Yaritza Véliz: El milagro de Andacollo que conquistó el Royal Opera House
Antes de convertirse en la primera latinoamericana en ser seleccionada para el programa Jette Parker Young Artists del Royal Opera House de Londres; antes de ganar el concurso Mujeres en la Música, que terminaría por convencerla de dedicar su vida a la ópera; mucho antes de seguir cantando con ocho meses de embarazo en los principales teatros de Europa, esta soprano chilena fue el milagro de Andacollo.
Por: Italo Sciaraffia
Publicado: Viernes 17 de julio de 2026 a las 16:26 hrs.
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Estaba en séptimo básico cuando sus padres la llevaron a Andacollo para visitar a la Virgen. Mientras caminaban por la gruta junto a la basílica, comenzó a escuchar una voz que le pareció familiar. “Yo canto igual que él”, le dijo Yaritza Véliz a su padre. Quien ensayaba era el tenor Tito Beltrán. La niña tenía vergüenza de presentarse, pero por la insistencia de sus padres se acercó a él y le dijo que ella también cantaba. Beltrán no le creyó: “Imposible, eres muy chica para cantar”.
Ella insistió: “Escúcheme”. Tenía 13 años, pero bastaron sólo unos pocos minutos de su canto para que Beltrán saliera corriendo dentro de la Basílica de Andacollo gritando: “¡Es un milagro!”, y la invitara a presentarse con él esa misma noche, frente a cientos de personas, a cantar Pie Jesu.
Entre quienes la escuchaban estaba Mauricio Ibacache, entonces director de la Orquesta Juvenil de La Antena, quien decidió ayudarla y la llevó hasta la entonces senadora Evelyn Matthei.
Véliz le cantó en su oficina. Matthei la escuchó unos minutos y le dijo que la apoyaría porque tenía talento.
De hecho, la primera vez que viajó a Santiago junto a su madre, la ex candidata presidencial le organizó audiciones con maestros y la recibió en su casa donde, según recuerda Véliz, le ofreció un vaso de leche cultivada. “Fue la más rica que había probado en mi vida”, dice.
De todos los profesores que audicionó, Yaritza eligió al barítono Patricio Méndez, no porque ella quisiera dedicarse al canto lírico, sino porque era el único que no le exigió quedarse en Santiago. “Me hacía llorar la idea de tener que separarme de mi familia, de mi abuela”, cuenta.
Durante los siguientes cinco años, viajaba de Tierras Blancas, Coquimbo, a Santiago para tomar clases cada 15 días, lo que luego se transformó en todos los fines de semana. A veces viajaba por el día.
Después, a los 17, eligió estudiar canto en la Universidad de Chile porque quería estudiar con la contralto Carmen Luisa Letelier, pero no quedó en su cátedra porque ya no aceptaba más alumnos. Fue entonces cuando volvió a aparecer Matthei. Tras conversar con la profesora, consiguió que la aceptara en su clase.
El 2014 Yaritza se presentó al primer concurso de Mujeres en la Música y lo ganó. Andrés Rodríguez, entonces director general del Teatro Municipal, la escuchó cantar durante el concurso y la invitó a participar por primera vez en las audiciones para los roles solistas de la temporada siguiente, y consiguió un pequeño papel en Il turco in Italia, de Rossini.
Mientras observaba el teatro iluminado y escuchaba la música de Rossini durante los ensayos, ella sintió que había encontrado el lugar donde quería pasar el resto de su vida.
“No hay forma de que no me pueda dedicar a la ópera”, recuerda haber pensado.
Royal Opera House, sin hablar inglés
Salir de Chile nunca fue parte de su plan. Se sentía cómoda en el Teatro Municipal. Pero la posibilidad apareció casi por casualidad cuando la Fundación Ibáñez Atkinson organizó una serie de clases magistrales por David Gowland, director del programa Jette Parker Young Artists del Royal Opera House de Londres.
Poco tiempo después, uno de sus mejores amigos, el bajo barítono Matías Moncada, le comentó que estaban recibiendo postulaciones para el programa. Él quería participar y le pidió que lo acompañara. Ella aceptó.
La respuesta le llegó mientras caminaba junto a su pareja por el Parque Forestal: un correo electrónico que no entendía por el idioma le avisó que había sido seleccionada para la siguiente etapa.
Viajó con Moncada a Reino Unido. Sin embargo, sólo ella superó todas las etapas. La noche antes de la audición final, la idea de dejar Chile, alejarse de su familia e instalarse en un país en el que no conocía el idioma terminó provocándole una crisis de angustia. Sin embargo, cuando cruzó las puertas del escenario del Royal Opera House sintió lo mismo que había sentido en su debut en el Teatro Municipal.
Había memorizado las pocas frases en inglés que debía decir al entrar y rezaba para que nadie le hiciera más preguntas. Interpretó un aria de La bohème y luego otra de Las bodas de Fígaro.
