A contracorriente de las proyecciones con que el mercado arrancó 2026, la moneda local se ha debilitado en lo que va del año.
Esta semana, el dólar superó los $930, niveles que no veían desde marzo. El fenómeno difiere de las principales apuestas que tenían los agentes del mercado meses atrás, cuando se hablaba de una "desdolarización" o del "fin del dólar" y se reflejaba en inversionistas diversificando sus portafolios desde EEUU hacia los países emergentes.
Esa tesis no se cumplió. Al menos no por ahora. En lo que va del año el peso está dentro de las 10 monedas emergentes con peor desempeño, y si analizamos desde mediados de junio, cuando Kevin Warsh debutó como presidente de la Reserva Federal con un tono restrictivo, el peso chileno tiene el segundo peor desempeño entre las monedas emergentes, solo por detrás del rublo ruso.
El contraste con la región es marcado. En el año, el peso colombiano gana 24% y el real brasileño 16%.
"El dólar hoy a nivel global está en una posición bastante más favorecida de la que todo el mundo le auguraba a estas alturas del partido", dice Felipe Jaque, economista jefe de Grupo Bice. El economista agrega que Chile amplifica esos golpes externos. "Somos una economía muy expuesta al ciclo externo y tenemos una moneda bastante volátil comparada con otras emergentes, probablemente de las más volátiles", señala.
Parte de ese castigo diferencial tiene que ver con la exposición energética. "Chile es la economía más expuesta al precio de los combustibles. Entre las grandes economías de la región, Brasil, Argentina y Colombia son exportadores netos de petróleo, mientras que México y Perú, aunque importadores netos, cuentan con producción propia y una menor dependencia energética. Además, el peso chileno es la moneda que históricamente ha mostrado una flotación más libre", explica Javier Salinas, economista jefe de LarrainVial Research.
"Ha sido un año bien desafiante. Un escenario global golpeó al tipo de cambio por el lado externo y, por dentro, una economía más débil de lo previsto terminó de presionarlo", agrega Sergio Lehmann, economista jefe de BCI.
Pese a que en 2026 el peso cede apenas 0,9% frente al dólar, su depreciación se vio acelerada desde que comenzó el conflicto en Medio Oriente. Antes de que se reconocieran los efectos de la guerra, la moneda llegó a cotizar en $853, su piso del año.
Economistas jefes y estrategas de inversión coinciden en que la depreciación responde, sobre todo, a la fortaleza global del dólar y al giro de la Fed, a los que se suma el diferencial de tasas con el resto de los países y una economía local débil. Con ese telón de fondo, ni el cobre sobre US$6 la libra ha sido suficiente para sostener a la moneda.
El fenómeno: una apuesta récord contra el peso
La situación de la divisa local es seguida de cerca por los inversionistas extranjeros. A través del mercado de derivados -contratos a futuro sobre el dólar- los no residentes acumulan una apuesta récord a que la moneda chilena se siga debilitando.
Según datos del Banco Central, esa posición contra el peso escaló hasta cerca de US$20 mil millones a comienzos de julio, el nivel más alto desde fines de 2020. De hecho, desde fines de febrero, cuando rondaba los US$10 mil millones, la apuesta prácticamente se duplicó.
En simple, esas posiciones generan una demanda de dólares que presiona al tipo de cambio y, pese a que la gran discusión entre los expertos es si esa apuesta es causa o síntoma de la debilidad del peso, el fenómeno es una realidad.
"Estadísticamente cuesta explicar el tipo de cambio de manera tajante con las posiciones en derivados; a veces es al revés, es el tipo de cambio el que gobierna a los derivados. No lo tomamos tanto en cuenta", comenta Jaque, de Bice.
En cambio, Ariel Nachari, estratega jefe de inversión de Sura Investments, le da un rol complementario. "El posicionamiento en derivados de los operadores extranjeros se sigue inclinando en contra del peso chileno, lo que complementa la depreciación que se explica por factores fundamentales como el dólar index y los diferenciales de tasas", señala.
El dólar global y la Fed de Warsh
Pero más allá de las posiciones que tiene cada actor, los expertos coinciden en que el factor dominante de la presión sobre el peso es el giro de expectativas sobre la Fed. En el transcurso del año se pasó de anticipar recortes a proyectar alzas de tasa, lo que fortaleció al dólar en todo el mundo.
"Pasamos de esperar uno o dos recortes en Estados Unidos a una situación donde la inflación subyacente lleva a la Fed a inclinarse hacia eventuales alzas, y eso arrastró al dólar global. Mientras el dólar muestre esta fortaleza, es difícil que el tipo de cambio vuelva bajo los $900", explica Jaque.
A eso se suma que el billete verde no ha tenido reemplazo. "Se habló mucho de la desdolarización de los portafolios, pero cuesta encontrar candidatos que reemplacen al dólar de manera significativa, ya sea en las reservas internacionales o en los flujos que mueven a los fondos de inversión", agrega. Estados Unidos, dice, "con shock o sin shock de petróleo, sigue siendo de las economías desarrolladas que más crecen".
