En medio del alza de la energía, como efecto secundario de la guerra en Medio Oriente y el cierre del estrecho de Ormuz, la inflación de Estados Unidos alcanzó máximos de tres años en su lectura correspondiente a mayo.
De acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS, su sigla en inglés) el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un incremento de 0,5% mensual, llevando el indicador anual a 4,2% el mes pasado. Es la primera vez que supera el umbral del 4% desde abril de 2023.
Se trata, de todas maneras, de un porcentaje que empata con los pronósticos del mercado. El mes previo se anotó un alza de 3,8%.
El costo de la anergía representó un 60% del alza de 0,5% mensual, reflejando el impacto del shock de suministro que se enfrenta a apropósito del conflicto bélico, cuyas negociaciones de paz no han logrado llegar a puerto.
“La energía sigue siendo el principal motor de la inflación en Estados Unidos, pero existe un peligro creciente de que un conjunto más amplio de precios empiece a tomar el control”, señaló George Brown, economista senior de Schroders. “El fuerte crecimiento de la nómina sugiere que la economía aún está en auge, lo que aumenta el riesgo de que la inflación se consolide en lugar de desaparecer rápidamente”, añadió a FT.
Excluyendo la elementos más volatiles del IPC -alimentos y energía- la inflación se aceleró un 0,2% en el mes y un 2,9% interanual.
Los datos ponen la tarea de la Fed cuesta arriba. La próxima semana, en la primera reunión del Comité Federal del Mercado Abierto (FOMC) presidida por Kevin Warsh, deberán definir si modifica la tasa desde el rango actual de 3,50% y 3,75%.
Aunque persisten las perspectivas de que en este encuentro se defina mantenerla, crecen las expectativas de que se requiera un alza de aquí a fin de año, en medio de las presiones inflacionarias que quedaron reflejadas en el dato de mayo.
A juicio de Emanoelle Santos, analista de mercados de la app de inversiones XTB, el dato "probablemente no cambia radicalmente el escenario para la Fed, pero sí refuerza la idea de que el proceso de desinflación se volvió mucho más frágil y dependiente de factores externos, especialmente de la evolución del conflicto en Medio Oriente y de los precios de la energía".