El hombre que Trump quiere que dirija el Departamento de Justicia
Todd Blanche, que en su día fue un “outsider”, ocupa ahora un puesto clave en el Gobierno.
Por: Kaye Wiggins y Ella Lee (Financial Times)
Publicado: Sábado 11 de julio de 2026 a las 21:00 hrs.
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Hace poco más de tres años, Todd Blanche parecía una pieza fija del establishment legal de cuello blanco de Nueva York. Era un demócrata inscrito, un ex fiscal admirado por su compromiso con la independencia del Departamento de Justicia y socio del estudio de abogados más antiguo de Wall Street.
Hoy es la cara de la agenda de represalias del Presidente Donald Trump. Blanche, que la próxima semana comparecerá en las audiencias para confirmar su nombramiento como fiscal general de EE.UU., se apronta a dirigir un Departamento de Justicia que ha perseguido a los críticos y opositores de Trump y ha pasado por encima de las normas que ponían límites al poder presidencial.
Como socio del prestigioso estudio neoyorquino Cadwalader, Wickersham & Taft, no parecía compartir las ideas de buena parte del movimiento MAGA. La firma tenía programas para ayudar a solicitantes de asilo y para que personas transgénero pudieran cambiar su nombre legal, y un ex colega recuerda a Blanche apoyando a los abogados más jóvenes que trabajaban en ellos. Desde entonces, la administración Trump ha tomado medidas contra ambos grupos, y un funcionario del Departamento de Justicia afirma que es “categóricamente falso” que Blanche haya apoyado a sus colegas en esos esfuerzos.
Si Blanche es confirmado tras sus audiencias del 15 y 16 de julio, coronará un ascenso vertiginoso: de abogado personal de Trump a máximo jefe jurídico del gobierno de EE.UU., consolidando su lugar en el corazón de la administración Trump. Quedará a cargo de una repartición que, desde el escándalo de Watergate, se enorgullecía de estar libre de interferencia política, pero que hoy está en el centro de los esfuerzos del gobierno por doblegar al Estado a su voluntad.
La fiscal general anterior, Pam Bondi, fue despedida después de que Trump se frustrara por la lentitud con que se procesaba a sus opositores. Blanche, que era su segundo, se ha ganado la polémica por su aparente lealtad al Presidente. Impulsó un fondo -hoy descartado- de US$ 1.800 millones para que “las víctimas del lawfare y de la instrumentalización de la justicia fueran escuchadas y buscaran reparación”, una propuesta ridiculizada como una caja para repartir entre los aliados del Presidente. Firmó un documento que busca blindar a Trump y a algunos de sus familiares frente a eventuales investigaciones sobre sus declaraciones de impuestos pasadas. Ha replicado el lenguaje de Trump, aludiendo al “Trump Derangement Syndrome” en escritos judiciales. Incluso dijo que le habría dicho al Presidente “lo amo, señor” de no haber sido nominado como fiscal general.
Algunos ex colegas que alguna vez admiraron a Blanche creen hoy que él y otros dentro del gobierno han manchado la credibilidad del sistema de justicia estadounidense por una generación o más. “Pasó de ser alguien querido y respetado por todos a alguien que hoy nos tiene a todos rascándonos la cabeza”, dice un ex colega. “Es como... otra persona.” Para sus amigos y aliados, en cambio, su irrupción en la administración Trump es coherente con ideas que se formó hace años: un hombre criado en un suburbio obrero, que no pasó por una universidad de élite y que cree que las élites llevan mucho tiempo desatendiendo las necesidades de la gente común. “En vez de instalarse en las alturas de la élite legal, Todd sabe que lo que los estadounidenses quieren es un sistema de justicia duro con el crimen y duro con el fraude, que no se conforme con mirar para el lado cuando es políticamente conveniente”, dice Joe Moreno, ex colega en Cadwalader y antes fiscal de seguridad nacional del Departamento de Justicia.
Este relato de la aparente transformación de Blanche se basa en conversaciones con 20 personas que lo conocen o han trabajado con él. Muchas pidieron mantenerse en el anonimato por temor a represalias. Un funcionario del Departamento de Justicia defiende su gestión: “La enorme cantidad de abogados de dos caras que insultan de forma anónima al fiscal general subrogante para generar historias falsas, y que después aparecen en el Departamento elogiando nuestros logros extraordinarios, es una vergüenza”. Agrega que Blanche está “liderando el Departamento de Justicia con integridad y distinción”, mientras la repartición “se concentra en cumplir la promesa del Presidente Trump de hacer que Estados Unidos vuelva a ser seguro”.
