La disputa logística por el cobre argentino empieza a tomar un nuevo giro. Tras meses de gestiones separadas para posicionar a Coquimbo y Atacama como rutas de salida al Pacífico para la nueva minería de San Juan, ambos gobiernos regionales firmaron una declaración de intenciones para coordinar una agenda común en infraestructura, conectividad fronteriza, desarrollo portuario, comercio, turismo y minería.
El acuerdo fue suscrito en el marco del Comité de Integración Atacalar 2026, realizado en Copiapó, instancia binacional que reunió a autoridades chilenas y argentinas, representantes del mundo público y privado, universidades y organizaciones productivas. El objetivo es fortalecer la conectividad con Argentina y preparar a las regiones del norte para el aumento de carga que se anticipa al otro lado de la cordillera.
El movimiento no es menor. San Juan se ha transformado en la nueva estrella minera de Argentina, con 34 proyectos en cartera, inversiones estimadas en US$ 32 mil millones para la próxima década y exportaciones que podrían llegar a US$ 20 mil millones anuales hacia 2035. Entre sus principales desarrollos figuran Pachón, Los Azules, Altar y Vicuña, este último impulsado por Lundin Mining y BHP en la zona fronteriza con Chile.
El problema para Argentina es logístico. La capital de San Juan está a cerca de 900 kilómetros del puerto argentino más cercano, en Rosario, mientras que Coquimbo queda a unos 500 kilómetros. Además, los envíos por el Atlántico obligan a una ruta más extensa hacia Asia, mientras que el Pacífico aparece como una alternativa natural para llegar a China, el principal comprador mundial de cobre.
Una agenda común para el Norte Chico
Hasta ahora, Coquimbo y Atacama venían moviendo sus propias fichas. Coquimbo ha empujado el Corredor Bioceánico Central a través del Paso Agua Negra, con el Puerto de Coquimbo como principal punto de salida. Atacama, en tanto, ha promovido el corredor Atacalar por el Paso San Francisco, apoyado en una red portuaria que incluye Caldera, Huasco, Las Losas, Guacolda I y futuros proyectos como Copiaport-E.
La declaración firmada entre ambas regiones busca ordenar esa competencia y transformarla en una estrategia macrozonal. El documento reconoce el valor estratégico de los pasos San Francisco, Pircas Negras y Agua Negra, además del rol de los puertos de Caldera, Huasco y Coquimbo como plataformas logísticas para el comercio internacional y para proyectos productivos de alcance binacional.
El gobernador de Coquimbo, Cristóbal Juliá sostuvo que “el trabajo conjunto permitirá fortalecer la descentralización y posicionar las necesidades del norte chileno”. La autoridad también planteó que el siguiente paso será proponer al Presidente de la República un convenio de programación con el Ministerio de Obras Públicas para acelerar el mejoramiento de las rutas que conectan ambos países.
Desde Atacama, el gobernador Miguel Vargas apuntó a la necesidad de enfrentar el proceso de integración con una mirada conjunta. “Los desafíos que tenemos por delante son demasiado grandes para enfrentarlos de manera aislada”, afirmó la autoridad regional.
La presión por infraestructura
La firma del acuerdo vuelve a poner sobre la mesa una de las principales trabas para convertir al norte chileno en corredor logístico del cobre argentino. En el caso de Coquimbo, el Paso Agua Negra sigue limitado por su operación estacional y por las condiciones de la Ruta 41, que aún mantiene tramos sin pavimentar y requiere mejoras viales y aduaneras para soportar una mayor carga comercial.
Por eso, el auge minero argentino ha reactivado el interés por retomar obras asociadas al corredor, incluyendo el debate sobre el túnel de Agua Negra, un proyecto largamente postergado que permitiría contar con una conexión de menor altura y con operación más estable durante el año.
Atacama enfrenta un desafío distinto. Su apuesta por el Paso San Francisco tiene una base más avanzada en términos de conectividad regional, pero para la carga de San Juan el trazado actual obliga a un rodeo por La Rioja y Catamarca. Por eso, el Gobierno Regional ha impulsado alternativas para hacer más directa la conexión con la provincia sanjuanina y fortalecer la infraestructura fronteriza.
En paralelo, la agenda portuaria también gana peso. Terminal Puerto Coquimbo completó en 2025 una inversión de US$ 110 millones para reforzar su infraestructura y aumentar su capacidad multipropósito. En Atacama, en tanto, los puertos de la región han buscado presentarse como una oferta conjunta ante las mineras argentinas, mientras Copiaport-E aparece como uno de los proyectos más relevantes, con una inversión estimada en US$ 450 millones.
El vicegobernador de Catamarca, Rubén Dusso, resumió la magnitud del desafío logístico durante el encuentro. “Cuando se concrete la producción que Argentina tiene para pasar por el Pacífico, no va a haber puerto que alcance”, advirtió.
Más que minería
Aunque la minería aparece como el principal motor de esta nueva etapa, el acuerdo también busca abrir oportunidades en agricultura, servicios especializados, turismo y comercio exterior. Durante Atacalar 2026, ProChile organizó una rueda de negocios internacional con cinco empresas importadoras de Argentina y 50 productores regionales, con el objetivo de generar contactos comerciales para bienes y servicios locales.
Rolando Vicencio, director de Gestión Territorial de ProChile, señaló que la instancia “nos permite generar nuevas relaciones comerciales”. En paralelo, la Expo Atacalar reunió a cerca de 100 productores y emprendedores de ambos países en el Parque El Pretil de Copiapó, con participación de organismos como ProChile, Corfo, Sernatur e Indap.
La próxima reunión plenaria del Comité de Integración Atacalar se realizará en La Rioja, Argentina. Para Coquimbo y Atacama, el desafío será transformar la declaración firmada en Copiapó en una cartera concreta de obras, financiamiento y coordinación con el nivel central, en momentos en que la minería argentina comienza a definir por dónde saldrá su cobre hacia los mercados internacionales.