Andy Burnham se ha convertido en el séptimo primer ministro británico en la última década tras reunirse con el rey Carlos en el Palacio de Buckingham.
Burnham, exalcande del Gran Manchster, pronunciará próximamente su discurso inaugural como primer ministro frente a Downing Street.
El lunes por la mañana, su predecesor, Sir Keir Starmer, declaró que "su trabajo está hecho" al pronunciar su discurso de dimisión frente al número 10 de Downing Street. Ofreciendo una mirada optimista, planteó estar “seguro de que Gran Bretaña es ahora más fuerte y más justa que hace dos años”.
Le deseó a Burnham "todo el éxito" y advirtió que "ahora nos enfrentamos a un mundo donde nuestros enemigos no se detendrán ante nada para dividirnos por nuestros valores, nuestra libertad, nuestra decencia".
El ritual, ya habitual en la política británica, dio comienzo a la transición de poder a Burnham y su nuevo gabinete.
Burnham prometerá brindar cierta estabilidad después de años de agitación e intentará plasmar un cambio político tras lo que él afirma que han sido "40 años de neoliberalismo".
Tras asumir la presidencia, Burnham comenzará a nombrar a su gabinete y a destituir a los miembros de la administración de Starmer, en lo que se prevé que sea una importante reestructuración de los altos cargos.
Se espera que Shabana Mahmood, ministra del Interior, se convierta en canciller, mientras que Ed Miliband, ministro de Energía, es visto como el probable ministro de Asuntos Exteriores.
Se espera que Angela Rayner, exviceprimera ministra, Lucy Powell, vicepresidenta del Partido Laborista, y Louise Haigh, exsecretaria de Transporte, regresen al gabinete.
¿Qué propone Burnham?
Muchas de las cosas que ha dicho Burnham resultarán familiares para cualquiera que haya escuchado su último gran discurso en Manchester.
Reiteró su promesa de brindar ayuda inmediata para afrontar el costo de vida, y dijo que comenzaría a anunciar esas medidas específicas a partir del martes.
También repitió argumentos sobre que su generación de políticos no era "lo suficientemente buena", la desindustrialización del norte de Inglaterra y la idea de que el público necesita un "freno" después de años de caos.
Burnham también afirmó que quería descentralizar el poder, transfiriéndolo de Londres a las regiones, y utilizar la contratación pública para apoyar a la industria británica.
“A finales de este año presentaré un nuevo plan para Gran Bretaña, un plan a 10 años”, dijo.