Blanche pasó buena parte de sus primeros años como abogado en la fiscalía federal del Distrito Sur de Nueva York (SDNY), un grupo de élite que ha enfrentado a algunos de los criminales más connotados de Estados Unidos. En esa época, Blanche buscaba caer bien a todos, dice alguien que lo conoció, y era apreciado tanto por sus colegas como por los abogados defensores. Mimi Rocah, que trabajó con él en la fiscalía, dice que era un tipo de equipo, con “garra” para investigar los casos con agresividad.
Como muchos fiscales federales, dejó la fiscalía por un gran estudio corporativo, WilmerHale. Pero a diferencia de muchos ex fiscales de alto rango, que entran como socios, a Blanche lo contrataron como counsel, un escalón más abajo. Menos de tres años después se cambió a Cadwalader. Se necesita “garra y determinación” para que “los que no venimos de la élite entremos al mundo de los estudios de guante blanco”, dice Moreno.
Blanche hizo su primera incursión en el universo MAGA en 2019, cuando aceptó representar a Paul Manafort, ex jefe de campaña de Trump acusado de fraude hipotecario. Les dijo a sus colegas que el caso podía ayudarlo a ganar visibilidad y conseguir más clientes. Logró que los cargos se desestimaran invocando el principio de doble persecución (non bis in idem). Más tarde lo contrataron Igor Fruman, ex asociado de Rudy Giuliani, y Boris Epshteyn, colaborador de larga data de Trump, lo que lo acercó aún más al círculo de Trump.
En febrero de 2023, Trump le pidió a Blanche que lo representara en un caso en Nueva York por un pago a la actriz porno Stormy Daniels antes de la elección de 2016. Fue la primera acusación penal en la historia contra un expresidente de EE.UU. Cadwalader se negó a involucrarse. Blanche, que les manifestó a sus colegas su asombro por la resistencia del estudio a tomar lo que él veía como el juicio más grande y trascendente de Estados Unidos, se fue y montó su propia firma, Blanche Law. Save America PAC, el vehículo de recaudación política de Trump, terminaría pagándole a Blanche Law más de US$ 10 millones por su defensa. Cuando Blanche dejó Cadwalader, “nadie sabía cómo se verían los próximos años [para él]”, dice Kendra Wharton, colega en el estudio, que después se sumó a Blanche Law para trabajar en el caso de los pagos para comprar silencio. “Requirió coraje y apostar por sí mismo. No había ninguna garantía de nada.” Moreno dice que “en una industria que mira en menos a los conservadores en general y que desprecia especialmente a Donald Trump, fue un verdadero acto de coraje que Todd dejara Cadwalader, formara su propia firma y defendiera al expresidente”.
Aunque tomaba a un cliente que muchos abogados de cuello blanco de Nueva York despreciaban, algunos pares lo respaldaron, con el argumento de que toda persona tiene derecho a un abogado y que Blanche tenía el temple necesario para representar a Trump.
Blanche le dijo al FT en 2024 que, en su opinión, el caso de los pagos para comprar silencio nunca debió haberse presentado. Un ex colega recuerda que les comentó a sus pares que tomar el caso le daría acceso a Mar-a-Lago, un lugar repleto de gente adinerada que algún día podría necesitar un abogado. El funcionario del Departamento de Justicia dice que Blanche “nunca ha intentado, ni lo hará”, captar un cliente en Mar-a-Lago ni en ningún otro lugar asociado a Trump. En los meses siguientes, la posición de Blanche fue cambiando a medida que lo sumaban a otros casos de Trump. Con el tiempo terminó abrazando la idea de que todos los procesos contra Trump -incluidos el de la retención de documentos clasificados en Mar-a-Lago y el de haber sostenido que la elección de 2020 estuvo amañada- eran parte de una vendetta de la administración Biden, según una persona cercana a él. Trump perdió el caso de Nueva York y quedó convertido en un condenado penal. Pero valoró que Blanche hubiera arriesgado su carrera para defenderlo en un momento en que la reelección no se veía probable, dice esa persona. “Desarrollaron una relación, una relación de confianza, y se lo veía como un abogado legítimo”, dice Doug Gansler, ex fiscal general estatal demócrata que trabajó con Blanche en Cadwalader. “Y creo que el Presidente lo quería de su lado.”
