Deja el decanato de la FEN, ¿y ahora qué?: José de Gregorio en primera persona
A las 00 horas del martes 7 de julio, el economista José de Gregorio (66) dejará de ser decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, a exactos 8 años de tomar el cargo. Lo sucederá Óscar Landerretche. En su última entrevista como cabeza -¿y corazón?- de la FEN, en dos horas de conversación en su oficina prácticamente desmantelada, repasa su gestión, desclasifica episodios desconocidos de su vida pública y privada, y cuenta qué viene para esta nueva etapa.
Por: María José Gutiérrez
Publicado: Sábado 4 de julio de 2026 a las 21:00 hrs.
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Decano en la FEN: lo hecho y lo pendiente
“Hay una sensación de satisfacción. Primero hay que decir que lo que uno toma es algo que venía en ascenso: los decanos previos, Joseph Ramos, Manuel Agosín, hicieron un tremendo trabajo. Ahora, si me dices rápido qué hicimos en nuestra gestión, en primer lugar, un esfuerzo muy grande por institucionalizar los procesos. Por ejemplo, tenemos un sistema de contrataciones que es muy riguroso, que asegura el contratar lo mejor posible. Con esto, en los últimos cinco años hemos traído a 24 profesores, la inmensa mayoría recién terminando su doctorado en universidades de primer nivel. Muchos extranjeros y también muchas mujeres. Eso ha mejorado mucho nuestras publicaciones, la fuerza intelectual del claustro académico y la percepción ciudadana de la FEN. Segundo, la universidad tiene que generar conocimiento, pero también transmitirlo e influir desde lo que hace. Ahí hemos hecho un esfuerzo, por ejemplo, en tener un observatorio en temas de competitividad, donde vemos todo el tema de la permisología. Tercero, tenemos una conexión y un trabajo con nuestros ex alumnos de primer nivel, con un consejo consultivo empresarial de lujo. La FEN es una escuela de negocios que marca, que importa lo que hace.
Parte de lo que me desvió un poco la labor fue la emergencia. Tuvimos el estallido social a tres cuadras de la facultad y después tuvimos dos años pandémicos. Hubo mínimo paro, creo que solo una vez que fue como paro nacional. Otras universidades y competencia muy prestigiosa tuvieron más suspensión de clases. En el estallido social tomamos la decisión de que como las cosas partían los viernes, minimizar mucho la asistencia ese día y hacer las ayudantías online. Por lo tanto, cuando viene la pandemia, teníamos todo online instalado, y le ayudamos al resto de la universidad a hacerlo. En todo el tiempo nunca variamos nuestro calendario académico.
¿Qué quedó pendiente? Más bien cosas internas de organización. Estamos avanzando mucho en el tema de las carreras, creando minors para que nuestros estudiantes puedan tener formación complementaria. Eso hay que profundizarlo y mejorarlo. El mundo va hacia carreras más flexibles, más cortas, con más educación continua.
(Ahora le entrega la posta a Óscar Landerretche, economista PS, que apoyó en la elección pasada al opositor a De Gregorio, Dante Contreras). Me da exactamente lo mismo lo que haya hecho. Cuando fui decano nombré en el equipo directivo a gente que no había votado por mí. Creo que si hay una cosa que nos debería caracterizar a los académicos es que, independiente de las opciones políticas legítimas que tengamos, la universidad es por esencia no partisana. Cualquier partisanismo es una condena al fracaso y es lo que a veces pasa en otras facultades”.
“Este amigo se nos ha puesto muy de derecha”
“De niño me proyectaba que me iba a dedicar a la política. Era el paso natural: ser abogado y político. Yo como que nací militando en la DC, firmé cuando se abrieron los partidos a finales de los años ‘80. Era por familia. Mi papá había sido dirigente. Toda mi época universitaria participé activamente en política, pero nunca hablaba en las asambleas porque soy un poco más nerd. Y en la asamblea uno tiene que hablar discursos poco racionales, pero encendidos. Y yo soy demasiado racional.
Con mi padre fallecido (2020), cuando escuché a la DC que iba a apoyar la primera propuesta constitucional, yo dije ‘hasta aquí llego’. Estaba en esta oficina. Entré a internet y me desafilié sin contarle a nadie. Y estoy feliz de estar desafiliado.
Un amigo economista muy famoso, una vez estaba en una conferencia y me mira y dice: ‘Este amigo se nos ha puesto muy de derecha y no entiende que todos los economistas somos como de centro, porque sabemos que hay muchas necesidades pero que tenemos límites de recursos. No podemos hacerlo todo. Por eso tenemos que ir eligiendo’.
Con el tiempo yo me he dado cuenta que cuando uno está en el mundo académico y trata de tomarse las cosas en serio, es difícil abanderizarse políticamente, porque uno tiene cosas razonables de aquí y de allá”.
