"Tengo la absoluta certeza de que a nadie le importa lo que yo sé. Todo lo que yo quise transmitir nunca fue importante a ningún nivel”, fue una de las muchas frases que dejó la extensa y autoflagelante conferencia de Marcelo Bielsa tras la eliminación de Uruguay en la fase de grupos. En un día gélido y gris que lo pilla con el ánimo bajo, el economista David Bravo podría decir algo muy parecido a lo señalado por el controversial entrenador argentino. Después de todo, Bravo viene predicando en el desierto desde hace muchos años sobre la emergencia laboral que vive Chile, sin mayores repercusiones. Incluso, si uno se pone un poco suspicaz, varios de sus colegas consideraban alarmistas sus persistentes admoniciones al respecto. Otra vez, David.
Pero, lamentablemente, el bueno de David tenía razón. Toda la razón. Tampoco se requería ser un genio de la economía del trabajo. Una economía con un crecimiento exangüe por más de una década y, como eso no era suficiente, se incrementaron los costos laborales en forma muy importante en los últimos años. Vale la pena recordar: la disminución de las horas trabajadas y un alza importantísima del salario mínimo, sin ninguna correlación con aumentos de la productividad. Se suma a ello la reforma previsional “con cargo al empleador”, como les gusta decir a los políticos para facilitar la deglución por parte de la ciudadanía.
Un cóctel que tiene hoy al mercado laboral con altas tasas de desempleo y con una muy mala tendencia al respecto. Y todo esto autoinfligido, sin que aún la inteligencia artificial comience realmente a desplegar los efectos que se esperan sobre la empleabilidad. En momentos en que el mundo se prepara para recibir un fuerte embate por la sustitución de muchas tareas que hoy realizan millones de empleados, nosotros hemos estado dedicados a autosabotearnos haciendo que nuestro mercado laboral sea aún más rígido y vulnerable ante los cambios tecnológicos que vienen.
Todas las medidas que tienen a una parte relevante de la población sufriendo con el drama del desempleo fueron altamente populares entre los chilenos. Y, muy probablemente, lo sigan siendo a pesar de la evidencia disponible. De hecho, la candidata comunista Jeannette Jara corrió la carrera presidencial sobre la base de estos supuestos éxitos de su gestión. Por eso es tan jodido hacer buenas políticas públicas en el mercado del trabajo: no son para nada fáciles de explicar. A su vez, la demagogia funciona muy bien, saca votos y, para más belleza, los efectos pegan con rezago, por lo que es fácil esconderse de ser el causante del desastre.
Tras rechazarse la acusación constitucional, el exministro de Hacienda y Economía Nicolás Grau recuperó la voz y con ello la osadía. Sin ponerse ni rosado, señaló que la gestión del Gobierno anterior nada tenía que ver con las cifras de desempleo que muestra hoy la economía chilena. En ese sentido, si bien Bielsa puede caer mal, al menos es indiscutible su honestidad intelectual: “al fútbol uruguayo no le dejo nada. Cualquier tipo de aporte que pueda hacer un entrenador al fútbol de un país en el que trabajó tres años no se instala si no se consiguen resultados”. El paralelo es tan elocuente como desolador.