Anil Sadarangani: “La innovación abierta es buena, pero no es sostenible, hay que ser un partner de las empresas”
La casa de estudios sumará biotecnología e innovación a sus líneas de investigación y evalúa crear un centro de inteligencia artificial en 2020.
Por: Sofía Neumann
Publicado: Lunes 12 de agosto de 2019 a las 04:00 hrs.
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Dejar de invertir en ladrillos y apuntar a la Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) aplicada. Ese es el llamado que Anil Sadarangani, director de la Dirección de Innovación de la Universidad de Los Andes, hace a los empresarios y a la academia.

Desde su llegada hace un año, el científico especialista en biología molecular inició una cruzada para crear productos en las universidades que lleguen al mercado. “Debe existir transferencia tecnológica, no es investigar por investigar. Para esto hay que trabajar estrechamente y funcionar como partner de las compañías”, dice Sadarangani.
La dirección de innovación se creó hace una década. En este tiempo ha invertido US$ 60 millones en I+D+i con foco en biomedicina, tiene 80 solicitudes de patente -siete concedidas-, y posee cuatro empresas como Cells for Cells (C4C), spin off de terapia celular, y que al año factura US$ 500.000.
-¿Cómo ha evolucionado la relación academia-empresa?
- Las empresas están reconociendo a ciertas universidades y éstas también han hecho un cambio cultural interno: ya saben que es necesario que los investigadores cambien y trabajen al ritmo del sector privado, con presupuesto acotado. Las universidades están haciendo innovación abierta, donde una empresa llega con desafíos y las instituciones ayudan a resolverlos. Yo creo que eso está bien, pero no es sostenible. Hay que trabajar estrechamente con el sector privado y funcionar como un partner de las compañías, lo más difícil de esto es atraer a las empresas a la academia.
-¿Por qué ocurre esto?
-Es un tema cultural. En Estados Unidos los empresarios se acercan a las universidades porque saben que ahí hay capital humano para resolver sus problemas. También pasa por la academia, acá es súper cómoda, hay académicos que sólo quieren realizar investigación básica, pero también se deben generar productos.
-¿Cuál es el paso que las universidades deben dar?
-Generar papers es importante, pero debe existir transferencia tecnológica, transferir el conocimiento a la sociedad y a la industria. Lo estamos haciendo en estrecha relación con empresas, hay que trabajar desde temprano juntos para que la investigación no se quede en una publicación.
En Chile los empresarios están acostumbrados a invertir en ladrillos, por eso intentamos engancharlos y establecer confianza. Por ejemplo, mostramos los proyectos a inversionistas de la Escuela de Negocios y les planteamos crear modelos de negocio, para conocer la parte técnica y ver cómo salir al mercado. En 2017 ganamos un Programa de Apoyo al Ambiente de Innovación y Emprendimiento (PAEI) y capacitamos a 70 empresarios sobre cómo invertir en biotech y sus retornos.
-Chile invierte en I+D 0,36% del PIB, muy por debajo del promedio OCDE de 2,4%.¿Cuál es su visión?
-El Estado invierte muy poco. Chile tiene buena calidad de investigación que debe aplicarse y convertirse en productos para el mercado y para eso se necesita más inversión. También se requiere financiamiento para el escalamiento. Espero que el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación se haga cargo de encausar el desarrollo hacia el mercado y mejorar la inversión.
La Comisión Nacional de Acreditación también debe cambiar, sigue enfocada en mirar la cantidad de papers y no las patentes o el número de spin off. Hay que crear una dinámica donde se valorice la innovación aplicada. No podemos seguir vendiendo cobre, tenemos que hacer un producto con valor agregado para exportar.
Las empresas también invierten muy poco en I+D, no llega ni a un tercio. Compran cosas de afuera y las venden. Aún no hay un cambio de mentalidad, no obstante, ya hay iniciativas que ayudan, como la Ley de Incentivos Tributarios a la I+D.
-¿Qué proyectos tienen en carpeta?
-Estamos desarrollando un área de impacto en innovación social, con tres focos: envejecimiento de la población, formación de cuidadores de personas con discapacidad intelectual y cambio climático. Queremos ser como una incubadora para ayudar a los alumnos en sus proyectos. Estimo que estará disponible este segundo semestre de 2019. También estamos explorando crear un centro de inteligencia artificial transversal a diversas áreas en 2020 y estamos apuntando a proveer soluciones a la industria minera.
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