En su entrevista de 2024 con el FT, Blanche descartaba la idea de un cargo político. Pero hacia fin de año el abogado -para entonces ya republicano inscrito- fue nombrado fiscal general adjunto por el Presidente electo. En enero de 2025, más de 100 ex colegas de Blanche en el SDNY firmaron una carta en apoyo a su nominación. “Vimos cómo lleva a la práctica los valores centrales del Departamento de Justicia: independencia, imparcialidad, honestidad, integridad, respeto, excelencia y una feroz dedicación a la justicia bajo la ley”, decía la carta. “Y quizás lo más importante: Todd es, en el fondo, un hombre bueno y decente”.
Una vez que la administración Trump asumió el poder, Blanche empezó a arremeter públicamente contra el establishment legal. En febrero de 2025, antes de sus audiencias de confirmación en el Senado, Blanche expuso su visión sobre el trato que el sistema legal le había dado a Trump en un texto sarcástico, respondiendo a las preguntas de los senadores sobre cómo definiría el “lawfare”.
Su definición, escribió, incluiría a un expresidente acusado cuatro veces y a un fiscal general estatal presentando una demanda “ante un juez increíblemente parcial, donde el objetivo... es destruir el negocio del expresidente y arruinar económicamente a él y a sus hijos”. Y remató, irónico, que “sería difícil imaginar que estos ejemplos ocurran en este gran país”. Convertirse en el segundo hombre del Departamento de Justicia fue un salto enorme para un abogado que, según personas cercanas, había construido una carrera exitosa aunque poco excepcional dentro de la escena legal neoyorquina, donde muchos ex fiscales terminan como abogados defensores.
Tenía una “mentalidad de underdog”, en parte por su formación académica, dice alguien que lo conocía entonces. Una de las cosas que disfrutaba del nuevo cargo era “pasar por encima de la gente que presumía ser mejor que uno”. Poco después de que Trump asumiera, el Presidente apuntó contra una serie de estudios de abogados que consideraba que lo habían perjudicado, con amenazas de órdenes ejecutivas punitivas. Entre ellos estaba Cadwalader, el antiguo estudio de Blanche, al que le comunicaron que había sido señalado por su negativa a representar a Trump en el caso de los pagos para comprar silencio, según personas al tanto del tema. Junto con muchos otros, Cadwalader comprometió millones de dólares en trabajo pro bono para evitar la sanción. Algunos ex colegas creían que Blanche podía ser una influencia moderadora dentro del gobierno. “Creo que la mayoría, cuando nombraron a Todd fiscal general adjunto, tenía la esperanza de que fuera el adulto en la sala”, dice uno de ellos. Por momentos, tal vez lo fue. Según versiones, le advirtió a la Casa Blanca que no había pruebas suficientes para acusar a la fiscal general de Nueva York, Letitia James, por presunto fraude hipotecario, y se opuso al nombramiento de Lindsey Halligan como fiscal federal del Distrito Este de Virginia, una designación que más tarde fue declarada ilegal.
En sus primeros días en el Departamento de Justicia, algunos en la derecha no estaban convencidos de que fuera realmente uno de los suyos. Surgieron tensiones con Ed Martin, un leal a Trump que por entonces encabezaba un grupo de trabajo sobre la “instrumentalización” de la justicia y que ha respaldado a quienes asaltaron el Capitolio el 6 de enero de 2021. Martin es hoy el abogado de indultos de Trump, y las tensiones se calmaron tanto que ahora apoya públicamente el ascenso de Blanche.
Durante el segundo mandato de Trump, el Departamento de Justicia ha apuntado contra una serie de críticos y opositores del Presidente. Acusó a James, la fiscal general de Nueva York que había llevado un caso en su contra, y a James Comey, el ex director del FBI que había investigado los contactos entre la campaña de Trump de 2016 y Rusia. Abrió investigaciones penales contra el presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, a quien Trump había criticado por no bajar las tasas de interés con más fuerza, y contra la gobernadora Lisa Cook, a quien Trump había intentado remover. Como número dos, Blanche fue portada por reunirse con Ghislaine Maxwell, la cómplice encarcelada de Jeffrey Epstein, un encuentro que, según el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, parecía diseñado “para ofrecerle algún tipo de acuerdo corrupto a cambio de que exonere a Donald Trump”. A medida que los jueces federales frenaban algunos de los planes del gobierno, Blanche adoptó un tono combativo y dijo que el Departamento estaba “en guerra” con jueces “activistas y fuera de control”.
