La mayor empresa de adquirencia del país, Transbank, vive un momento crucial. Por un lado, su proceso de venta se ha demorado más de lo que estimaron sus bancos accionistas; y por otro, enfrenta un entorno competitivo desafiante, con actores con espaldas financieras que poco a poco toman una parte de la torta del negocio.
Considerando lo anterior, el gerente general de la compañía, Sergio Ávila, diseñó un plan estratégico de crecimiento orgánico mientras se define al nuevo dueño de la firma.
El plan contempla tres grandes ejes de acción: bajar las tarifas para ser más competitivos; externalizar la operación tecnológica a objeto de que la compañía sea más “liviana; reducir los gastos, ajustándose el cinturón en distintos frentes, particularmente en alianzas estratégicas con otros actores”.
Sobre el primer eje, a comienzos de año la Corte Suprema autorizó a Transbank a desregular sus tarifas luego de cumplir con una de las condiciones que había establecido la resolución del Tribunal de la Libre Competencia (TDLC): disminuir su cuota de mercado por debajo de 50% en procesamiento adquirente, medido en número de transacciones.
Considerando la dura competencia que ofrecen principalmente Getnet de Santander y Mercado Pago de Mercado Libre, la medida benefició a Transbank al punto de poder ajustar sus cobros y poder explicarlos de mejor forma a sus clientes, principalmente comercios y PYME.
Actualmente, la comisión para tarjetas de créditos -nacional e internacional- que utilicen Transbank es de 2,35% por transacción. Mientras que en débito-prepago es de 1,75%.
US$500 millones sería el precio de venta de Transbank.
De comprador a aliado
El segundo eje trazado por Ávila fue hacer más eficiente el proceso tecnológico y contrató a la empresa de origen puertorriquense Evertec para ello.
La compañía fue uno de los primeros interesados en adquirir Transbank cuando se abrió el proceso a inicios de 2023, pero luego desechó la idea.
En mayo de 2025, Transbank firmó un acuerdo con Evertec para que ésta se convirtiera en su nuevo operador tecnológico, con el objetivo de reforzar su infraestructura y estrategia de transformación digital.
Evertec asumió parte de la operación transaccional y algunas plataformas y servicios seleccionados de la firma ligada a los medios de pago, mientras que Transbank se concentró en su gestión comercial y la relación con clientes, entre ellos, los comercios, emisores, Proveedores de Servicios de Pago y subadquirentes (PSP) y marcas de tarjetas.
Ajustes
Por último, el plan de Ávila contempla un ajuste de gastos que involucra a todas las líneas de negocios, aunque habrá decisiones más visibles que se materializarán, por ejemplo, en las alianzas que mantiene con organizaciones de la sociedad civil.
Por ahora, se mantendrá su participación en Fundación País Digital, las respectivas cámaras de comercio de Santiago y el evento EtMday. Pero cercanos a la empresa aseguran que se vendrán reducciones de gastos en todos los ámbitos de la firma.
Lo que viene
A nivel de socios y administración de Transbank coinciden en la necesidad de que la firma tenga un controlador claro, preferentemente un bancos -socio o no de la compañía- o un actor del mundo del comercio digital.
A juicio de expertos del sector, uno de los problemas que exhibe Transbank es su condición de sociedad de apoyo al giro bancario, que, dado el marco regulatorio chileno, no le permite incursionar en otros negocios, como por ejemplo, emitir boletas de venta en efectivo.
Para que ello ocurriera, la empresa debería transformarse en una sociedad anónima especial.
En paralelo, la compañía sigue en venta, esta vez, de la mano de la boutique financiera peruana LXG Capital, que tiene el mandato del deal en reemplazo de JPMorgan.
Una de las opciones que se baraja es que uno de los accionistas haga una oferta por la compañía. Banco de Chile estaría analizando esta posibilidad.