Uno de los elementos más relevantes acuerdo que Estados Unidos e Irán prevén firmar formalmente este viernes en Ginebra, Suiza, es la creación de un fondo de inversión por US$ 300.000 millones destinado a apoyar la reconstrucción y el desarrollo económico iraní, lo cual según Bloomberg estaría contenido en el punto seis del memorándum de entendimiento.
Aunque el vehículo financiero aún no existe formalmente y solo se activaría una vez alcanzado un acuerdo definitivo entre ambas partes, su inclusión en el documento marco busca entregar incentivos económicos concretos para sostener las negociaciones que se desarrollarán durante los próximos 60 días.
Una fuente con conocimiento directo de las conversaciones, citada por Reuters, el memorando establece que durante ese período Washington y Teherán deberán negociar los detalles de un acuerdo nuclear de largo plazo, mientras equipos técnicos comienzan paralelamente a diseñar la estructura, gobernanza y cartera de proyectos que podría financiar el fondo. Administradores e inversionistas trabajarán junto a representantes iraníes para definir el alcance de las inversiones y las áreas prioritarias una vez que exista un pacto final.
El vehículo sería financiado íntegramente con capital privado y no con recursos públicos estadounidenses. De acuerdo con el mismo reporte de la señalada agencia de noticias, más de la mitad de los US$ 300.000 millones ya habría sido comprometida por inversionistas y empresas de Estados Unidos, de países del Golfo, Asia, Sudamérica y África, con interés en sectores como energía, logística, manufactura y transporte.
El vicepresidente estadounidense, JD Vance, ha descrito la iniciativa como una oferta condicionada al comportamiento de Teherán. Según explicó, el acceso a estos recursos dependerá de que Irán cumpla las obligaciones contempladas en el acuerdo, entre ellas aceptar inspecciones estrictas a su programa nuclear, desmantelar capacidades sensibles y respetar los mecanismos de verificación pactados. Solo bajo esas condiciones, sostuvo, el país podría reincorporarse gradualmente a la economía global y acceder a las oportunidades de inversión contempladas por el fondo.
Tanto Vance como el Presidente Donald Trump han insistido en que el mecanismo no implica desembolsos de Washington. "No se inyectará dinero estadounidense", afirmó el vicepresidente al explicar que el financiamiento provendría de inversionistas privados y de países socios dispuestos a apostar por la reintegración económica de Irán.
Por su parte, el mandatario insistió este miércoles en que EEUU no va "a aportar ni diez centavos". En el marco de la cumbre del G7 en Évian-les-Bains, Francia, recalcó: “No estamos invirtiendo en ello y no tenemos un fondo”.
Desde el punto de vista del investigador del Consejo de Asuntos Globales de Oriente Medio, Muhanad Seloom, este acuerdo representaba una solución beneficiosa para Washington. "Si Irán se reforma, la administración estadounidense es la responsable de la paz; si no lo hace, Estados Unidos no pierde nada y los países del Golfo asumen el riesgo", declaró a Al Jazeera.
El pasado que condena a Trump
Más allá de los detalles técnicos del fondo, su sola existencia complica el discurso triunfalista que la Casa Blanca ha intentado construir tras la guerra con Irán. Tanto Donald Trump como sus principales colaboradores han defendido que la presión militar ejercida sobre Teherán permitió abrir la puerta a un acuerdo más favorable para Occidente que cualquiera de los negociados anteriormente, particularmente el alcanzado en 2015 bajo la administración de Barack Obama.
Sin embargo, el tamaño de los incentivos económicos contemplados en el nuevo entendimiento ha abierto un flanco incómodo para Washington. Analistas, opositores e incluso algunos sectores conservadores han advertido similitudes con el acuerdo nuclear impulsado por Obama, que también contempló importantes beneficios financieros para Teherán a cambio de restricciones a su programa nuclear.
La comparación resulta especialmente sensible para Trump, quien durante años convirtió ese pacto en uno de sus principales blancos políticos. Entonces denunció reiteradamente que esos recursos no solo fortalecerían económicamente a la República Islámica, sino que terminarían financiando actividades desestabilizadoras en Medio Oriente.
Trump sostuvo en reiteradas ocasiones que el dinero liberado gracias al acuerdo sería utilizado para respaldar a grupos armados aliados de Teherán y para expandir lo que describía como una red de apoyo al terrorismo. "Les estamos dando una fortuna", afirmó en uno de sus discursos de campaña, advirtiendo que esos fondos serían destinados a "patrocinar el terrorismo" en la región.
El entonces candidato presidencial llegó a afirmar en múltiples ocasiones que el pacto impulsado por Obama había significado una transferencia de hasta US$ 150.000 millones para Irán, calificándolo como un acuerdo "horrible", "repugnante" e "incompetente". Asimismo, sostuvo repetidamente que Washington estaba otorgando una enorme ventaja económica a Teherán a cambio de concesiones insuficientes en materia nuclear.
Aunque la Casa Blanca insiste en que el nuevo esquema es diferente porque el eventual fondo de US$ 300.000 millones estaría compuesto por inversión privada y no por recursos estadounidenses, los críticos sostienen que el resultado práctico es similar, al ofrecer una perspectiva de prosperidad económica a Irán como incentivo para alcanzar un acuerdo nuclear. Esa es precisamente la lógica que Trump cuestionó durante años cuando combatió el pacto firmado por su antecesor demócrata y que ahora amenaza con empañar la narrativa de que la guerra permitió obtener un acuerdo sustancialmente mejor que el de Obama.