El legado de Ernesto Tironi
“Soy malo para todo menos para las matemáticas. En 8º básico descubrí que la economía tenía esto de que uno podía hacer políticas (policy) económicas, pero al mismo tiempo había mucha ciencia. Y todo esto a raíz de un vecino mío, Ernesto Tironi, que estaba haciendo un doctorado en el MIT. Era genial, mayor que yo y estudiaba con el premio Nobel Paul Samuelson. En mi casa estaba el libro de economía de Paul Samuelson. Ahí dije: ‘Voy a hacer un doctorado en economía en MIT’.
Lo hice un poco más largo. Me fui por ingeniería -en esa época las escuelas de economía estaban muy controladas políticamente y la matemática era muy básica- y después un master en economía.
Nunca pensé ser empresario. Así como tampoco pensé ser académico. Sólo sabía que quería ser economista”.
“Estuve preso dos veces”
“En la universidad íbamos a reuniones clandestinas, participábamos en seminarios. Estaban Ignacio Walker, Jorge Burgos, Felipe Sandoval, Germán Quintana, Yerko Ljubetich…
Me fui preso dos veces. Una, en una marcha del 1 de mayo. Y la otra fue cuando mi papá estaba preso por unos panfletos llamando a una protesta nacional. Él estuvo incomunicado como cinco días, entonces nosotros íbamos a marchar por su liberación y en una de esas veces me tomaron preso. Hay una portada de un diario italiano donde aparezco marchando. Fue el 13 de junio de 1983, yo tenía 23 años, estaba en Cieplan haciendo mi tesis de magister, preparándome para irme al doctorado, entonces a alguien con contacto internacional le llegó esta foto”.
Aylwin y Wall Street, las oportunidades perdidas
“Los ocho años en EEUU (cuatro de doctorado en MIT y cuatro en el FMI) fue mi época más productiva intelectualmente. Tuve la oportunidad de estar en un grupo de primer nivel y hacer investigación de primer nivel.
Terminé yéndome a Washington porque familiarmente mi señora tenía una hermana que estaba viviendo ahí. En mayo del 90 yo había terminado mi doctorado y me llamaron para ofrecerme un cargo en el gobierno (de Patricio Aylwin). Sacrifiqué el volver a Chile al retorno a la democracia, probablemente uno de los períodos más épicos de la historia del país, porque iba a cortar el camino que yo traía como académico. Y me fui al FMI con compromiso de trabajar en investigación. ¿Si me arrepiento? Para nada. Porque llegué a Chile después y me logré enchufar igual.
La cantidad de cosas que no me han resultado en la vida o que he tenido que rechazar son miles. Una vez casi me voy a Wall Street como economista jefe para Latinoamérica de un banco. Estuve a punto, pero se enredó el tema del equipo a raíz de la crisis asiática. Entonces dije: ‘Mejor me quedo’. Y después terminé siendo consultor, ministro…
Yo siempre le digo a los estudiantes: lo más importante es que cuando hay cambio de planes o cuando tal vez no era lo que uno quería, abordarlo con entusiasmo y decir ‘aquí voy y aquí es donde yo voy a dar lo mejor posible’”.
Estar en el lugar correcto: la crisis subprime
“Así como hay cosas accidentales que van ocurriendo, hay oportunidades en las que uno está en un buen lugar. Me tocó ser presidente del Banco Central para la crisis subprime, la peor crisis que se había vivido desde la Gran Depresión y me tocó demostrar que, a diferencia de lo que pasaba antes, los bancos centrales eran capaces, en conjunto con los ministerios de Hacienda, de echarse al país al hombro y salvarlo. Esto no sólo nos pasó en Chile, sino en todo el mundo.
Me acuerdo de que el 17 y 18 de septiembre de 2008 cuando quebró Lehman Brothers estábamos los del equipo directivo del Banco Central en distintos lugares. Era fin de semana largo y tuvimos un conference call, cada uno desde su lugar: la playa, el campo, la nieve. Y yo me reía cuando escuchaba a Bernanke decir esos días: ‘Nosotros pasamos cuatro días en la Fed durmiendo en sofás’ y lo comparaba con la situación de nosotros. Nunca tuvimos que encerrarnos, para nada. Pero teníamos todos los días reuniones a las 6 de la tarde con el ministro de Hacienda, los asesores, llegaba gente de los bancos.
Tal vez lo más desafiante de mi carrera fue esa época, porque tuvimos que confiar que lo que pensábamos que sabíamos, funcionaba; que el tipo de cambio se fuera de $ 430 a $650 en pocas semanas no iba a provocar la debacle. Uno tenía que tener la convicción de eso sin haber tenido la experiencia.
