Historiadora Alona Kibets “Solo quienes han vivido una guerra pueden entender lo que sentimos”
Por su profesión ha leído cientos de libros de guerras y revoluciones, “pero nunca pensé que viviría una”, dice la joven ucraniana quien perdió un tío y su casa, emplazada cerca de la cadena de televisión bombardeada en Kiev.
Por: Juan Pablo Silva
Publicado: Sábado 2 de abril de 2022 a las 04:00 hrs.
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Alona Kibets (25) siempre ha vivido en Ucrania. A los 18 años dejó su pueblo natal al norte del país, cerca de Sumay, para estudiar Historia en la Universidad Nacional de Kiev. Investigó revoluciones, guerras e idiomas, dice que leyó miles de páginas de conflictos bélicos. “Los encontraba muy lejanos y aburridos”, confiesa. Hasta ahora.
“Nunca pensé que iba a ser yo quien viviría una etapa tan importante de la historia. De un minuto a otro pasé de leer guerras a encarnarlas”, dice desde un refugio cerca de la capital. Prefiere no revelar el nombre por la seguridad de quienes la acompañan.
Cuando egresó de la universidad decidió ser guía turística; su manejo de inglés y español la ayudaron a tener un público constante: solía llevarlos a recorrer las cercanías de la capital y la planta nuclear de Chernobyl.
Cuenta que en su lista de clientes hay varios chilenos, mexicanos, argentinos y españoles, a quienes paseó por las calles que hoy están llenas de escombros, edificios bombardeados y soldados. “Ver a niños que mueren de hambre y familias destrozadas es terrible e impresionante. Solo los que han vivido una guerra pueden entender lo que sentimos”, relata a DF MAS.

A los pocos días que se inició el bombardeo en Kiev, en febrero, la joven comenzó a registrar lo que iba viendo. Y abrió una cuenta de Instagram para contarle al mundo lo que allí sucede.
“Vivimos en el siglo XXI, con teléfonos con tres cámaras, inteligencia artificial y redes sociales. Me salió natural hacerlo”, relata. Ha mantenido un público cautivo como reportera ciudadana desde su Instagram @alona_kibets, donde tiene cerca de 20 mil seguidores de todos los rincones del globo. Algunos, eso sí, le han advertido que no quieren más escenas dramáticas.
“Un mexicano me comentó en una publicación: ‘Muy triste todo lo que está pasando, pero nosotros somos latinos y nos molesta mucho ver información triste todos los días, ¿puedes publicar algo un poco más divertido?’. ¿Cómo voy a publicar algo divertido si nos estan matando, si hay bombardeos todos los días?”, reflexiona.
El chico del tren
“Nos fuimos de vacaciones con mi familia a las montañas de Carpatos. El 23 de febrero volvimos a Kiev en tren y un chico que estaba también ahí nos dijo que se estaba preparando para la guerra. La verdad nos reímos y le respondimos que estaba loco, que era imposible. El 24 me llamó la madre de mi novio para decirme que la guerra había empezado”, relata la historiadora.
“Fue terrible. Un día comenzaron a atacar todo, misiles por todos lados, no sabíamos dónde ir”, añade. Los primeros tres días se quedó junto a su novio –un informático que trabaja en una empresa internacional israelí– en un refugio en Kiev. “Era espantoso, estaba lleno de niños, adultos mayores y madres embarazadas sin agua ni electricidad. Sin saber dónde ir”, recuerda.

