Fundada en 2008 en Corea del Sur, My Robot School es una escuela internacional de robótica que opera en base a un sistema de franquicias. La iniciativa llegó a Chile en mayo del año pasado con su primera sede en Las Condes.
Hoy ese establecimiento reúne entre 65 y 70 alumnos, por sobre la meta de 35 estudiantes que se había fijado para su tercer mes de operaciones, momento en que logró cubrir sus costos fijos. Para su segundo año, el objetivo es llegar a entre 100 y 110 alumnos en esa misma sede, explica la directora de My Robot School en Chile, Constanza Zalaquett.
El valor mensual del curso varía entre $ 100 mil y $ 115 mil según convenios como el que la escuela mantiene con la tarjeta Vecino de Las Condes. Cada curso contempla 45 proyectos distintos, pensados para una duración de 12 meses.
Constanza Zalaquett, directora de My Robot School en Chile.
Cuánto cuesta abrir una sede
La compañía ahora puso en marcha su plan de franquicias para regiones, con locales desde 60 metros cuadrados. “La inversión se divide en pagarle el royalty a la franquicia, que en una etapa inicial estaría dentro de los US$ 12 mil a US$ 15 mil, y eso incluye cierta cantidad de kits educativos”, detalla Zalaquett.
A ese pago inicial se suma la implementación del local con la imagen de la marca, los computadores y el resto de la infraestructura, además del capital de trabajo necesario para los primeros meses de operación.
En personal, cada sede puede comenzar con una estructura acotada, con una monitora y seis estaciones de aprendizaje. Según Zalaquett, una monitora puede trabajar con grupos de entre cuatro y seis alumnos, por lo que la dotación se va ajustando según la demanda. “Después vas ampliando en la medida que se va requiriendo” explicó.
La empresa ya tiene interesados en Viña del Mar, Villarrica, Chimbarongo y Rancagua. Zalaquett destaca que el modelo no exige que el franquiciado sea experto en programación, ya que la plataforma entrega el curso y el kit viene adaptado a ella. “Uno puede ir a cualquier rincón del mundo. Yo puedo ir a Chimbarongo, como puedo ir a cualquier lugar”, ejemplifica.
“Tenemos como meta de ir abriendo orgánicamente tres a cuatro franquicias al año, porque hay que hacer toda la capacitación e implementación. Queremos ir creciendo de a poquito, en forma sostenible y sustentable para los franquiciados”.
Proyección de retorno
Zalaquett apunta a emprendedores que quieran desarrollar un negocio ligado a la educación, pero sin necesidad de tener experiencia previa en robótica o programación. Y asegura que, si la sede logra consolidar su matrícula “del segundo año te puede llegar a rentar de 20% a 30% anual”.
La directora agrega que el modelo busca que la robótica y la programación entren antes al sistema escolar, especialmente en los primeros años y no queden limitadas a talleres para alumnos con mejor rendimiento. “Buscamos que deje de ser un curso para unos pocos alumnos y alumnas destacadas, los de mejores notas, y se convierta en una herramienta formativa transversal”, señaló.
También sostiene que la franquicia puede operar como negocio en sectores con capacidad de pago, pero que a futuro esperan abrir espacios de colaboración con municipios o empresas para llegar a otras zonas. “Además de ser un buen negocio en ciertos sectores donde se puede pagar, también esperamos devolver la mano y llegar a los lugares que también necesitan este tipo de educación”, afirmó.
My Robot School también evalúa alianzas con familias que optan por el homeschooling, para que esos niños y niñas refuercen la robótica y programación en las mañanas, un horario que las sedes tradicionales suelen tener menos ocupado.