¿De qué lado de las derechitas estás?
La sarta de dimes, diretes, imputaciones de cobardía, ofensas y amenazas electorales por las que reclamó Chile Vamos a Palacio -culpando a Republicanos- hizo olvidar que el acusado era el exministro Grau.
Por: Sebastián Minay
Publicado: Sábado 27 de junio de 2026 a las 21:00 hrs.
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Pasado mañana martes el Senado rechazará la acusación constitucional contra Nicolás Grau. Adivine por qué: las derechitas o derechazas votarán quebradas, como ya ocurrió entre sus diputados. Un escenario probable es que de los 25 senadores del “sector” que el miércoles se cuadraron con la idea de legislar del megaproyecto, al menos cinco no votarán a favor de este juicio político en que más se han dedicado a acusarse entre las derechas que al exministro de Gabriel Boric.
Un barrido en el Legislativo arroja que -por lo bajo- una senadora de RN se abstendrá y otra tiene una duda vestida de problemón con su decisión; un senador UDI está en ese estado medio mágico llamado “de reflexión”. Es factible que un sexto nombre tampoco apoye este libelo urdido por el Partido Nacional Libertario de Johannes Kaiser y secundado por el Republicano del Presidente Kast.
Otras dos figuras se marginarán. El RN Manuel José Ossandón acompañará al mandatario en su visita oficial a Paraguay y Uruguay. De estar, votaría en contra. El jefe Evópoli Luciano Cruz-Coke se inhabilitó por culpa de un posteo en X en que le prestó ropero y cuarto al diputado RN Diego Schalper cuando a éste lo tapaban a imprecaciones por adelantar que iba a rechazar el libelo. No tenía ninguna intención de votarlo a favor.
Salvo matices y disenso en el ala dura del espectro, en el bloque oficialista es un diagnóstico mayoritario que el dramón desenrollado en las últimas semanas y que ha detonado con vívidos colores a punta de imputaciones de cobardía va más allá de los dimes y diretes con aroma a ofensa, de las escaramuzas y otras escenas protagonizadas por el diputado republicano Agustín Romero, la excandidata presidencial UDI Evelyn Matthei, el mismo Schalper y varios otros.
¿Cuánto más allá? Al decir de parlamentarios y dirigentes el maltrato denunciado por parte de lo que alguna vez fue Chile Vamos y las réplicas proferidas desde el partido de Kast engordaron un problema que fue a parar a La Moneda. Pero ahora resulta que mientras la “vieja” derecha (o la “cobarde”, para algunos) demanda que el Gobierno se haga cargo de estos líos, éste intentó desentenderse.
Esto no luce mejor, se hace ver, si volvemos a mirar el cada vez más estrecho desfiladero de equilibrios legislativos. Mientras en la Cámara el Gobierno parece seguir a merced del PDG de Parisi, en el Senado la alerta enrojece. El gol que finalmente convirtieron los ministros Jorge Quiroz (Hacienda) y Claudio Alvarado (Interior/Segegob) al aprobar la idea de legislar del megaproyecto lo lograron en parte gracias al voto N°26, uno que ahora pueden perder en cualquier momento. El viernes el Ministerio Público acusó del delito reiterado de fraude al Fisco y pidió el desafuero del senador exDC Miguel Ángel Calisto.
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Problema tuyo
Detalles pendientes. Lunes en la mañana, con ese rito semanal del Comité Político Ampliado o CPA -La Moneda, el Gobierno y sus partidos- servido a las brasas: el tiroteo por X entre Romero y Matthei (“Quinto lugar…” / “Hablemos de números y lugares cuando devuelva el dinero por las horas extras injustificadas” / etc) y diputados republicanos disparándole a Schalper. Ya sabemos que reclamaron al Gobierno los jefes UDI y RN, Guillermo Ramírez y Andrea Balladares. Pero después de ella terció el republicano Arturo Squella. Según una versión, con un “qué lata que tratemos esto delante del Gobierno”. Según otra, con que “están formulando reclamos contra diputados específicos, no viene al caso que le reprochen al Gobierno” y haciéndoles ver las vueltas de la vida de estarse quejando por esto ante un Comité Político donde hay ministros UDI (Alvarado) y RN (José García, Segpres, quien no estaba presente).
Da igual: el Número Dos de Palacio devolvió el pelotazo. Les planteó que generaran una instancia para arreglar sus problemas. Balladares se negó, argumentando que se sienten desafectados, echando mano al recurso de si ustedes no ayudan en el trato con sus partidos, no voy a poder controlar a mi gente e insistiendo en que una nueva herramienta tiene que ser “con” La Moneda. Entremedio otro de los presentes se quejó de que estos asuntos no se pueden hablar en los CPA porque se filtran de un viaje. Un par de raqueteos después quedó entre andando y en el aire la idea de otra cumbre, solamente con Palacio y los jefes de partido.
