La Ciudad de México inauguró el jueves el Mundial con más de 80.000 espectadores en el mítico Estadio Azteca y un récord de audiencia a nivel mundial con una ceremonia que rindió homenaje a la cultura prehispánica, con un recinto vibrando con el triunfo de su selección 2-0 sobre Sudáfrica en medio de las protestas en la capital.
Los aficionados, ataviados con trajes de mariachi, sombreros y trompetas, formaron un mar de apoyo verde oscuro mientras Shakira y Burna Boy interpretaban el himno del Mundial y los fuegos artificiales llenaban el estadio. Maná y Andrea Bocelli, entre otras figuras, participaron en la ceremonia inaugural.
Alejandro García, de 50 años, ataviado con un sombrero y llevando una réplica del trofeo, dijo que estaba orgulloso de que México, coorganizador de la Copa junto a Estados Unidos y Canadá, fuera sede de otro Mundial. Era un niño cuando el país acogió el segundo torneo en 1986, tras el Mundial de 1970. "Este es nuestro templo", dijo en el vestíbulo del Azteca. "Va a ser un gran Mundial, ahora se olvidarán todas las protestas".
El "Tri" superó 2-0 a Sudáfrica con goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez, en un partido en el que el local sufrió la expulsión de su capitán y los "Bafana Bafana" vieron dos tarjetas rojas. México, tres veces sede de un Mundial, rompió así "la maldición" de no haber ganado en su debut en siete ocasiones anteriores
Más tarde en una festiva Guadajalara, Corea del Sur remontó un gol en contra para derrotar 2-1 a República Checa y empezar con victoria su campaña en el Grupo A del Mundial, para alegría de sus aficionados y del numeroso apoyo local mexicano.
Así, los coreanos alcanzaron a México con tres puntos en la cima del grupo.
Fiesta del fútbol a precios de lujo, entre marchas
La antesala del torneo en México estuvo marcada por el malestar social en la capital, donde diversos grupos, desde docentes hasta familiares de desaparecidos en la guerra contra las drogas, se han manifestado en un intento de aprovechar la atención internacional para impulsar su causa.
Murales recién pintados, nuevos trenes y un estadio renovado, destinados a dar la bienvenida a los turistas para los partidos, contrastaban con las barricadas de acero instaladas por los comercios para protegerse de los alborotadores en la avenida principal de la capital.
Para el partido inaugural entre México y Sudáfrica, algunos aficionados entrevistados por Reuters dijeron que habían pagado US$ 3.000 o más, una cifra totalmente inalcanzable para la mayoría de los mexicanos. La FIFA ha defendido su política de precios afirmando que el costo de las entradas está a la par con el de otros grandes eventos deportivos.
Otros habitantes de la ciudad se quejaron de los precios prohibitivos de las entradas, que les habían impedido ver el espectáculo en directo en su propia ciudad.
Un campamento de profesores en huelga obligó a las autoridades a bloquear la entrada al Zócalo en la víspera del partido inaugural y suscitó el temor de que la zona se cerrara a los aficionados que habían planeado reunirse en la plaza para ver el partido en una pantalla gigante.
El jueves, las tiendas de campaña se alineaban a lo largo de varias manzanas alrededor de la plaza, pero las autoridades confirmaron que la zona de aficionados estaría abierta. En el Zócalo, los organizadores afirmaron que la zona de aficionados estaba a rebosar, con más de 50.000 personas apiñadas en la plaza para ver el partido.
Muchos residentes se han quejado de que se estaba gastando dinero en embellecer la ciudad para los visitantes sin abordar los problemas de infraestructura subyacentes. El jueves fue declarado día festivo oficial en la Ciudad de México, en parte para aliviar los problemas de transporte.