Achtung: Temporada de caza
En La Moneda profunda ven “peligroso” el vuelo que toma Parisi en este río revuelto por el vórtice de la acusación constitucional contra Nicolás Grau y la lucha por el megaproyecto: la mira está encima de ese débil equilibrio parlamentario en futuras contiendas. Como se teme que el libelo inaugure una espiral de persecuciones contra el Gobierno -y el espinoso acertijo de una contra el exPresidente Boric-, que en esta vuelta la báscula caiga de nuevo en manos del PDG y que la derecha se siga tensando nutre la duda de quiénes serían los cazadores y quiénes las presas.
Por: Sebastián Minay
Publicado: Sábado 13 de junio de 2026 a las 21:00 hrs.
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En los seis días que han pasado desde que tres diputados del Partido Republicano del Presidente Kast y cuatro del Partido Nacional Libertario (PNL) de Johannes Kaiser activaran una espoleta de tiempo al cumplir su amenaza de presentar la acusación constitucional contra Nicolás Grau Veloso -arrastrando a la línea de firmas a dos RN, tres PDG y un PSC- se están hacinando frentes de preocupación en la ribera gobiernista. Y al decir de distintos actores, la tesis de su supuesto impacto sobre la tramitación del megaproyecto quizá no sea la mayor de las tribulaciones.
Miremos los grumos de esta sustancia que comienza a cuajar a medida que el reloj vuela hacia diversos hitos críticos. Concediendo un margen móvil, se ha repetido que el buque madre del Presidente Kast, su ministro Jorge Quiroz y compañía debiese surcar la votación en general de la Sala del Senado hacia la penúltima semana de este mes, sino la siguiente. Si lo logra, quiere decir que cuando esa litis luego esté trabada en su discusión en particular en la Cámara Alta, entonces la sala de Diputados resolvería (a fines de junio o inicios de julio) el juicio político contra el exministro de Economía y Hacienda.
Si la acusación contra Grau gana esa primera mano y pasa al Senado, allí debería concluir, para bien o para mal del exministro, de todos los barrios de la derecha, y para el Gobierno, a más tardar hacia fines de julio (el Senado tiene hasta 30 días para fallar, según el Artículo 196 de su Reglamento). El destino del megaproyecto dependerá de si el balancín de votos acorta o alarga el match: si todo termina en un seguro tercer trámite de vuelta en la Cámara, que comenzará desde la penúltima de julio, o si después de eso nos vamos a un alargue en una comisión mixta que ya es pasto de interés.
Al, digamos, 31 de julio ese tren nos dejará a exactas seis semanas de otra fecha. El 11 de septiembre vence el plazo constitucional -y en este párrafo es un mero dato- para que se pueda acusar constitucionalmente al exPresidente Gabriel Boric. En casi todos los recovecos asociados a esta línea de tiempo, el PDG de Franco Parisi se las ha ingeniado para involucrarse decisivamente.
Delineados estos bordes, a lo que vinimos.
1 Puros valientes
No pasaron ni dos semanas desde que el ministro de Hacienda denunciara el multimillonario error en la proyección de deuda (26 de mayo) para que la idea de acusar a Grau mutara de ser lo que Chile Vamos leía como una provocación de Nacionales Libertarios y Republicanos, a contar ahora con los diputados UDI cuadrados para no seguir quedando arrinconados por los primeros, y los de RN tratando de apartarse rápidamente de ese callejón. Como sabemos, esta ola ha llevado a que sólo desde el lunes, cuando se presentó, el conteo de votos pasara de un volumen incierto a lo que ya pinta -aun cuando falten al menos dos semanas- para una derrota contundente del exministro en la sala. Cuando ya estaba tomando ese color, Parisi apareció el jueves a adelantar que los suyos se podrían sumar.
Fue todo tan rápido como para olvidarlo, pero no. En las derechas se comenta, critica, lamenta y se advierte al proyectar lo sucedido. Por algo en Palacio hacen ver que uno de los efectos más preocupantes de este primer apartado de la temporada de caza es que el arco oficialista no sólo se desordene en la votación sino que después se comiencen a cobrar agrias cuentas.
