La salmonicultura chilena, que durante la última década ha enfrentado un escenario de menor dinamismo productivo debido a un entorno regulatorio más exigente, podría reactivar su motor de crecimiento en el corto plazo.
Un reciente análisis realizado por el Consejo del Salmón identificó un conjunto de medidas regulatorias y operativas que permitirían a la industria recuperar márgenes de eficiencia y expandir su producción entre un 4% y un 8%. De materializarse este escenario, el sector experimentaría un incremento en sus exportaciones de entre US$ 260 millones y US$ 520 millones anuales. En términos de volumen, en tanto, los envíos podrían crecer entre 31 mil y 63 mil toneladas, mientras que la cosecha total crecería de 46 mil a 92 mil toneladas.
Para Loreto Seguel, presidenta ejecutiva del Consejo, la urgencia de avanzar en esta agenda responde al complejo escenario económico que enfrenta Chile, con proyecciones de crecimiento en torno a 1,7% para 2026 y la necesidad de frenar la emergencia laboral. "Chile no puede darse el lujo de dejar pasar oportunidades de crecimiento que están al alcance de la mano", advierte la líder gremial.

Microrelocalizaciones y nudo regulatorio
El pilar de esta proyección no pasa por la entrega de nuevos espacios marítimos, sino por la eficiencia operativa. La clave radica en la habilitación de las "microrelocalizaciones", que consisten en permitir desplazamientos acotados dentro de las concesiones ya existentes para optimizar las condiciones productivas y sanitarias.
"Es muy importante recalcar que esto no se trata de expandir la actividad hacia nuevas áreas ni de realizar cambios sustantivos en la ubicación de los centros de cultivo", aseguró Seguel. Por el contrario, explica que la herramienta busca aprovechar las concesiones vigentes utilizando mayor información oceanográfica, satelital y evidencia científica que no existía cuando estas fueron otorgadas originalmente.
Sin embargo, desde el gremio precisan que las microrelocalizaciones son solo una de cuatro iniciativas de rápida implementación. Para destrabar el crecimiento, señalan que también es fundamental abordar la definición de producción, reconocer los márgenes de error de los equipos de conteo de peces y homologar los criterios sanitarios. "Hoy la industria enfrenta un escenario de creciente complejidad regulatoria, donde los principales obstáculos están en la extensión de los procesos, la incertidumbre que generan distintas interpretaciones normativas y la dificultad para adaptar concesiones", detalla Seguel.
Loreto Sueguel, presidenta ejecutiva del Consejo del Salmón.
Radiografía del empleo frente a la emergencia
El efecto más inmediato de esta reactivación productiva recaería sobre el mercado laboral de la zona sur austral. Sobre una base actual de aproximadamente 86 mil empleos directos e indirectos vinculados a la industria, el sector podría generar entre 1.800 y 5.400 nuevos puestos de trabajo formales.
Al analizar el impacto territorial de este eventual crecimiento, las regiones presentan escenarios distintos y marcados por sus realidades locales. En la Región de Los Lagos, que concentra 52% de la producción salmonera nacional, el beneficio sería directo. Frente a una tasa de desempleo que escaló a 6,6%, esta zona sumaría entre 1.100 y 3.200 empleos adicionales.
Por su parte, la Región de Aysén, donde predomina la fase de cultivo, registra un desempleo del 4,8%. Sin embargo, este indicador esconde una realidad compleja, ya que la baja responde a una preocupante contracción de 1,7% de la fuerza laboral. En este contexto, la generación de entre 500 y 1.600 nuevos empleos salmoneros actuaría como un estabilizador económico crucial para retener a la población activa de la zona.
Finalmente, la Región de Magallanes cuenta con un mercado laboral de menor escala y altamente sensible, donde actualmente existen 6.926 personas en búsqueda activa de empleo. En este escenario, la creación de entre 400 y 600 puestos de trabajo permitiría absorber entre 6% y 9% del total de desempleados regionales.
Un impacto de $317 mil millones
La expansión no solo dinamizaría la contratación directa, sino que traccionaría fuertemente al ecosistema empresarial. La salmonicultura activaría una importante demanda sobre sus cadenas de suministro, implicando compras extras a proveedores nacionales por cifras de hasta $ 317 mil millones anuales solo en la fase acuícola.
"Cuando hablamos de salmonicultura, hablamos de mucho más que peces; hablamos de una gran cadena productiva que conecta a cientos de empresas, emprendedores y trabajadores desde Biobío hasta Magallanes", destaca Seguel.
El principal eslabón beneficiado sería la producción de alimento para salmones, pero el encadenamiento también traccionaría fuertemente a los servicios de pesca, logística y transporte. La industria requiere movilizar carga por tierra, mar y aire, activando puertos, almacenamiento y una amplia red de apoyo operacional.
"Si estas medidas no avanzan, Los Lagos, Aysén y Magallanes perderían una oportunidad concreta de fortalecer su desarrollo productivo, atraer inversión y mejorar su competitividad frente a otros países productores", concluye la ejecutiva.