El Presidente Donald Trump afirmó que no volverá a autorizar el acuerdo comercial de Estados Unidos con Canadá y México, lo que abre la puerta a meses o incluso años de negociaciones sobre disposiciones que regulan la industria automotriz y otros sectores clave.
Los tres países enfrentan el próximo 1 de julio un hito para extender el pacto, que Trump negoció durante su primer mandato y cuya vigencia, en su forma actual, es de 16 años. No se esperaba una extensión, dado que el mandatario estadounidense ha intensificado las tensiones comerciales con sus vecinos desde su regreso a la Casa Blanca.
Sin una prórroga, el acuerdo entrará en un proceso de revisiones anuales sucesivas, aunque seguirá vigente por hasta una década, salvo que alguno de los países decida abandonarlo por completo.
“No estoy buscando renovarlo”, dijo Trump a periodistas este miércoles en la Casa Blanca. “Porque, para ser sincero, a Estados Unidos le va mucho mejor. No necesitamos nada de lo que tiene Canadá, no necesitamos nada de lo que tiene México, pero ellos necesitan todo lo que nosotros tenemos y deben tratarnos mejor”.
Los gobiernos de México y Canadá no respondieron de inmediato a una solicitud de comentarios.
La próxima ronda de conversaciones entre Estados Unidos y México está programada para este mes, seguida de una tercera en julio. Estados Unidos y Canadá aún no han iniciado negociaciones formales.
Los tres naciones mantienen intercambios por casi US$ 2 billones anuales entre ellos. Los bienes que cumplen con las disposiciones del acuerdo han estado en gran medida exentos de la batería de aranceles impuesta por Trump, lo que ha ayudado a mantener precios más bajos para los consumidores estadounidenses.
Trump no señaló que este considerando retirarse completamente del acuerdo, algo que cualquiera de las partes puede hacer con seis meses de aviso previo.
¿Qué busca EEUU?
El mandatario estadounidense ha insistido en modificar el pacto y repatriar industrias estratégicas, como la fabricación de automóviles, aunque el alcance de sus objetivos aún no está claro. La Oficina del Representante Comercial de EEUU (USTR) ha evitado precisar de manera sistemática si Washington está dispuesto a reabrir el texto del acuerdo, una medida que casi con certeza requeriría una votación en el Congreso.
En cambio, las conversaciones se han concentrado en acuerdos bilaterales complementarios que probablemente girarán en torno a si los países pueden alcanzar entendimientos mediante los cuales Canadá y México otorguen concesiones a cambio de alivio arancelario, particularmente respecto de los denominados aranceles de la Sección 232 aplicados por Trump a los automóviles y al acero.
México ha argumentado que el actual régimen arancelario deja a su sector automotor en desventaja frente a países como Japón y Corea del Sur, que alcanzaron acuerdos comerciales generales con Estados Unidos para reducir sus aranceles a los automóviles al 15%.
Trump ha planteado en privado la posibilidad de abandonar el pacto, aunque hasta ahora no ha amenazado públicamente con hacerlo durante su segundo mandato. Durante las negociaciones de su primer período presidencial, formuló este tipo de advertencias de manera frecuente.
La administración también ha otorgado un trato preferente al acuerdo comercial, eximiendo a la mayoría de los bienes que cumplen con el T-MEC de los aranceles generales impuestos por Trump. Sin embargo, ha debilitado el espíritu del pacto al aplicar gravámenes sectoriales, como los que afectan a los vehículos, una industria clave sobre la cual se diseñó el acuerdo comercial.
Actualmente, las exportaciones de automóviles de México y Canadá hacia Estados Unidos enfrentan un arancel de 25% sobre las partes del vehículo que no son de origen estadounidense. Las exportaciones de autopartes no están sujetas a ese gravamen, aunque Washington ha amenazado con aplicar una medida similar.