En septiembre de este año se estrenará en los cines una nueva versión de Sensatez y Sentimientos, basada, por supuesto, en el primer libro publicado por Jane Austen. Cada vez que un libro de Austen se adapta al cine se asegura que habrá muchos ojos críticos ya que la fanaticada de la escritora inglesa crece y crece en el tiempo. Han pasado más de doscientos años desde la publicación de sus obras y el genio de Austen cada vez se hace más patente. En este caso, llevar las penurias amorosas de las hermanas Elinor (“sensatez”) y Marianne (“sentimientos”) Dashwood a la pantalla grande es un desafío aún mayor pues la película de Ang Lee con guion de Emma Thompson de 1995 es una gran película, llena de premios y aclamada por la audiencia. El listón está muy alto en todo sentido.
En el ámbito local, en cambio, el listón está en el suelo. La derecha, que tiene nada menos que por delante la ciclópea tarea de gobernar en tiempos turbulentos, está enfrascada en una absurda e inconducente batalla por interpretar a su votante, como si siguiéramos en una campaña eterna y sin fin. Esto ha desdibujado al gobierno y al Presidente quienes han tenido que destinar valioso tiempo y capital político a aplacar reyertas intestinas sin sentido alguno, mientras los temas que le importan a la ciudadanía -y por los cuales fueron elegidos- pasan a un segundo plano con consecuencias inmediatas en el respaldo popular.
No es que la sensatez esté totalmente ausente, ahí estuvieron los senadores comportándose a la altura desechando la torpeza estratégica que significó la acusación constitucional a Grau generando con ello un espacio al gobierno para tender puentes con la oposición. Pero los sentimientos priman y rápidamente apareció la emocionalidad y con ello los epítetos denostativos. Derechitas cobardes y cabezas calientes a la orden del día. Nada se puede construir desde ahí.
Las cosas en la vereda del frente no están mucho mejor. Frente a la reforma, o megarreforma, planteada por el gobierno a la oposición no se le cae una idea. Hay múltiples temas sobre la mesa y no han planteado una alternativa que uno pueda identificar. Un conjunto de eslóganes de cuarta sumado una tardía y poco creíble preocupación por el equilibrio fiscal dibuja un panorama muy poco halagüeño para la izquierda.
Hace pocos días hubo un primer esbozo de sensatez con la negociación de los senadores del PPD para morigerar la invariabilidad tributaria planteada en el proyecto. Después de todo, si el oficialismo tiene los votos para aprobar la iniciativa como está pareciera lógico tratar de aportar mejoras desde una visión crítica. Pero bueno, al parecer no se entendió así entre sus compañeros de ruta. Al menos los calificativos de “traidores” y “vendidos” no son muestra de gran entusiasmo frente a la movida de los parlamentarios.
Algo parecido pasa en el Partido Socialista donde “Elinor” Vodanovic se ha visto enfrentada a “Marianne” Cicardini en una pelea donde los arañazos y la mala leche se suceden día tras día. Los argumentos racionales parecen no importarle a nadie; todo es impactar en redes sociales con la frase más emotiva y rimbombante posible.
Son malos momentos de la política chilena en general, donde los únicos ganadores parecen ser el orgullo y el prejuicio.