A mi juicio, esta experiencia en la comunidad de política económica del mundo fue una gran herencia para cuando vino COVID y se hicieron las cosas correctas”.
El consejo de Lagos
“Ricardo Lagos es un jefe que admiré y aprendí mucho. Llegué también un poco por casualidad. Lo conocía muy poco, había estado sólo dos veces con él, no era de su círculo como Nicolás Eyzaguirre o Álvaro García. Cuando Lagos tiene que anunciar para ganarle a Lavín que él tiene un proyecto en serio, anuncia que yo voy a entrar a su gabinete. No sé si eso gana un voto, pero yo era un poco niño símbolo de esto más de centro.
En esa época ser ministro (de Economía, Minería y Energía) sí era agotador, pero todos en general eran muy respetuosos, se te abren todas las puertas.
Me tocaron momentos difíciles, siendo pajarito nuevo, como el caso indemnizaciones. En muchas empresas públicas, había muy buenas indemnizaciones a la gente si la echaban, pero hubo varias empresas que cambiaron sus políticas entre la primera y la segunda vuelta, pensando que podía salir Lavin y los echarían, entonces mejoraron las indemnizaciones. Fue un escándalo muy grande. Y yo como ministro de Economía era el encargado de las empresas públicas: era presidente de todas las empresas mineras, de Codelco, Enap, entonces había mucho ruido. Una noche después de un cóctel vamos con Jorge Burgos a la oficina de Lagos que me llama para explicarle qué estaba pasando. Y yo empiezo ‘mire, aquí hay gente que lo cambió en ese período, otros que venían de antes, por lo tanto, lo que uno debería hacer es en este grupo ser más estricto de acá, menos…’ Lo único que me acuerdo es que después de darle una explicación muy de profesor a Lagos, él me mira y me dice ‘¿cómo le explico al país?’. Esa frase hasta el día de hoy la tengo pegada, cuando hablo a mis alumnos. Cuando hablo de economía siempre pienso, si no se me entiende, es que no sé explicar, no sé transmitir y no tengo claro lo que quiero hacer”.
Puertas adentro: libros sí, cocina no
“Todavía me vengo a la FEN en bicicleta casi siempre. Es rápido y seguro en tiempo. Soy pésimo para los deportes, pero tengo buena carrocería. He corrido 12 maratones completas y una que no terminé. Desde 2018 que no corría una maratón, pero me entusiasmó esto de correr las six majors. En abril corrí la de Londres y quiero ir a Tokio, la única que me falta.
Soy un desastre para la cocina porque soy maniático. Y para ser cocinero hay que saber ensuciar y estar dispuesto. Yo, cuando estoy preparando mis huevos y se me cae una gota de aceite fuera, la limpio antes de seguir. Soy mucho mejor para encargar comida. Me puedes dejar un mes solo y reviento el delivery a punta de ensaladas y sándwich tipo deli, o ñoquis. No tan variado tampoco, no soy un gourmet, entonces yo puedo estar comiendo una semana alcachofas o choclos y soy tremendamente feliz. Así de simple.
Una recomendación de lectura: el libro Trust, de Hernán Díaz. En castellano se llama Fortuna. Es una novela que aborda la historia de la Gran Depresión, Wall Street”.
¿Sabático?
“¿Qué viene ahora? Volver a lo que ha sido parte importante de mi vida: dedicarme a la economía, a la investigación, hacer clases, viajar por el mundo haciendo conferencias. Creo que en la definición de la vida de uno está mantenerse al día, conocer, transmitir lo que uno sabe.
Voy a hacer tres cursos al año en la FEN, que es la obligación de cualquier profesor. Tengo hartos proyectos de investigación a medias. A mí la IA me ha hecho revivir mi hambre de investigador, en el sentido de que hoy tengo al mejor asistente que uno se pueda imaginar. Limpiar una base de datos que me tomaba cuatro horas, con IA demora 10 minutos. Entonces tengo mucho más tiempo para pensar.
En el mundo privado, soy presidente de Volcom, director de la Sudamericana, de Euroamérica, doy bastantes charlas e informes económicos, eso es muy entretenido.
Me encantaría organizarme un sabático en serio, por varias partes: Asia, Europa, Estados Unidos, pero no es fácil. El próximo año voy a hacer clases de todas maneras. La pregunta es si me tomo un semestre, cómo lo hago. Tengo que ver cómo voy organizando mi día, pero tengo lo mejor de esta vida, cosas interesantes con compromisos. Estoy muy entusiasmado, hay un montón de proyectos, estoy contento con lo que hago”.
“Una rebaja de impuestos ayuda, pero no es la bala de plata”
- Esta semana se conocieron varias cifras económicas malas, para un Gobierno que se suponía iba a mejorar la economía. Un Imacec negativo por quinto mes consecutivo y un desempleo de 9,4%. ¿Cuál es su lectura al respecto?