Trump despidió a Bondi en abril y nombró a Blanche fiscal general subrogante. “Quería ver cómo lo reciben” antes de designarlo como reemplazo permanente de Bondi, dijo el Presidente en un podcast. Poco después de que Blanche asumiera como fiscal general subrogante, el Departamento acusó de nuevo a Comey, esta vez sosteniendo que había amenazado con matar al Presidente al publicar una foto de conchas de mar que formaban la cifra “86 47” (en la jerga estadounidense, “86” significa deshacerse de algo, y Trump es el Presidente número 47). Una persona al tanto de la dinámica entre la Casa Blanca y el Departamento de Justicia dijo que esa jugada mejoró la imagen que tenían de Blanche. Ese mismo mes, el Departamento acusó de fraude y lavado de dinero al Southern Poverty Law Center, de tendencia liberal. Impulsó anular las condenas por conspiración sediciosa de integrantes de los grupos de extrema derecha Proud Boys y Oath Keepers. Le pidió a la Oficina de Prisiones que considerara el uso de fusilamiento, electrocución y gas letal para poder seguir ejecutando penas de muerte en caso de no disponer de los fármacos para la inyección letal, en un informe en el que Blanche apeló a la convicción de Trump a favor de la pena capital.
Blanche parece haber pasado la prueba: en junio, desde el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, Trump dijo que lo nombraría fiscal general. Todo gobierno tiene sus prioridades, dice el ex fiscal federal Rizwan Qureshi, socio de Reed Smith, pero es raro tener a un fiscal general cuyo ascenso a la primera línea vino de representar personalmente al Presidente. “Hoy, muchos ven al Departamento de Justicia como el estudio de abogados que representa al Presidente, no al pueblo”, dice. Justice Connection, una red de ex funcionarios del Departamento de Justicia, envió este mes una carta al comité a cargo de la audiencia de confirmación de Blanche, firmada por más de 1.200 ex empleados de la repartición. Le pidieron rechazar la nominación, apuntando a lo que describieron como la “corrupción y los abusos que han definido al Departamento de Justicia” bajo su conducción y a su “degradación” del personal de la repartición.
Los aliados de Blanche dicen que, como ex fiscal, es bueno para motivar al personal del Departamento y que le importa su funcionamiento diario y su capacidad de armar buenos casos. Sostienen que la enorme mayoría de su trabajo sigue como siempre, que los casos con carga política son una porción menor de la actividad y que Blanche podría estar, en silencio y tras bambalinas, disuadiendo al Presidente de algunas malas ideas. Además, dicen que sus valores están alineados con los de los partidarios de Trump. “Mucha gente [en el movimiento MAGA] cree que hay una clase de personas que se han cuidado entre ellas [cuando deberían haber estado] preocupándose por los de abajo”, dice alguien que lo conoce. “Todd es el arquetipo de eso.” Moreno dice: “Una de las mejores cualidades de Todd es que... nunca olvidó las raíces de clase trabajadora de donde viene”. El funcionario del Departamento de Justicia destaca logros como la captura de decenas de líderes clave de carteles y de personas que figuraban en la lista de los “10 más buscados” del FBI. Dice que el Departamento de Justicia rinde cuentas al poder ejecutivo “igual que cualquier otra agencia federal”. Habiendo apostado a que tomar a Trump como cliente lo ayudaría a construir una cartera, Blanche quizás nunca vuelva a trabajar en un gran estudio de élite. “Es difícil imaginar que uno de los grandes estudios lo contrate”, dice un ex colega del SDNY. El trabajo litigante a futuro podría complicarse para un hombre que ha dicho estar en “guerra” con el poder judicial. (El funcionario del Departamento de Justicia califica ese supuesto de “ridículamente falso”.) Es posible que los círculos MAGA le den trabajo a Blanche en el futuro, o que termine dirigiendo un estudio que represente a figuras conservadoras. Pero alguien que lo conoce dice que eso dependería de que no caiga en desgracia con Trump. No es raro que gente del círculo del Presidente termine convertida en “persona non grata”, dice. “No sé para dónde va la cosa después de eso.”
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