Kibets cree que el proceso va a ser largo. Eso le comentan sus amigos soldados. “Aunque unos políticos firmen acuerdos de paz, que no cree que sean exitosos aún, la guerra y las dudas van a seguir en el Dombás y Crimea”, comenta.
“Venceremos”
Una de las dificultades adicionales que conlleva la guerra, relata la joven, ha sido manejar la salud mental y los cambios de ánimo. “Míos, de quienes me acompañan, de todos”, relata.
El refugio en el que se encuentra en el momento que se concreta la entrevista se ubica a tres minutos de la casa donde aloja junto a otras seis personas. Dice que llevan semanas sin dormir por las sirenas nocturnas que alertan los bombardeos.
A pesar de ser un lugar relativamente seguro, la historiadora cuenta que hace unos días hubo conmoción en el barrio luego de que los militares rusos dispararan a una mujer en la calle. “No entiendo por qué esos soldados que entraron a Ucrania están matando civiles”, lamenta emocionada.
Pese al negro panorama que se vive en sus tierras por estos días, ella dice tener esperanza. Y, mientras lo explica, sonríe: “Venceremos. Ganaremos la guerra, gracias a eso tendremos muchos más turistas, ahora todo el mundo sabe dónde estamos, y eso nos va a sacar adelante. Solo tenemos que esforzarnos, hacer todo lo posible. Creo que podemos ganar”.
Pero advierte: “Si no ganamos durante este año, la situación va a ser terrible para todo el mundo”.
La conversación con Kibets se concreta un martes por la tarde. Ese día, cuenta, ha sido particularmente difícil para ella. “Por las mañanas despierto con un sentimiento de que venceremos, pero por la tarde pienso, ‘madre mía, ¿qué va a pasar? ¿Cómo saldremos de esta? ¿Usarán armas nucleares?’”, relata. Cuando quiere pensar en algo fuera de la guerra, se sumerge en libros. Ahora, por ejemplo, lee uno del Museo del Prado de Madrid.
Durante el diálogo, menciona la historia de la Unión Soviética, estado federal de repúblicas socialistas que cayó oficialmente en 1991 con el Tratado de Belavezha. Ucrania como país independiente tiene poco más de 30 años y, señala ella, “lo que más me gusta de mi país es que somos libres, estamos en vías de desarrollo y habrá muchas oportunidades. Y un buen futuro”.
La familia
La muchacha es una de las tantas ucranianas que ha perdido familiares en estas semanas de guerra. Su tío fue asesinado los primeros días de invasión y un primo está en las tropas ucranianas. Sus abuelos –de más de 80 años– optaron por no moverse y quedarse, pase lo que pase, en su casa cerca de la ciudad Sumy y la frontera con Rusia y Bielorrusia.
“No quieren salir porque todo lo que tienen está allá, su jardín, gatos, perros y recuerdos. Viven con lo que les queda y la ayuda humanitaria de Europa”, cuenta. Están al cuidado de sus padres y, según relata, “la situación allá es terrible, los soldados rusos matan civiles y roban lo que pillen en las casas, tostadoras, teléfonos, computadores e incluso la comida”.
Alona Kibets ha tenido la oportunidad de irse de Ucrania, pero decidió no hacerlo: “No puedo dejar a mi novio y a toda la gente que quiero acá, es imposible decirles adiós e irme sola, no podría estar en otro lugar sabiendo que ellos están viviendo en este infierno”.
Putin y Zelenski
La reflexión de Kibets como historiadora, aclara en la conversación, es que lo que está pasando no se produjo porque “el líder ruso se volvió loco o porque tiene problemas de salud. Quienes afirman eso están equivocados. Esto viene desde hace mucho tiempo. Putin no es el único culpable. Los rusos están siguiendo la teoría de Iván Ilyín, y hay muchos políticos y periodistas que también creen en esa ideología”, apunta.
Ilyín es el filósofo ruso del siglo XX que ha sido citado en varios discursos de Putin, y es uno de los grandes referentes doctrinales del nacionalismo contrarrevolucionario del país europeo. Postula, entre otras cosas, que una mano de hierro y un autoritarismo implacable es la única opción para el país.
¿Fan de Zelenski? “No”, responde. Kibets no quiere idolatrar al presidente ucraniano ni lo considera un héroe. “Es nuestro presidente, y por el momento nuestro líder. Pero si las decisiones han sido malas o buenas, lo veremos después de la guerra”, explica.

Son las 20:45 en Ucrania, la historiadora y su novio acaban de comer papas, pan con mantequilla y una taza de té, se preparan para dormir y esperan que sea una noche tranquila y poder descansar un par de horas de corrido. Cree que las negociaciones de paz no son reales y los rusos mienten, “tal como lo hicieron cuando dijeron que no iban a atacarnos”, cierra.
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