). Una consecuencia de la resistencia de Warsh a eliminar la forward guidance o a dejar de darle señales al mercado sobre sus próximos pasos. ¿Por qué es incierta? Porque los últimos índices de inflación (precios al consumidor y al productor) mostraron una desaceleración, incluso mayor que la que esperaba el mercado. Por otro lado, hay una amenaza real de un nuevo repunte de los precios de los combustibles, la inflación se mantiene lejos del rango meta de 2% y varios gobernadores de la Fed, con derecho a voto en el comité de política monetaria, se han manifestado a favor de un alza de tasas.
El mercado da un 33% de probabilidad a un alza de tasas en la reunión de la próxima semana, pero -acostumbrado a las señales de la Fed bajo Jerome Powell- esperará ansioso alguna señal sobre una posible alza antes de que termine el año.
La discusión sobre el correcto camino a seguir contará con más insumos, pero solo tras la decisión de la Fed. El jueves 30 se publicará el índice de precios ligado al consumo personal (PCE), y la primera estimación del producto interno bruto (PIB) del segundo trimestre. Una moderación en ambos índices permitirá al mercado mantener las expectativas de que la Fed se mantenga en pausa por lo que queda del año, a pesar de una posible alza del precio de los combustibles debido al cierre del estrecho de Ormuz y ahora también al cierre del estrecho de Bab al-Mandab en el mar Rojo.

Inversiones vs utilidades
Hasta el cierre de esta edición, no hay señales de que Estados Unidos e Irán estén dispuestos a volver a la mesa de negociaciones. Una nueva ola de ataques ha complicado también el escenario para el mercado, aumentando las presiones inflacionarias y con ello generando una presión alcista sobre las tasas de interés. Mala noticia para las grandes tecnológicas y sus onerosos planes de inversión para la inteligencia artificial (IA).
Como lo demostraron la semana pasada con Alphabet y Tesla, los inversionistas comienzan a perder la paciencia. O, al menos, se muestran algo más exigentes. Ya no basta con reportar un aumento de ingresos, mejorar las proyecciones de negocio o superar las expectativas de utilidades. Los inversionistas quieren ver pruebas concretas de que los cientos de miles de millones de dólares de inversión se traducen en nuevas fuentes de crecimiento de las utilidades, y que se extiende por más de un trimestre.
Cuatro de las “hiperescaladoras”: Microsoft, Meta (miércoles 29), Apple y Amazon (jueves 30) reportarán resultados. También otras dos tecnológicas que son parte de la cadena de producción de semiconductores y capaces de mover los índices Arm (miércoles 29) y Qualcomm (jueves 30).
De todas las tecnológicas que reportarán la próxima semana, Microsoft es la empresa con mayor peso en el S&P 500 y el Nasdaq. Su unidad Azure, plataforma de servicios de IA en la nube, ofrecerá un indicador claro de si la inversión en infraestructura de IA se está traduciendo en un crecimiento de los ingresos acorde. El trimestre pasado, Azure reportó un crecimiento de ingresos de 40%, poniendo una vara muy exigente por superar. Microsoft ha proyectado una inversión de capital por unos US$ 190 mil millones para este año, y hay temor sobre el impacto del capex en los márgenes y niveles de deuda.
Meta y Amazon enfrentan una presión similar. En el caso de Apple, su reporte será seguido con atención por el mercado, además, porque será la última presentación de resultados de Tim Cook como CEO. El mercado querrá más detalles de la transición hacia la llegada de su reemplazo, John Ternus, y sus planes para renovar la línea de iPad, iPhone o nuevos dispositivos para la era de la IA.
Expectativas locales
La próxima semana será también importante para el mercado local. El Banco Central anunciará el martes 28 su decisión de política monetaria. El mercado espera que se mantenga la tasa en 4,5%. Pero la atención estará en cómo el Central está leyendo la renovada amenaza inflacionaria del alza del petróleo, especialmente cuando la desaceleración económica había resucitado expectativas de un eventual recorte hacia el final del año.
A propósito de la desaceleración, el mercado espera que esta se haya moderado en junio. Si bien se proyecta una nueva contracción de la producción de cobre y de la produccción industrial, se espera que las caídas sean menores; y en el caso de las manufacturas, el mercado espera un repunte de 1,4% en 12 meses, en lo que sería su mayor expansión desde septiembre del año pasado. En el mejor de los escenarios, lo peor podría haber quedado atrás.