- Quiero separar lo que es el discurso político de lo que es la realidad económica, en el sentido de que en la competencia electoral donde uno dice que puede hacerlo mejor, de repente puede terminar sobredimensionando lo que puede hacer. Pensar que uno puede simplemente con buena voluntad y entusiasmo hacer que esta economía crezca más cuando realmente es un tema súper complejo de por qué crecemos poco o insuficiente, no es trivial. Entonces, yo creo que es súper importante la confianza que da la autoridad económica como condición básica para tener un buen ambiente para el crecimiento y para el progreso. Pero no basta.
-¿Qué es lo que falta?
-Tenemos un problema muy profundo en productividad. Y no, no es fácil. Creo que hay cosas, no todo, en la propuesta del gobierno -el Plan de de Reconstrucción que le llaman, que no me gusta el nombre porque Chile no está destruido-, pero no basta. Yo creo hay temas de gestión pública muy importantes -en la evaluación ambiental, el SAG-, que yo creo que el Gobierno puede contribuir, pero también te das cuenta que no basta. Y tenemos una situacion de desempleo complicada que todavía es importante caracterizar un poquito más. Ahora, ¿qué hacer? Yo creo que una rebaja de impuestos ayuda, pero no es la bala de plata. Y, de hecho, la lentitud del crecimiento obviamente algo tiene que ver con el alza de impuestos del segundo gobierno de la Presidenta Bachelet, pero venía de antes. El tema de la permisología es serio, es grave, es complejo. Por lo tanto, uno tiene que empezar a pensar más en cosas institucionales. Creo que hay muchas cosas que se pueden hacer y que se puede avanzar. Pero no es rápido.
- ¿Qué se debiera esperar para este año?
- Este año ya está bastante jugado. Este es un año flojo: crecimiento menor de un 2%, podría haber una recesión técnica, pero vamos a estar en niveles muy planos. El otro año yo creo que va a ser mejor. Y por razones cíclicas, porque ahora estamos creciendo muy poco, porque probablemente el Banco Central vaya a reducir la tasa en el futuro cercano, ese tipo de cosas probablemente nos deberían ayudar.
- Sergio Urzúa dijo que algo se rompió en la economía, y que ya no bastan las expectactivas. ¿Le hace sentido?
- Yo esperaría que haya alguna hipótesis con un poquito más de sustento económico: qué se quebró, en que país del mundo lo hemos visto. Obviamente, Chile es un país que tuvo un tremendo dinamismo a finales de los ‘80, principios de los ‘90. Y eso tiene una explicación: Chile era un país con tremendo potencial, que estaba subutilizado por todos los problemas políticos. ¿Y qué es lo que hace el gobierno de Aylwin? Da un horizonte y dice “aquí vamos a seguir siendo una economía integrada al mundo, una economía responsable, descentralizada, de mercado”. Y eso abrió un horizonte muy largo y toda la capacidad subutilizada que teníamos se utilizó. Pero después tocamos techo. Entonces la pregunta es por qué el techo crece tan poco. Y hay mucho de productividad. ¿Es el techo, porque somos malos tecnológicamente? ¿O es porque no asignamos bien los recursos? O sea, no tenemos la mejor tecnología, por lo tanto, producimos penca. La otra opción es que tenemos empresas ineficientes y la gente no se va de las ineficientes a las eficientes. Eso se llama reasignación. Lo que yo he visto en el mercado del trabajo dice que no es obvio que tú te vas a los empleos más eficientes. Y eso tiene que ver con regulación, con protección, pero no es una cosa que va a ocurrir de un día para otro y requerimos grados de flexibilidad.
- ¿Le ha gustado el estilo Quiroz?
- No sé cómo lo definiría yo. No es mi estilo. Yo creo que ha ido cambiando. El Gobierno en materia económica al inicio fue exagerando temas que no correspondían, como que todo es culpa del Gobierno anterior. De alguna u otra manera sembró también el tema de una acusación constitucional absolutamente injustificada. Yo creo que eso se ha ido corrigiendo, y creo que es lo importante, porque al final uno tiene que mirar para adelante y ver cómo llegamos a acuerdos.
- Eso es el estilo, ¿y su plan? Más allá de la ley miscelánea, de disminuir los gastos, se habla tambien de una futura reforma al mercado de capitales.
- Yo creo que hay que avanzar en muchos de esos frentes, con realismo, sin generar excesiva expectativa. Mi gran preocupación, pero esto tiene que ver con la reforma, es su sostenibilidad fiscal. Porque lo peor de una rebaja tributaria es que dure poco porque no dan los números. Ahora no toquemos el tema tributario, resolvamos otros temas. Una rebaja de impuestos me parecería muy buena, pero que estemos todos de acuerdo para que perdure.
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