Después vino una entrevista personal con la directora del programa. Véliz pensó que ahí terminaría todo. Sin embargo, la conversación fue en italiano y la directora le prometió que, si era seleccionada, el teatro le daría las clases de inglés.
A las pocas horas le llegó el mail: había quedado entre los cinco integrantes del Jette Parker Young Artists Programme, convirtiéndose en la única soprana seleccionada ese año de más de 770 postulantes y en la primera cantante latinoamericana en ingresar al programa.
Mudarse a Londres significó por primera vez vivir lejos de su familia. Pasaba los fines de semana sola en su departamento y extrañaba mucho su casa. Además, el programa comenzaba todos los días a las 9 de la mañana; tenían clases, ensayos musicales, ensayos escénicos y, cuando había funciones, terminaban a las 11 de la noche. “Prácticamente no teníamos vida”, recuerda.
Sin embargo, valoraba poder trabajar todos los días con coaches, profesores de idiomas y algunos de los principales directores y cantantes del mundo. “Fue agotador, pero me ayudó un montón a crecer como cantante”, dice.
Una artista internacional
En enero de 2020, el último año del programa, Véliz obtuvo el tercer lugar en el Concurso Tenor Viñas de Barcelona. Como pocas semanas después estalló la pandemia, el teatro cerró y el programa continuó online hasta julio, así que decidió regresar a Chile.
Apenas llegó al país recibió la noticia: la agencia inglesa que representaba su carrera había quebrado. Sin representante y con los teatros cerrados en prácticamente todo el mundo, pensó: “Ya jodí. Mi carrera se estancó”, recuerda.
Fue entonces cuando recibió el llamado de Oliver Clarke, un agente que desde hacía tiempo intentaba trabajar con ella. Él organizó varias audiciones en Europa y el Festival de Glyndebourne la escogió para interpretar a Mimì en La bohème, su primer rol protagónico fuera de Chile.
El debut recibió elogios de la crítica británica, le comenzaron a llegar contratos desde distintos teatros europeos y Mimì se transformó en el personaje que más veces ha interpretado: la cantó en Estados Unidos, Hamburgo, Dresde y París, y en mayo pasado en el Municipal de Santiago.
Pasó gran parte del año viajando sola entre ciudades, instalada por semanas o meses en hoteles, ensayando en distintos idiomas y cambiando de país.
“Es genial cantar y que te aplauda un montón de gente, pero después se termina la función, te sacas el maquillaje, el vestuario y vuelves caminando sola a una pieza de hotel. Es triste, porque sientes que no tienes con quién celebrar todo ese trabajo”, dice.
También interpretó a Mimì en su regreso al Royal Opera House en 2024. Era un hito importante: pocos artistas que egresan del programa Jette Parker vuelven al teatro como solistas. Pero la satisfacción profesional coincidió con uno de los momentos más difíciles de su vida. Apenas tres días antes había fallecido su abuela, con quien se crió, pero ella tuvo que viajar a Londres a cantar. “No alcancé ni siquiera a hacer el duelo”, dice.
Fue precisamente cuando estaba en el peak de su carrera que comenzó a pensar en la maternidad. En el mundo de la ópera, cuenta, “todos te dicen lo mismo: ‘no puedes ser mamá porque tu carrera se termina’”. Pero mientras celebraba sola su cumpleaños 32 en Francia durante una producción de I Capuleti e i Montecchi, tomó la decisión. “Pensé que la vida era demasiado corta para seguir esperando. Entonces dije: ‘Sabes qué, abuelita, Diosito, mándenme a mi bebé cuando tenga que llegar, porque yo sé que va a ser el momento perfecto’”.
Poco tiempo después quedó embarazada. Continuó cantando durante los nueve meses y su última función fue en junio de 2024, con ocho meses de gestación, interpretando a Micaëla en Carmen en el Royal Opera House.
Apenas seis semanas después del parto volvió a subir a un escenario. Viajó junto a su pareja y su hijo de poco más de un mes de vida para debutar como Mimì en la Ópera de París. Además, hizo un acuerdo con su agencia para privilegiar, durante el primer año de su hijo, shows en Chile y Latinoamérica.
Hoy continúa viajando constantemente —en junio protagonizó I Capuleti e i Montecchi en el Colón de Buenos Aires, y en agosto estará de regreso en el Municipal de Santiago con Romeo y Julieta—, aunque ya no sola, porque en cada gira la acompaña su hijo.
“La maternidad llegó a ser un complemento de mi carrera. Totalmente. Esa soledad que sentía antes, cuando llegaba al hotel, ahora es muy distinto. Llego y está mi hijo ahí, durmiendo al ladito, abrigadito. Es algo que para mí es impagable”, dice Yaritza Véliz.

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