Uno de los desafíos que enfrenta el sistema de pensiones chileno es la menor cantidad de cotizantes que ingresa en etapas tempranas.
Según datos de la Superintendencia de Pensiones, en marzo de este año se registraron 1.352.924 cotizantes de AFP que tienen una edad menor a 30 años, lo que significó una caída de 1,2% respecto del mismo período del ejercicio pasado, cuando la cifra fue de 1.369.493.
Sin embargo, el dato también dio cuenta de que, en una década, se completó una baja de 10,2%.
Del mismo modo, la cifra es la menor cantidad de cotizantes para un primer trimestre de este segmento desde 2011, es decir, su mínimo en 15 años.
La caída se ha dado tanto para hombres como para mujeres. Por ejemplo, si en marzo de 2016 cotizaron 860.078 hombres, en el tercer mes de este 2026 lo hicieron 756.185, lo que implicó una disminución de 12% en el período.
En el caso de las mujeres, hace 10 años se registraron 646.823 aportantes pertenecientes a este grupo, mientras que, a marzo del presente ejercicio, el dato fue de 596.739, lo que demostró una baja de 7,7%.
En marzo se registraron 596.739 cotizantes mujeres de menos de 30 años, una baja de 7,7% respecto de hace una década atrás.
¿Qué explica el bajo nivel de cotizantes jóvenes? La directora de evidencia de Pivotes y exintegrante de la mesa técnica de la reforma previsional, Soledad Hormázabal, indicó a DF que la situación responde a múltiples factores. Uno de ellos es la gratuidad en la educación superior para el 60% de la población de menores ingresos.
“La expansión de la matrícula de educación superior llevó, en el fondo, a que haya menos trabajo de jóvenes menores de 30 años, porque están estudiando. En Chile se da poco el estudio junto con el trabajo”, dijo.
Un segundo factor, añadió, es el contexto de mayor desempleo que enfrenta el país: “La situación de desempleo está afectando particularmente a los jóvenes, por lo que hay menos empleo formal disponible para ellos, y eso también repercute menos cotizantes”.
Impacto en jubilaciones
Los expertos coinciden en que el bajo nivel de cotizantes jóvenes en comparación a otros períodos es preocupante, ya que en los primeros años de la vida laboral es donde el efecto del interés compuesto tiene mayor tracción y, por lo tanto, resulta en una mejor pensión.
Hormazábal explicó que “como nuestro sistema se basa en la capitalización individual, la plata que se ahorra durante los primeros años de vida explica un mayor porcentaje de la pensión final que la gente va a tener. En el fondo, es plata que renta durante muchos años más”.
Agregó que “el postergar la entrada al mercado laboral y tener cotizaciones significa que se están perdiendo años de interés compuesto. Estas cotizaciones, que son las que se hacen antes de los 30 años, explican un porcentaje relevante de la pensión autofinanciada final”.
El exsuperintendente de Pensiones, Osvaldo Macías, coincidió: “Tiene un impacto muy fuerte, muy potente, porque en los primeros años de cotización es donde se puede acumular más capital para la jubilación. Si se cotiza en la época temprana, cada peso que se cotiza capitaliza durante muchos años, hasta que la persona se jubila. O sea, un peso que se deje de cotizar en la edad temprana es mucho más importante que un peso que se cotiza cuando se tiene una edad más avanzada o una edad media, por la capitalización”.
El exregulador previsional detalló que el saldo de recursos que una persona tiene al momento de su jubilación está compuesto, en su mayoría, por los intereses, que son los que precisamente se ven afectados cuando se aplaza el ingreso al mercado laboral.
“Entonces, es una noticia muy preocupante para las personas, ya empiezan a cotizar más tarde y les va a afectar cuando se pensionen”, recalcó Macías.
Eventual efecto en el FAPP
Otro punto en el cual podría tener impacto una menor cantidad de cotizantes jóvenes son las proyecciones en torno a la sostenibilidad del Fondo Autónomo de Protección Previsional (FAPP) que financia las prestaciones del Seguro Social establecido en la reforma de pensiones.
En ese sentido, Hormazábal apuntó que “el Fondo tiene que sopesar esta situación, evidentemente, porque las proyecciones se hicieron tomando en cuenta dimensiones como las demográficas y el factor de que la entrada al mundo laboral está siendo más tardía también se toma en cuenta, pero el tema es que las magnitudes no son siempre las que se proyectan”.
Macías agregó que la baja cantidad de cotizaciones de este segmento también puede resultar en una afectación a la solvencia del Seguro Social.
“Implica una menor acumulación de recursos y eso significa también menos ingresos para el FAPP, los que se requieren para financiar los beneficios del Seguro Social, el beneficios establecido por años cotizados y la compensación por diferencia en la expectativa de vida, por lo que también puede impactar en el seguro y su solvencia”, dijo.