Internacional
La complicada elección presidencial de Brasil
El candidato opositor José Serra es la mejor opción para los brasileños, pero por poco.
Por: Equipo DF
Publicado: Viernes 29 de octubre de 2010 a las 05:00 hrs.
Las elecciones presidenciales de Brasil han tomado un giro desagradable. En un acto partidario reciente, a José Serra, del opositor Partido de la Democracia Social Brasileña, le tiraron a la cabeza un rollo de cinta adhesiva. Supuestamente, la agresión provino de un seguidor del oficialista Partido de los Trabajadores. “¿Recuerdan las tropas de asalto nazis? Esto es típico de los fascistas”, dijo el candidato sonriendo despectivamente y cosechando capital político para las elecciones del domingo.
Al día siguiente le tocó a Dilma Rousseff, la candidata del PT. Mientras hacía campaña en territorio del PSDB, una bombita de agua casi le da en la cabeza.
Una razón para estos estallidos es que la carrera electoral brasileña, como todas las buenas carreras, ha dejado el drama para el final, y se volvió inesperadamente muy disputada.
Además, ambos candidatos han dicho poco sobre sus propuestas en materia de políticas públicas. En cambio, optaron por hacer vagas promesas de continuidad. Políticamente, esto es comprensible porque todos los brasileños quieren prolongar la nueva prosperidad del país, pero también dejó a los candidatos en posición de definirse a sí mismos denigrando al otro.
De hecho, ambos son parecidos: se trata de socialdemócratas que creen en las políticas amistosas con el mercado pero con un importante componente social; los dos son tecnócratas entrometidos; y carecen de encanto. Esto es un problema potencialmente serio porque el éxito en Brasilia depende de la capacidad del presidente de persuadir y seducir a sus compañeros de coalición. Lula es rico en esos talentos. Rousseff y Serra, no.
En los aspectos en los que sí hay diferencias, éstas son leves pero significativas. Serra tiene más características de halcón fiscal, y se esperaría que deje de usar los planes fuera del presupuesto que se han usado en el último tiempo para cumplir con las metas fiscales. Recortar el gasto público, que aún crece rápidamente pese a que la economía está al rojo vivo, también ayudaría a hacer bajar las tasas de interés y, en consecuencia, a limitar la apreciación cambiaria. Rousseff se inclina por un Estado grande, aunque una quinta parte de las compañías públicas ya lo tienen (de una forma u otra) entre sus principales cinco accionistas. En cuanto a política exterior, Serra sería menos indulgente con Irán, Venezuela y Cuba de lo que Brasil ha sido hasta ahora.
Sin embargo, es posible que la mayor diferencia de todas esté en el rol de benefactora popular que probablemente asumirá Rousseff si gana, lo que es factible dado su liderazgo de 10 puntos en las encuestas. Que haya una presidencia paralela, como la de Putin en Rusia, también es posible; lo mismo que la vuelta de Lula da Silva al poder en 2014 y 2018. Aunque sólo sea para interrumpir esta relación con el poder, Serra es una mejor opción para Brasil.