La presión sobre este vuelco va más allá de esquivar divisiones: no alimentar nuevas acusaciones de cobardía política desde el ala más dura. Como están las cosas, en el sector leen que quienes sigan reacios al libelo tal vez no logren zafar del brete faltando a la sala o votando abstención (en contra, ni pensarlo), amparados en que no serán dirimentes si el PDG da la mayoría. En Republicanos hay voces que insisten en advertir que, pase lo que pase, no olvidarán a quienes no voten a favor.
El problemón de fondo que ya ven algunos es que si con tal de evitar una guerrilla se timbra el pase de la acusación al Senado, ¿se podría propagar este mismo ambiente hacia allá? El pronóstico generalizado es que este lance se perderá en la Cámara Alta. Pero hoy es hoy y mañana es mañana.
Por ejemplo, habrá que ver si en adelante el ala más dura sigue la línea que Kaiser advirtiera el jueves a los senadores de derecha: que decidan si responsabilizan “del desastre económico” a Quiroz o a Grau, que fue nada menos que un eco a la acusación -otra vez el PDG- de Pamela Jiles de que la otra derecha salvará al exministro. Para más drama, entre los diputados republicanos pasan un aviso: que los senadores lo piensen bien, porque el voto “equivocado” les puede pesar en las próximas senatoriales. “Piensen por qué ganó (Diego) Ibáñez y no (José Miguel) Insulza”, advierte uno.
Claro que en el Congreso sobran las voces que en privado apuntan o no niegan que quien abrió la puerta de todo esto fue el mandatario. No una, sino que dos veces: en una de las entrevistas televisadas en la víspera de la Cuenta Pública, y el lunes 8 desde su gira en el norte, cuando al desestimar la eterna pregunta de si la acusación funge de moneda de cambio por el paso del megaproyecto en el Senado, no se contentó con eso y sentenció que “está bien que se discuta y que se analice y que se vote. Y después será el Senado el que tendrá la última palabra”.
La Moneda asegura que no han hecho gestiones ni a favor ni en contra de la acusación, pese a que reporta al menos el caso de una parlamentaria que pidió licuarla. En RN algunos lamentan que no la frenaran. El rol del Gobierno sigue llamando la atención luego de que ese mismo jueves el biministro de Economía y Minería Daniel Mas dijera que las irregularidades en el Censo 2024 detectadas por la Contraloría “se tienen que investigar y si hay responsabilidades políticas, el ministro de Economía (Grau entonces) tiene que asumir”.
2 El Caso Boric
“Es una fantasía” reiteran en lo alto de Palacio ante esto que arrancó como leve zumbido hace un par de semanas y ahora parece turbina: que después de Grau vendría Boric (a este ritmo es cosa de días para que le llegue la pregunta a Kast en un punto de prensa), o que, mejor dicho, esta acusación podría ser una toma de temperatura de quién es quién en el barrio si es que después asoma la presión de ir por el premio mayor.
Lo de fantasía da para pensar porque si acusar a Presidentes choca con el murallón chino de los dos tercios en el Senado (el artículo 53 de la Constitución exige ese quórum) y a duras penas estamos con la canción de los “dos o tres votos” por sobre la mayoría simple para el megaproyecto, ¿por qué estamos hablando de esto? El asunto es que hasta los aliados del exmandatario dan por hecho que sus adversarios intentarán hacerlo.
Rebobinemos un poco. Este buzz-buzz partió hace un par de semanas cuando el capitán republicano Arturo Squella contestó con su “no, pero no se puede descartar” cuando le preguntaron en T13 Radio si la estaba impulsando. En las mismas páginas que advertimos de esto, Jiles adelantó la frase que días después lanzó a estadio lleno en el hall del Pensador de la Cámara (“si son tan choros, porque no le hacen una acusación a Boric”).
Con los días el asunto comenzó a circular en paneles radiales y siempre se podrá decir que palabras sacan palabras, pero la cosa es que el jefe de bancada del Partido Republicano, Benjamín Moreno, respondió el jueves en la mañana que “si me dicen que Boric se mandó una especie de Rodríguez Zapatero, que no quepa duda que ahí vamos a estar“ y que “si tuviera más antecedentes, podría ser una posibilidad”. Cierto es que Luis Fernando Sánchez, otro diputado repubicano -integrante de la comisión revisora- se alejó de ahí usando palabras como “ligereza” y que los libelos no los usan “para la chacota”, pero ya está: debate instalado.