Los ofendidos mandaron publicar declaraciones con sus reclamos. Esa noche, la Comisión Política de RN honró por enésima vez su fama de demasiado sincera e intensa con quejas varias. Ahí fue cuando Rodrigo Barco, concejal de Independencia, se acordó y remezcló el mote con que se criticaba la inexperiencia del gobierno de Gabriel Boric: “Derecha merluciana”. Le pegó en el palo porque a poco lo estaban usando parlamentarios gremialistas. “Tengo otras mejores”, le han escuchado.
Hacia el martes en la mañana, en La Moneda seguían sosteniendo que el problema es de los partidos y que no compete al Gobierno, pero se asumía que si el desorden y la inquina siguen cundiendo, al final perjudicará al Ejecutivo, pero más que nada porque habría que gastarse extra consiguiendo o asegurando votos en futuras batallas. Es más grave, advierten con mayúscula en Chile Vamos; volveremos a eso. Dos, que la acusación Grau iba a demostrar (como ocurrió: en contra votaron cuatro RN y un Evópoli; se abstuvo la Demócratas Joanna Pérez) que la casa no es capaz de ordenar a su gente cuando cada tribu pelea por lo que cree su identidad o supervivencia.
Mal que mal, la lectura transversal es que en este lance, Republicanos y la UDI huyeron hacia adelante al plegarse al madrugazo perpetrado por el PNL. Pero no RN.
El martes Alvarado llegó al Congreso tipo 14:00 a empeñarse en las gestiones por el megaproyecto, un par de horas y fracción antes de que se votara la acusación en la Cámara. Para entonces, durante la mañana se había acumulado suficiente material particulado de tanta imputación de “derechita cobarde” y demases. Eso envalentonó al bando de los acusados: insisten que hay que ser corajudos para encarar tanta pulla (Lucía Santa Cruz recogió eso al tipear su columna en El Mercurio de anteayer viernes).
La cosa es que hubo un momento en que hasta los padres del famoso libelo temieron que se perdiera. La Operación Schalper lanzada el domingo en Canal 13 apuntaba originalmente a que entre ocho y 10 diputados del ala RN -militantes o integrales del comité- votaran en contra. Al final lo hicieron cuatro (más un Evópoli) y en su partido hay quienes le critican que lo haya anunciado así porque se le bajaron al menos tres votos. Igual surtió algún efecto. El martes en la mañana la Cámara registraba 12 permisos para ausentarse por viajes o licencias, de los cuales se leían a favor dos Republicanos, un UDI, un PNL y dos PDG: De éstos, sólo cuatro estaban neteados por la vía de los pareos (pacto entre dos diputados que votarán distinto). Y el PDG reportaba otra baja más.
Alrededor de las 11:00 del martes, el abogado PNL Gabriel Domínguez (exRN, ex Republicano) autor y redactor del texto de la acusación, vio el peligro. Había llegado a calcular hasta seis RN en contra. Una cosa era que los RN hicieran su punto, pero otra era que Grau se salvara en la Cámara por culpa de las reyertas derechistas: worst case scenario. Entre los diputados UDI sacaban una cuenta parecida, pero insistían en que como habían tomado la precaución de no firmar el libelo pero sí apoyarlo en bloque, pasara lo que pasara no sería culpa de ellos.
Domínguez habló por separado con Schalper -quien seguirá en esta senda, le digan lo que le digan- y con la vicepresidenta de la Cámara, la también RN Ximena Ossandón (se ha trenzado en más de un round con el republicano Romero). Sobre la primera conversación hay versiones contrapuestas; de la segunda el abogado PNL salió seguro de que la revuelta no haría caer la acusación.
Al final hubo menos ausencias y el margen era mayor. ¿Mucho ruido y poca cosa? Hace un par de semanas se pregonaban 90 votos, al mismo nivel que la votación en general del megaproyecto en la Cámara. El marcador final arrojó 77 a favor, 68 en contra, una abstención y una sarta de palabrazos, afrentas, amenazas electorales y pocos parabienes.
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¿Inmolarse?
