Pero el modelo que nació como un esquema cerrado, administrado por la banca, hoy atraviesa una transformación que está redefiniendo el negocio de los medios de pago. La bip! dejó de ser el único mecanismo para viajar y pasó a convertirse en una alternativa dentro de un ecosistema cada vez más abierto.
El antiguo modelo
Detrás de esa transformación hay una historia poco conocida. Durante años, la administración financiera del sistema estuvo en manos del Administrador Financiero de Transantiago (AFT), un consorcio integrado por BancoEstado (21%), Banco de Chile (20%), Banco Bci (20%), Banco Santander Chile (20%), Sonda (9,5%) y Promotora CMR Falabella (9,5%).
Ese esquema comenzó a modificarse en 2022 con la modernización del sistema de recaudo de Red Movilidad. La nueva licitación puso fin al modelo encabezado por el AFT e incorporó nuevos operadores, tecnologías y medios de pago, como el código QR, en línea con la estrategia del Ministerio de Transportes de avanzar hacia un sistema más abierto, interoperable y menos dependiente de un único instrumento.
La incorporación del pago mediante QR marcó el primer quiebre en la hegemonía de la bip!, al convertirse en la primera alternativa para pagar el transporte público. A ese cambio se sumó, en febrero de este año, la implementación del pago abierto en Red Movilidad, que permitió acceder al Metro y a los trenes utilizando tarjetas de crédito, débito y prepago sin contacto, iniciativa llamada EMV (Europay, Mastercard y Visa).
“Creo que la bip! va a perder, en un espacio de unos cuatro o cinco años más, protagonismo y va a dejar de ser el medio principal, dando espacio a que los medios principales sean otras tarjetas”, planteó a DF el gerente de ingeniería de Metro de Santiago, Rodrigo Terrazas.
La transición
Las cifras muestran que la pérdida de protagonismo de la bip! comenzó con el crecimiento del pago con QR.
De acuerdo con Terrazas, en 2022 -año en que debutó esta modalidad- la bip! concentraba el 93% de las validaciones, mientras que el QR representaba solo un 7%. Un año después, la participación del QR se duplicó hasta el 14%, reduciendo la de la tarjeta al 86%.
La tendencia continuó en los años siguientes. En 2024 el QR alcanzó el 23% de participación, mientras que la bip! retrocedió al 77%. En 2025, el pago mediante QR siguió avanzando hasta el 29%.
En la actualidad, la bip! mantiene el 63% de participación y continúa siendo el principal medio de pago. Sin embargo, el QR ya representa el 29% de las validaciones y el pago con tarjetas bancarias -implementado en febrero de este año- acumula un 8%.
A juicio de Terrazas, esta última cifra se ha mantenido estable en los últimos meses, lo que podría reflejar que “capture un segmento específico de usuarios, como turistas o personas que usan el metro de forma ocasional”.
“Creemos que por el 2030 va a haber gente que va a estar utilizando la bip!, pero algo así como el 15% y tendiendo a desaparecer después”, añadió.
Actualmente, el pago con tarjetas bancarias registra un 60% de las operaciones con Visa y un 40% con Mastercard. Del total, un 70% corresponde a pagos con tarjetas de débito y un 30% con crédito.
Eso sí, este mecanismo solo reemplaza el pago de la tarifa adulto, ya que las tarifas preferenciales para estudiantes y adultos mayores continúan operando mediante la bip!.
“Hay una porción no menor de personas que tienen temor de sacar en un bus una tarjeta de crédito o algo así porque se asocia con un tema de seguridad”, explicó Terrazas.
En paralelo, Metro lanzó MetroMuv, su nueva billetera digital que permite pagar el transporte público mediante un código QR o una tarjeta Visa física, además de funcionar como una tarjeta de prepago para compras en comercios.
La menor relevancia de la tarjeta física también comienza a reflejarse en su producción.
De acuerdo con la memoria anual de Metro, en 2025 se fabricaron 2.153.005 tarjetas bip!, mientras que en 2024 se comercializaron 2.168.000 de unidades, ejercicio en que la venta de este plástico ya retrocedió 8,7% anual.
Desde la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (Abif) valoraron la incorporación de nuevos actores al sistema y sostuvieron que “la evolución ha sido positiva y refleja cómo la industria ha acompañado la modernización del transporte público, desde su rol de recaudador y compensador, menos conocidas por el público, hasta iniciativas más visibles, como las cargas/recargas remotas, y la incorporación reciente de tarjetas bancarias”.