El sector forestal chileno atraviesa un momento dual. Así lo califica el presidente de la Corporación Chilena de la Madera (Corma), Rodrigo O’Ryan, quien, más allá del desafiante contexto del mercado internacional, insiste una y otra vez en la relevancia de la industria en el país como sector renovable: absorbe el 50% de las emisiones anuales de CO2 del país, genera energía a través de la biomasa, emplea a 250 mil trabajadores y aporta soluciones desde la naturaleza.
Sin embargo, esa mirada de “bioeconomía”, tal como la impulsan desde otras latitudes forestales como Finlandia y Canadá, dice que se ve truncada y amenazada en Chile “porque históricamente el sector ha sido teñido por miradas políticas y mitos”.
Que las forestales crecieron a costa del bosque nativo, que las especies introducidas secan los pozos y ríos, que las plantaciones son desiertos biológicos que arruinan los suelos o incluso que son las responsables de los incendios. Todo eso rebate pedagógicamente O’Ryan.
“Se asocia al sector forestal con la depredación ambiental, pero esta industria nació y depende absolutamente del cuidado ambiental, y tenemos que hacer un mea culpa de que no hemos explicado apropiadamente lo que hacemos”.
En eso están parte de los esfuerzos hoy, mientras el gremio se reúne con las nuevas autoridades y aboga por una política de Estado para “cuidar y potenciar” el sector -que representa el 1,5% del PIB y exporta US$ 6 mil millones al año- a largo plazo.
“Estigma injusto”
Tras un recorrido por las instalaciones de Arauco y CMPC en la Región del Biobío, O’Ryan cuenta a DF que para la llegada de Pedro de Valdivia a Chile (1541), el país contaba con unas 34 millones de hectáreas de bosque nativo. Hacia fines de 1800, la cifra se redujo a 17 millones debido, principalmente, a la agricultura de la época. “Se taló indiscrimandamente, dejando un daño ambiental. Los primeros pinos y eucaliptus no se plantaron para ser celulosa, sino que para solucionar una crisis de erosión de los suelos”.
- ¿En qué sentido?
- En esas hectáreas donde hoy hay plantaciones forestales, antes había erosión, arena. Nada crecía. Sin estos árboles no habría nada.
- ¿El sector forestal nunca ha crecido a costa del bosque nativo?
- De las 2,5 millones de hectáreas con plantaciones forestales, hay 300 mil en deuda al bosque nativo. Es menos del 10% y se están devolviendo a través de programas. Hoy, la superficie de bosque nativo en Chile alcanza 14,7 millones de héctareas, un 85% de los bosques del país.
- ¿Dice que el sector tiene un estigma injusto?
- Totalmente injusto. Pero ojo, no quiere decir que siempre se haya hecho todo bien y que no se pueda seguir mejorando, pero guardemos un poco las proporciones. Este es un sector pro medioambiente; no por nada CMPC ha salido por años la empresa más sustentable del mundo. Entonces, que nos vengan a decir que hacemos pedazos el medioambiente, cuando incluso recuperamos la tierra, nos duele y nos frustra. Aquí hay mucho trabajo y esfuerzo por hacer las cosas bien.
- ¿Qué se juega la industria en transmitir bien lo que hacen?
- La supervivencia (...) ya hemos bajado un 20% de la superficie y vamos perdiendo 3.200 empleos por año. Si los políticos no entienden lo que hacemos y nos descuidan, si nos siguen quemando, si no tenemos apoyo para reforestar, si no prestigiamos al sector, si no generamos una demanda ancla para la construcción en madera, todo puede empinarse aún más.
Si a eso sumamos los bajos precios de la celulosa, los aranceles, el alza de los combustibles y la caída mundial de la construcción, es la tormenta perfecta para caer como piedra.
- ¿Arauco y CMPC también?
- Esto es un ecosistema. Si se enferman, afecta a toda la cadena y viceversa. Hablamos del Real Madrid y el Barcelona, pero no juegan solos en la liga: hay 25 mil pequeños y medianos propietarios de bosques que necesitan apoyo.
- ¿Cuáles son las cartas que debería jugar este gobierno en pos del sector?
- Fomento forestal, impulso a la construcción en madera y seguridad. Tras la Ley de Robo de Madera, los atentados cayeron de 102 a 15 al año, pero tiene que ser cero para que se vuelva a confiar en que estas zonas son buenas para invertir. Y a nivel de Estado, falta tomar conciencia y sacar pecho de orgullo del tremendo sector que se generó desde los ‘70 y que hoy es referente mundial.