En los últimos años, parte del mapa político de América Latina cambió. En 2023, Javier Milei llegó al poder en Argentina con una agenda de liberalización económica que luego se tradujo en medidas como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), para atraer grandes proyectos al país.
Ahora, este 2026 se sumaron el triunfo de José Antonio Kast en Chile; la reciente victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia; y la ventaja que mantiene hasta ahora Keiko Fujimori en Perú; que consolidan un nuevo escenario político para la región.
El socio líder de CCL Auditores Consultores y fundador del Centro de Estudios Tributarios de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, Javier Jaque, afirma que “efectivamente hay un giro a la derecha”, aunque advierte que los inversionistas extranjeros no evalúan solo ese factor. Según plantea, también miran que exista “estabilidad económica y política en la región”, además de “reglas claras”.
“Las empresas tienen que prepararse para ciclos políticos más cortos, porque hoy el voto que prima en América Latina es el voto de castigo”, dice el director del Centro de Estudios Internacionales UC, Jorge Sahd.
Atraer invesión extranjera
Según explica Jaque, estos gobiernos buscarán impulsar políticas de “impuestos más controlados” con el objetivo de captar mayor inversión extranjera. Por eso, ve como una posibilidad real que se genere una competencia entre países de la región para ofrecer mejores condiciones al capital privado.
En esa línea, Jaque estima que instrumentos como el RIGI argentino podrían comenzar a replicarse en otros mercados latinoamericanos. “Perú probablemente va a hacer lo mismo, sobre todo con los proyectos mineros, porque es muy rico en minería”, postula, y agrega que Colombia podría intentar avanzar en una dirección similar.
Con todo, el experto advirtió que las empresas esperarán señales concretas antes de acelerar sus decisiones de inversión. Para Jaque, en la medida en que los países consoliden este tipo de políticas, América Latina podría volverse más atractiva frente a otros destinos.
“Las grandes compañías internacionales que probablemente invertían en Asia, invertían en otros países, van a mirar con mejores ojos la economía de América Latina”, sostuvo.
Un proceso lento
Por su parte, Ángel Soto, académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes, recordó que la región ya vivió un ciclo similar hace algunos años, con gobiernos encabezados por Mauricio Macri en Argentina; Jair Bolsonaro en Brasil; Pedro Pablo Kuczynski en Perú; y Sebastián Piñera en Chile. “Elegir gobiernos de derecha no garantiza automáticamente la inversión”, asegura.
Como ejemplo, el académico menciona la experiencia reciente de Perú: “Hay que mirar cómo Péru cambia de presidente, pero está funcionando”.
Según Soto, “el mejor clima para los negocios surge cuando existe una confianza transversal en las instituciones” y, en ese sentido, considera que el desafío que queda para América Latina es “un ciclo prolongado de fortaleza institucional” para que así mejore dicho clima para las compañías.
Jorge Sahd, director del Centro de Estudios Internacionales UC, aporta con una mirada vinculada al panorama electoral que ha vivido la región en los últimos años. “Las empresas tienen que prepararse para ciclos políticos más cortos, porque hoy el voto que prima en América Latina es el voto de castigo”, anticipa.
En ese contexto, ejemplifica con el dato de que “de las últimas 15 elecciones, 13 las han ganado fuerzas de derecha”.
Sahd advierte que, pese a que estos gobiernos suelen levantar agendas más atractivas para el sector privado, las compañías no deberían asumir que el cambio político asegura condiciones permanentes. “Hoy día no hay un cheque en blanco ni para las derechas ni para las izquierdas en la región”, sostiene.
Respecto de la inversión extranjera, el académico plantea que el interés inicial debe ser validado con señales más estructurales. “La inversión extranjera mira a largo plazo. Por lo tanto, hay un impulso favorable cuando asume un gobierno de derecha con una agenda pro crecimiento y pro inversión, pero esa inversión extranjera quiere además ver cuán sostenible es en el tiempo con esas aparentes mejores condiciones” sostiene.
Según Sahd, los inversionistas observan si existe estabilidad política -más allá de los cambios de gobierno-, certeza jurídica, cumplimiento de las reglas e instituciones sólidas, como los bancos centrales.
Con ese contexto, el académico apunta a una oportunidad regional vinculada a los sectores estratégicos. “América Latina tiene una oportunidad de oro porque todos los recursos estratégicos que hoy están en disputa global están presentes en nuestra región”, señala.
En ese sentido, sostiene que “esa riqueza de recursos tiene que venir acompañada también de riqueza en las políticas públicas”.