Hacia el final de ese día Palacio quemaba sus postreros cartuchos pensando en la votación del megaproyecto del día siguiente. Alvarado y Quiroz remataban bilaterales con los senadores Pedro Araya, Karim Bianchi, Ximena Órdenes y Miguel Ángel Calisto. Parece Chile Atiende, bromeaban en la antesala de la oficina de ministros del cuarto piso del Senado. Pero de los cuatro sólo Calisto se cuadró; Araya se abstuvo.
La Moneda insiste en contar el marcador (26 a favor, 23 en contra, una abstención) como una victoria por una diferencia de cuatro votos, contando como suya la abstención de Araya. Reiteran que se conversó bastante con la oposición y si no hubo más abstenciones es porque esperan avanzar en la votación en particular.
Atrás quedó otro zangoloteo. Recordemos que la presidenta del Senado, la RN Paulina Núñez -otra figura criticada por el ala dura-, propuso estirar la tramitación pero se encontró con la negativa republicana. Su gente insiste que lo hizo porque prefería votar cuando estuviesen los votos seguros y no correr el peligro que un rechazo en sala terminara con todo el proyecto en una inmanejable Comisión Mixta. Dicho temor habría estado anclado en que las veces que cotejó los votos con Palacio, las seguridades que recibió de vuelta con suerte incluían al ya no tan rebelde Alejandro Kusanovic.
El miércoles en la mañana el Ejecutivo se refería por tercera vez en la semana -ministro y subsecretario del Interior el lunes- al estado de camorra permanente derechista. “Buscaremos” en primera persona plural, varió Alvarado al retomar eso de nuevas herramientas para solucionar líos. En La Moneda repasan: es “absurdo”, como se les dijo a los partidos, que con poco más de 100 días de gobierno estén expresando tanta diferencia identitaria, cuando las elecciones quedan tan lejos. Y sí, si el Ejecutivo no se hace cargo de esto, los problemas sólo pueden empeorar.
Para los Republicanos esto no pinta tan grave. Insisten en que hay buenos vínculos con el resto -especialmente entre presidentes y senadores- y que mientras los reclamos de Chile Vamos no se traduzcan en votos en contra, pues no pasa a mayores. Y pese a los reclamos, insisten en que “sienten el peso” de ser la extensión del Gobierno. ¿Romero? Squella le ha dicho que al pelear con Matthei sólo pierde él, y al resto les ha dicho que no personalicen sus críticas.
Pero para los restos de Chile Vamos el cuadro es más delicado porque -advierten- hay fallas de base. Que el Gobierno, desde Kast para abajo, no disimula su desdén por la política: el veto a sus excompañeros de la “generación perdida” UDI para entrar al gabinete (Rodrigo Álvarez y los demás); enviar a su histórico rival Juan Antonio Coloma a la embajada en Madrid, donde no lo incomode (como lo hizo Sebastián Piñera en su día con Sergio Romero), o no llamar a nadie nuevo para su primer cambio de gabinete, por dar algunos ejemplos.
Y alertan que si Palacio no se involucra de verdad en estos problemas, se puede llegar en mal pie a supuestos como el que varios predicen: que hacia agosto, el PNL, los Republicanos o ambos apuren una acusación constitucional contra Boric (deadline: 11 de septiembre), rompiendo nuevas hostilidades con Chile Vamos. En Palacio dicen no ignorar esto y que Kast tampoco.
Otros ven un problema más estructural, partiendo por el dato de que Kast le predica unidad pero su gente no la practica. Añaden que: faltan bases comunes porque para quienes no son UDI el aparato kastista les resulta distante comparado con el piñerismo. Y que si no se le pone coto a las ofensas, cuando las cifras en las encuestas caigan más costará mantenerse firmes.
Es distinto inmolarse por Piñera que por Kast, apuntan varios viudos políticos del exmandatario a los que les molesta que figuras como Alejandro Irarrázaval digan que este Gobierno “no es ¨Piñera III”. Y recuerdan el amargo desenlace de su segunda administración, cuando de los entonces 72 diputados oficialistas 11 se mantuvieron firmas votando contra los retiros, mientras el resto lo abandonaba.
Reclamos de más o de menos, en lo que todas las derechas están unidas es en que los equilibrios parlamentarios no van a durar mucho. Dirigentes derechistas y algunos senadores opositores han advertido reiteradamente al Gobierno que pronto podrían quedarse con al menos uno o dos votos menos, pensando en el posible desafuero de los senadores Miguel Ángel Calisto y Camila Flores. Un peligro que es visto como “inminente”, incluso antes de que se conociera la acusación del Ministerio Público contra el exDC. ¿Qué dice La Moneda? Que lo tiene claro y que se empeñará en buscar nuevos apoyos fuera de sus fronteras.
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