¿Qué va a hacer el partido del Presidente? Como quedan 12 semanas y cinco días para ese deadline constitucional (el de Grau apuró su acusación) de momento es un acertijo casi tan grande como el de qué conversaron el mandatario y el prominente magnate Peter Thiel. En el grupo de diputados que hipotéticamente tendría que empujar la ola inicial en el Congreso admiten que lo han conversado, mas que de momento -como diría Dirk Bogarde- es un puente demasiado lejos. En privado hay voces que reconocen que nada les gustaría más pero que habría que tener causales; sin ellas sería irresponsable. En el gremialismo, la fila que en dicho supuesto recibiría la primera ola de choque, hay veteranos que con el diario de hoy se niegan a ver a su gente haciendo -dicen- lo mismo que la izquierda hizo con ellos en Piñera II.
Resumen: en el ala dura faltan causales pero no ganas. Nadie lo ha dicho en público, pero como todos sabemos que un libelo ganador castiga al sentenciado con cinco años fuera de la función pública, por ahí debe estar la tentación de dejar a Boric fuera de la papeleta presidencial 2029.
Volviendo a las alturas de Palacio, junto con lo de fantasía rechazan la idea de acusarlo por miope: sólo se conseguiría regalarle a la oposición un potente engrudo que hoy no tienen. Veamos cómo sigue porque ahora que el exmandatario ha salido vistosamente de su silencio justo esta semana -encarando las críticas por lo del CAE y el lío Grau- al menos habrá más coletazos mediáticos.
3 Francamente peligroso
Esta maraña de líos nos lleva al mamut lanudo -elefante queda chico- en la habitación: Parisi y el PDG. Si antes ya cundía malestar por su acuerdo con el Gobierno que permitió aprobar el megaproyecto en la Cámara, la CEP N°56 certificó los temores de que, además de caro en plata, ese negocio puede terminar costando impagable. El economista celebraba el jueves que la encuesta lo premiaba con un salto de 11,3% en evaluación positiva, empatando a 35 puntos con Kast y el gobernador metropolitano Claudio Orrego, con menos rechazo que ambos, y sólo superado por el alcalde Tomás Vodanovic.
“Hay muchos factores que se están conjugando en este buen resultado. Estamos seguros que nos va a ir muy bien en las elecciones de alcaldes, concejales y cores y lo más probable es que ojalá seamos Gobierno el 2030”, dijo entonces. Desde el famoso acuerdo de los pañales y medicamentos (reembolsar el IVA por esos gastos) la incidencia decisiva de sus 13 escaños en la Cámara ya tiene a varios en Chile Vamos seguros de que no es buena idea confiar en una fuerza basculante.
En las altas capas de La Moneda no esquivan el fardo: “Es peligroso. Es un factor peligroso”. Algunas autoridades lo leen así: de persistir esta tendencia, y si el socialismo democrático no es capaz de sacudirse del FA y el PC, se puede contornear una presidencial 2029 en que va a costar mucho ganarle a Parisi si la oposición termina compitiendo desde la banda a la izquierda de la izquierda. El patrón se repite, según quién, ante las quejas por el “Pacto de los Pañales”: si esa parte de la oposición hubiese colaborado, no habríamos tenido que negociar con el PDG, retrucan desde el Ejecutivo.
Pero como gracias al Caso Grau -y una vez cerrada la ventana para perseguir más exministros- se ha asumido como si nada que entramos a la famosa espiral de acusaciones contra el Gobierno, desde el Presidente Kast a su gabinete, así de rápido se comenta también la inquietud de si acaso el día de mañana los 13 votos de Parisi no se volverán en contra. En la sede de gobierno lo saben, y argumentan que incluso en el peor escenario, al menos cuatro o cinco de esos diputados no votarían para destituir a nadie.
