Apperta10, el proyecto personal de Nano Demaria que invita a volar
Se pensó, se hizo. Esa expresión describe bien la manera de ejecutar ideas de Fernando, conocido en redes sociales como Nano Demaria. Su nueva iniciativa propone una forma de acercar el mundo a personas que no se pueden mover, a través de un dron con gafas inmersivas.
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Publicado: Sábado 1 de agosto de 2026 a las 11:00 hrs.
Su historia se conoce: Nano Demaria tenía 19 años y competía en el Mundial de Enduro en Talca cuando sufrió el accidente que lo dejó con tetraplejia C5. Fue en marzo de 2012 y desde entonces anda en una silla de ruedas eléctrica. Después de 13 operaciones ha logrado lo impensable. O lo imposible, como le dijeron en más de alguna oportunidad los médicos. En una publicación reciente en Instagram -donde tiene 1,3 millones de seguidores- destaca algunos de sus hitos: titularse de ingeniero comercial, lograr conducir un auto adaptado, esquiar en agua y vivir solo con su polola.
Su faceta de influencer, además de generarle ingresos promocionando marcas (sólo aquellas que le hacen sentido, dice), lo ha transformado en charlista motivacional. La próxima semana, cuenta, se cumple una nueva meta para él. Viajará a Ecuador a dar cuatro charlas. Se trata de su primera salida internacional y lo tiene muy emocionado. Nano también trabaja junto a su padre en Demaria, productora que organiza y comercializa grandes eventos deportivos.
Pero además acaba de lanzar Apperta10, un proyecto personal. Se trata de brindar a personas con movilidad reducida o largas estadías hospitalarias la posibilidad de volar. ¿Cómo lo logra? Con un dron y gafas inmersivas.
“A mí siempre me ha encantado volar, sobre todo en helicóptero. He tenido varios drones”, cuenta Nano sentado en su departamento. Cuando salió al mercado el dron FPV que se conecta a unas gafas dando una experiencia inmersiva, lo compró. Luego tuvo que adaptarlo ya que por la inmovilidad de sus dedos no le funcionaba manejar el joystick original. Un amigo lo ayudó y aunque se demoraron un tiempo, lo lograron.
Una experiencia real Hace unos tres meses, cuenta, durante una estadía en el campo de sus padres en Puyehue y mientras volaba entusiasmado el dron que se había convertido en su nuevo hobby, algo le hizo click: “Ahí empezó el bichito. Me di cuenta de que con suerte conocía la mitad del terreno porque el resto era inaccesible para mi silla de ruedas. Y con el dron literalmente te puedes meter por espacios de 20 centímetros. Entonces les comenté a mis viejos a ver qué les parecía la idea de usar esta tecnología con pacientes hospitalizados”.
A través de sus redes sociales Demaria siempre recibe mensajes de personas que han sufrido algún accidente con resultado de tetraplejia o alguna condición de salud que de alguna manera se identifican con él. “Yo trato de ayudar a la mayor cantidad de personas que puedo. Tengo el know how, ya lo viví. A algunos los voy a ver a la clínica, los acompaño, me junto con sus familias. Obviamente no puedo ayudar a todos, pero trato de hacerlo”, cuenta. Así llegó a algunos casos a quienes les ofreció la oportunidad de volar el dron. Otros los consiguió a través de Francisco Vergara, el kinesiólogo que lo ha acompañado durante su propio proceso de recuperación.
En algunos reels de Instagram se ve la reacción de Benjamín Contreras, un joven que sufrió un accidente de motocross hace cinco años. Se emociona cuando junto a Nano consigue elevar la vista y sobrevolar por los alrededores. También Pablo Araos, completamente inmovilizado desde el año pasado debido a una lesión medular C3 que lo hace depender de un marcapasos diafragmático. “Estoy fascinado. ¡Qué bonita la cordillera!”, comenta Pablo mientras sus ojos viajan.
“La persona puede seguir en tiempo real lo que ve el dron. No es simulación, no es realidad virtual. Es una experiencia real”, dice uno de los videos donde Nano presenta Apperta10. Las gafas tienen un sensor que sigue la mirada, lo que otorga cierta autonomía a quien las usa.
A escalar y volar La idea también tiene un modelo de negocio, plantea el ingeniero comercial, que consiste en venderle un paquete de estas experiencias a un recinto hospitalario. Funcionó mucho antes de lo que Demaria imaginó y ya cerró un trato de exclusividad con Red Dávila, quienes pagarán un fee.
El 19 de agosto arranca el programa que al menos durante el primer año contará con su presencia. Serán 30 sesiones repartidas en seis visitas a pacientes que lleven un tiempo prolongado de internación. El foco son personas que debido a sus tratamientos deben vivir extensos periodos de hospitalización.
El paciente puede vivir la experiencia incluso desde su cama ya que el vidrio de las ventanas permite volar el dron y no afecta demasiado el alcance, que es de unos 5 kilómetros de distancia de vuelo, calcula Demaria, considerando la batería, etcétera.
Incluso el dron puede recorrer espacios internos, se lo imaginan avanzando por los pasillos de la clínica. Además, le va a ofrecer el naming sponsor a algunas marcas. “Podría perfectamente llamarse Apperta10 by Banco X. Las marcas tienen el beneficio de que el registro audiovisual va a publicarse en mis redes sociales”, ejemplifica.
Su propósito inicial no es económico, aclara. “Es muy gratificante ver la cara de quienes lo usan, con eso me doy por pagado. Hoy en día hay un montón de cosas para distraerse, pero es distinto cuando es algo real y la sensación al usar los anteojos es muy bacán”, describe.
Una vez que esté consolidado el programa, sí ve una buena posibilidad escalarlo a nivel nacional, ojalá instalarlo en clínicas privadas, hospitales públicos, unidades oncológicas, centros de diálisis. El costo del dron y las gafas inmersivas es de $ 1.300.000 aproximadamente, y dependiendo de su uso habría que sumarle el costo de adaptación.