Luego de más de tres años de escasez de divisas, que derivaron en restricciones para acceder a dólares por los canales oficiales y en la expansión del mercado paralelo, Bolivia inició esta semana el mayor giro en su política cambiaria desde 2011.
Desde este lunes dejó atrás el esquema de tipo de cambio fijo, que durante 15 años mantuvo la cotización en 6,86 bolivianos para la compra y 6,96 bolivianos para la venta, y comenzó a operar bajo un régimen de flexibilización.
La principal modificación es que el tipo de cambio oficial dejará de fijarse administrativamente y pasará a calcularse diariamente sobre la base de las operaciones realizadas por los bancos. Como resultado, este martes el Banco Central de Bolivia (BCB) publicó un tipo de cambio oficial de 9,76 bolivianos por dólar.
El cambio quedó establecido mediante la Resolución de Directorio N° 88/2026, que aprobó un nuevo Reglamento de Operaciones Cambiarias y reemplazó la normativa vigente desde 2013. Sin embargo, la definición fue adoptada por el Ministerio de Economía y no por el Banco Central, según explica el director del Centro de Estudios para la Economía y la Libertad de Mercer University (EEUU), Antonio Sarabia, quien recuerda que en Bolivia el ente emisor no es independiente y responde al Poder Ejecutivo.
El nuevo régimenEn concreto, el Reglamento de Operaciones Cambiarias establece que “el Tipo de Cambio Oficial (TCO) se determinará diariamente como resultado del promedio ponderado de las operaciones cambiarias de compra realizadas por los Bancos Múltiples, los Bancos PYME y el Banco Público con sus clientes”.Asimismo, dispone que “cada día hábil a horas 20:00 el BCB publicará en su página web el TCO que será vigente al día siguiente”.
Ese valor regirá las operaciones del sector público y del propio Banco Central, además de servir de referencia para el resto de la economía.
La normativa añade que “el TCO será la referencia para las operaciones cambiarias que realicen los agentes económicos y el público en general”.
Según el citado reglamento, la política cambiaria ejecutada por el BCB “está orientada a preservar la estabilidad de la moneda nacional, contribuyendo al control de la inflación, al adecuado funcionamiento del sistema financiero y al equilibrio del sector externo”.
En los fundamentos de la resolución, además, el directorio señala que era necesario “contar con procedimientos actualizados para la determinación del tipo de cambio oficial”, recomendando la aprobación del nuevo reglamento “en el marco del nuevo régimen cambiario determinado por el Órgano Ejecutivo”.
En tanto, según el Gobierno boliviano, el nuevo esquema busca sincerar el mercado cambiario y unificar las distintas cotizaciones que coexistían en la práctica.
El viceministro de Pensiones y Servicios Financieros, José Valencia, sostuvo que el régimen “es un sinceramiento” de una economía que en los últimos años operó con “varios tipos de cambio”.
También afirmó que “no se espera que haya cambios abruptos” en los precios y que el tipo de cambio “se va a mover por las fuerzas de la oferta y la demanda”, calificando la medida como “un paso fundamental en el proceso de estabilización macroeconómica”.
Riesgos persistentes
Sarabia coincide en que la unificación del tipo de cambio elimina las distorsiones que existían entre el mercado oficial y el paralelo, pero advierte que el nuevo régimen no corrige el origen de la crisis. “El problema estructural no ha sido resuelto. El excesivo gasto fiscal y el déficit fiscal siguen presentes”, afirma, señalando que el problema comenzó cuando el gobierno acumuló déficits durante más de una década, financiados mediante emisión del Banco Central, mientras las reservas internacionales se agotaban. A su juicio, “el problema estructural no ha sido resuelto”.
El economista asegura que la sostenibilidad del esquema dependerá de recomponer las reservas internacionales y corregir los desequilibrios fiscales.
En ese contexto, considera fundamental alcanzar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). “A menos que en las próximas semanas se anuncie un acuerdo marco con el Fondo”, advierte, “me temo que este tipo de cambio se irá depreciando permanentemente porque el Banco Central seguirá imprimiendo”.
Según Sarabia, el déficit fiscal “es la madre de todos los vicios”, por lo que cualquier apoyo del FMI necesariamente deberá ir acompañado de un programa de ajuste de las cuentas públicas.
Al mismo tiempo, hay que consignar que el diseño del nuevo régimen mantiene un importante grado de intervención del Banco Central. El propio reglamento establece que el denominado “valor referencial de venta” se obtiene sumando 10 centavos de boliviano al tipo de cambio oficial y dispone expresamente que “las Entidades Financieras no podrán vender dólares por encima del valor referencial de venta”.
Esto significa que el Banco Central continúa definiendo la metodología de cálculo, publica diariamente el tipo de cambio y además fija un techo para las ventas de dólares del sistema financiero.
Por ello, algunos analistas consideran que el nuevo esquema corresponde más bien a una flotación administrada que a un régimen de libre flotación.
Aunque la metodología presenta similitudes con el dólar observado en Chile, al calcular el tipo de cambio a partir de operaciones realizadas en el mercado, ambos esquemas difieren en un aspecto central. Mientras en Chile el dólar observado es únicamente un valor de referencia y las entidades financieras fijan libremente sus cotizaciones, en Bolivia el Banco Central mantiene un rol activo al definir la metodología de cálculo y establecer un límite máximo para la venta de dólares.