1. Inflación en EE. UU: el próximo catalizador para las tasas
La inflación vuelve a situarse en el centro de la atención del mercado. Si bien la Fed sigue preocupada por niveles que permanecen sobre su objetivo del 2.0%, los últimos datos han mostrado señales de moderación. Una nueva sorpresa a la baja reforzaría esta tendencia y podría reducir la presión sobre las tasas del Tesoro, beneficiando especialmente a los bonos de mayor duración. Sin embargo, con una economía todavía resiliente, creemos que las tasas podrían mantenerse elevadas por más tiempo. Por ello, recomendamos aprovechar eventuales caídas de tasas para reducir duración y privilegiar una posición más defensiva.
2. Resultados corporativos: una nueva prueba para Wall Street
La temporada de resultados del tercer trimestre ya comenzó y tomará fuerza la próxima semana, con especial protagonismo del sector financiero. Los grandes bancos entregarán una primera señal sobre la evolución de la actividad, mientras que las tecnológicas concentrarán la atención hacia finales de octubre. Las expectativas siguen siendo exigentes, convirtiendo esta temporada en una nueva prueba para la renta variable tras un año marcado por la volatilidad. En este escenario, mantenemos una visión favorable, pero privilegiando compañías de calidad, con balances sólidos y capacidad de sostener el crecimiento de utilidades.
3. Tasas internacionales presionan a la renta fija local
La renta fija local ha resentido el alza de las tasas internacionales, afectando especialmente a los bonos en pesos de plazos medios y largos, que presentan una mayor sensibilidad a los movimientos externos. En contraste, los tramos cortos han mostrado mayor resiliencia, al estar más condicionados por la trayectoria de la política monetaria local. Hacia adelante, y considerando un balance de riesgos inflacionarios al alza, recomendamos privilegiar bonos en UF de hasta 2 años, buscando capturar tasas atractivas, limitar la exposición a duración y mantener protección frente a eventuales sorpresas de inflación.
4.CLP bajo presión: oportunidades en la volatilidad
El peso chileno ha vuelto a visitar la zona de $970-$990, alcanzando valores no vistos en 18 meses. Si bien los fundamentos apuntan a una moneda local más débil, el diferencial de tasas ha contribuido especialmente a su peor desempeño frente a otras monedas emergentes. Esta presión podría persistir mientras la Fed mantenga un tono restrictivo y continúe la incertidumbre geopolítica. Sin embargo, históricamente sobre los $950 aumenta la volatilidad cambiaria. Por ello, recomendamos definir niveles de salida y aprovechar episodios de apreciación del peso para reducir posiciones cortas en CLP.