A todo esto, el “Pacto de los Pañales” está recién en los mismos, cuesta arriba… y dado lo anterior, más vale que se cumpla. El proyecto de ley está iniciando su tramitación en la Comisión de Desarrollo Social de la Cámara -con suma urgencia- y según cuentan en La Moneda eso no tiene buen pronóstico. Además de gruesos reparos de parlamentarios recogidos en otros medios por una débil cobertura y mecanismos de dudosa eficiencia práctica, ahora resulta que la ministra del ramo, María Jesús Wulf, también tendría una evaluación tan, tan baja del texto que habría dado aviso a autoridades del Comité Político.
En los partidos de gobierno obviamente no hay una sola visión de esto. En el Legislativo hay quienes advierten que puede haber parlamentarios tentados a torpedear el proyecto de los pañales para que Parisi no siga subiendo, y también quienes prefieran que más vale que se apruebe luego, antes de que el megaproyecto vuelva a la Cámara a su tercer trámite, para evitar regalarle al PDG un casus belli o descuelgues de la reforma amparados en que no se cumplió el acuerdo. “Los compromisos hay que cumplirlos siempre”, tercian en Palacio.
4 Cacería de votos
El jueves de la semana pasada (4 de junio), el senador por Magallanes Alejandro Kusanovic finalmente llegó a La Moneda, a reunirse con el ministro del Interior. No va a fallar, responden en el Ejecutivo ante la pregunta de si se logró convencer al tan díscolo y rebelde congresista de cerrar el conflicto que lo tenía amenazando con votar en contra de la idea de legislar del megaproyecto.
La mayoría simple en la Sala del Senado para aprobar esta fase de la tramitación -se insiste en el Gobierno- ya estaría casi en la mano. Habrá que ver cuando eso ocurra. Del senador Miguel Calisto suele decirse que es un voto a favor, aunque él ha insistido que lo haría a condición de que el Gobierno haga suyas indicaciones al megaproyecto que irían en beneficio de empresas de Aysén, su zona; que garantice la sostenibilidad de la reforma en el tiempo, y que se aumente el financiamiento de las políticas públicas.
El miércoles, el senador exDC y los del bloque de las derechas almorzaron con el ministro Quiroz en el cuarto piso del Senado. Le plantearon inquietudes ante los recortes de salud; les habría dicho que a lo más serían postergaciones de obras pero no daño a la atención, y que en caso de más dudas fueran con la ministra May Chomalí.
A esas alturas ya circulaba el ruido por el lanzamiento de la temporada de acusaciones, y las advertencias opositoras de que si la megarreforma o sus cálculos financieros no terminan bien, entonces Quiroz también es acusable. El clima llevó a algunos senadores derechistas a decirle medio en broma que considerara la idea de renunciar seis meses antes del fin del período presidencial de Kast si no quiere pasar por lo mismo de Grau.
Mientras parte del ala oficialista cree o quiere que se deben flexibilizar criterios, al morir esta semana las pistas provenientes de Teatinos 120 indican que el jefe de Hacienda no está dando mucho brazo a torcer. ¿Reformular y ya no eliminar lo del Sence? Quizá, pero con exigencias. ¿Retirar el carísimo crédito al empleo? No ha dado señales de ello. ¿Dejar de insistir con lo de la exención de contribuciones? Tampoco demasiado.
Aunque el Gobierno ya asumió que desde el Senado el texto volverá a la Cámara una vez más para ser debatido en tercer trámite (ya que ambas no aprobarán lo mismo), mucho desearía -se comenta- que esto concluyera ahí y que se pueda ir a ley. Pero también comienza a masticarse que es factible que las futuras votaciones arrojen más discrepancias y lleguemos a una Comisión Mixta.
Esta última se compone de 10 congresistas: cinco senadores y cinco diputados, que tienen que zanjar las últimas discrepancias (se espera que sea un puñado de normas). El lío es que mientras en el Senado es tradición que sean los de la Comisión de Hacienda -donde la derecha tiene mayoría-, en la Cámara han operado diversos métodos consuetudinarios. En Palacio adelantan que el objetivo es garantizar que las cosas ocurran de tal modo que la casa quede arriba 6 a 4, para no arriesgar ninguna sorpresa indeseada… pero en el Legislativo aclaran que eso lo debería decidir la sala votando una proposición de la mesa. ¿Qué hará el PDG?
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