Para Nachari, el detonante fue externo. "Esa visión no contemplaba el inicio de un conflicto en Medio Oriente ni sus efectos en la inflación y en las tasas. En enero el mercado anticipaba un recorte en Estados Unidos. Hoy el escenario es el de un potencial alza hacia fin de año", señala.
Pero además de la mayor inflación provocada por la escalada del precio del petróleo en medio de la guerra entre Washington e Irán, se suma otro factor: el tono del nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, quien debutó a mediados de junio.
"Desde Warsh se esperaba una postura más moderada, y en la última reunión sorprendió con mayor preocupación por la inflación. Eso llevó a una apreciación adicional del dólar. Con el IPC de Estados Unidos más bajo de lo previsto, el mercado empezó a leer que la Fed podría no mover su tasa este año", dice Lehmann.
Tasas y carry trade: un país de fondeo
El segundo factor, y relacionado con el anterior, es el diferencial de tasas. La Tasa de Política Monetaria al 4,5% en Chile hace que el peso rinda poco más que el dólar y, sobre todo, mucho menos que sus pares regionales, lo que lo vuelve una moneda barata para financiar apuestas en otros mercados, es decir, el denominado carry trade.
"Somos una moneda de fondeo, porque tenemos una tasa más baja que otros mercados como Brasil o Colombia. Eso alimenta el carry contra el peso", dice Jaque. Lehmann coincide en que el diferencial manda. "En la medida en que las tasas americanas suben, ese diferencial se estrecha y eso presiona al tipo de cambio", afirma.
En el tramo a dos años, el diferencial de tasas swap entre Chile y EEUU cayó desde cerca de un punto porcentual a fines de 2025 hasta apenas 0,35 pp, porque la Fed endureció su postura mientras el Banco Central mantuvo o bajó.
Economía local y un cobre con menos protagonismo
Del lado interno, el cuadro tampoco ayuda. La economía encadena meses de contracción -el Imacec de mayo cayó 0,9% interanual- y el desempleo llegó a 9,4%, máximo en cinco años, lo que alimenta el debate sobre una posible recesión técnica.
El IPC de junio, en tanto, sorprendió al alza y llevó la inflación anual a 4,3%, mientras el FMI recortó la proyección de crecimiento 2026 a 1,8%.
"Vimos una economía con un comienzo débil, un consumo debilitado y un desempleo especialmente alto, lo que llevó las tasas en Chile a la baja y también presionó al alza el tipo de cambio", dice Lehmann.
En la misma línea, el tradicional soporte de la moneda ha caído a segundo plano. Pese a que el cobre se mantiene sobre US$6 la libra, Lehmann explica que su influencia sobre el peso se ha reducido. "Hasta hace tres o cuatro años la incidencia del cobre era mayor, cerca de un 50%. Hoy está más cerca del 30%. El cobre sigue sólido, pero otros factores han predominado en la primera mitad del año".
Respecto al programa de acumulación de reservas del Banco Central, que arrancó en agosto de 2025 y contempla compras de hasta US$25 millones diarios, con la meta de reconstruir reservas propias para enfrentar potenciales shocks, los economistas lo consideran de segundo orden.
"Ese programa ya quedó incorporado; las compras diarias se recogieron hace rato. Si se detuviera, llevaría el tipo de cambio algo más abajo, pero el efecto sería acotado, un 2 o 3%", explicó el economista jefe de BCI.
Lo que viene: riesgos y drivers
Pese al tono bajista del posicionamiento, los economistas e inversionistas se mantienen positivos y ven el peso más fuerte que el nivel actual hacia fin de año, en un rango que converge entre $870 y $900.
"Vemos el tipo de cambio a fin de año en torno a $880. La economía repuntaría en el segundo semestre y, de aprobarse la megarreforma, eso fortalecería la confianza y el peso. Además, es probable que la Fed no termine subiendo su tasa", dice Lehmann. Nachari maneja un rango similar. "Vemos entre $870 y $900, con una desescalada progresiva del conflicto en Medio Oriente como escenario central. Las señales a vigilar son la extensión del conflicto, su impacto en el petróleo y la inflación, y cómo reacciona la Fed", señala.
Salinas comparte la mirada de mediano plazo. "En la medida en que la guerra vaya quedando atrás, podemos observar una mejora en los términos de intercambio que, sumada a una mejor confianza empresarial por la aprobación de la agenda de reconstrucción nacional, las reformas al mercado de capitales y laboral, y la simplificación de la permisología, le da al peso espacio para apreciarse en el mediano plazo", señala.
El principal contrapeso es que buena parte de esa apreciación depende de un dólar global que hoy luce más fuerte de lo previsto.