Francisco Javier Díaz es Bacheletista de corazón y fue uno de los personeros del “segundo piso” más cercanos a la ex presidenta. Miembro de la nueva generación de socialistas, acaba de ser elegido en el Comité Central del partido. Abogado y cientista político trabaja en Cieplan y acaba de publicar, junto a Lucas Sierra, un interesante libro “Democracia CON partidos”, del cual ambos son editores. Mientras espera como muchos otros la decisión de Bachelet, como sagaz analista que es, realiza una evaluación general del año político que se va, planteando, por una parte, la falta de sello histórico del gobierno y, por otra, la necesidad de una segunda renovación socialista.
“Este es el año del padrón electoral, el voto voluntario y la incorporación de 5 millones de nuevos electores. Es un verdadero momento fundacional en nuestra política que puede durar por décadas. Quien así no lo sopese cometerá graves errores. Desde 1988 teníamos un padrón congelado, con casi nula movilidad territorial, mesas singularizadas, donde se sabía cómo se había votado en ellas en las 12 elecciones para atrás. Hoy en cambio, tenemos un padrón con millones de nuevos votantes, donde hay incertidumbre a raíz del voto voluntario, movilidad territorial que impide rastrear el patrón histórico de las mesas, donde están unidas las de hombres y mujeres, todo lo que nos enfrenta a un nuevo e inédito escenario. En ese marco, hoy se hace fundamental provocar cierta deliberación en la mente del elector, abandonando la publicidad indiscriminada, las palomas en la calle, la simple recordación del apellido del candidato. Todo eso se acabó”.
- Pero no se notó ningún cambio mayor en las municipales…
- Los partidos inteligentes tienen que repensarse o van a sucumbir electoralmente. La derecha cometió el error de creer que nada había cambiado, se la jugó haciendo marketing tradicional y ahí están los sonados fracasos de Zalaquett, de Labbé o del propio Sabat que si bien al final no perdió, bajó su votación en casi 20 mil votos.
- Entrando en las presidenciales, ¿Cuándo se decidirá la candidatura de Bachelet?
- Ella aún no ha comunicado su decisión, por lo tanto, hay que esperar que eso ocurra. En todo caso, no hay que ser muy pitoniso para darse cuenta que si ella vuelve, tiene una posición inmejorable para ser la próxima Presidenta de Chile y, por lo mismo, el PS debe plantearse sólo en ese escenario.
- ¿Está perjudicando su silencio a la oposición?
- Creo que era bastante inoficiosa su proclamación antes de las municipales. Su silencio en estos meses fue muy útil para la Concertación por dos razones: ésta se vio obligada a hacer su trabajo con mucha concentración y aplicación, ya que si ella hubiera vuelto es probable que los partidos hubieran simplemente descansado en su popularidad; y segundo, porque hubo una cierta intuición, un atisbo que se estaba frente a un nuevo escenario electoral lo que permitió presentar candidaturas más cercanas a la gente, con discursos más programáticos que caudillescos -como las de Tohá y Josefa Errázuriz- que cooperaron al triunfo. Así, obligada por la necesidad, la suerte de la Concertación dependió de su propio trabajo y en ese sentido, el silencio de Bachelet fue positivo.
- Sin embargo, ese silencio llevó a que su ex ministro, Andrés Velasco, levantara su propia candidatura...
- Es muy positivo que exista un candidato de centro progresista como Velasco, en una coalición que tiene partidos de izquierda. Es bueno que la coalición sea lo más amplia posible y no lo más reducida posible. Además, en términos ideológicos, su candidatura nos obliga a nosotros, los socialistas, a realizar una segunda renovación.
- ¿Cómo así?
- La renovación socialista de los 80 y 90 fue realizada sobre la base de aceptar la democracia como método único de acceder al poder, valorizar los derechos humanos como una ética fundamental en el programa de gobierno y aplicar políticas de mercado. El paso que hay que dar ahora, es darle un contenido ideológico a la relación Estado-Mercado, que los socialistas no hemos hecho. Aplicamos dicha política durante 20 años, pero ideológicamente no la hemos explicado. Velasco es una persona con tanto contenido político e ideológico, que nos obliga a hacer esa reflexión. Creo que la social democracia en Chile debe aprender a convivir con el individualismo creciente de la sociedad y armonizar aquello con nuestros valores más comunitarios. La conjunción entre la socialdemocracia y el liberalismo progresista es una tarea ideológica pendiente en Chile.
- ¿Se conformó ya el grupo que está armando el programa de Bachelet?
- No lo sé. Evidentemente, yo trabajo en un centro de estudios (Cieplan) y aquí analizamos políticas públicas, al igual que se hace en los partidos. Es natural que ese análisis se haga para un período concreto y no en el aire. Ello puede en algún momento parecerse a un programa, pero al menos yo no estoy trabajando en ninguna comisión mandatada por Bachelet para un programa de su eventual gobierno.
- Con todo, hay que tomar decisiones. Será un programa basado en el eje PS-DC o con un giro más hacia la izquierda?
- Esa discusión fue bastante artificial. Primero porque el eje PS-DC, en los hechos, se evaporó al día siguiente de la elección municipal, ya que el PS y el PPD han manifestado su intención de que Bachelet sea la candidata de ambos partidos en la primaria de la oposición y la DC, por su parte, tendrá su propio abanderado en esas primarias. Es obvio que no puede haber dos candidatos presidenciales de un mismo eje. Por otro lado, nunca se logró apreciar en su completa dimensión qué significaba el giro a la izquierda. Los documentos programáticos de aquel giro eran débiles, como el del PPD, o eran los mismos que los nuestros. De hecho, la propuesta tributaria y educacional, que elaboró la oposición el año pasado, fue suscrita por todos los sectores.
- Pero esa discusión marcó de alguna manera el año político de la Concertación…
- Insisto que fue artificial motivada por razones electorales y por algunos sectores con demasiada ansiedad por erigirse como actores políticos de mayor relevancia, ya sea para entrar en un eventual gobierno o para negociar mejores posiciones parlamentarias. A mi juicio, la Concertación y la oposición deben primero concordar un programa razonable y posible de cambios, en materias estructurales. Digo razonable porque hay que ponerlo en la realidad de lo que es posible hacer en 4 años con las condiciones institucionales y económicas que existen, pero también que considere reformas estructurales. Me resisto a pensar que 2011, el año de las movilizaciones con miles de personas en la calle pueda pasar y no tenga efecto en la política.
- ¿Eres partidario que el PC participe activamente en un eventual gobierno de Bachelet?
- Yo no me salto etapas. Soy partidario de buscar la mayor convergencia en aspectos esenciales de un programa y si se logra, que todos, eso sí, se unan a éste. No tengo trancas con el PC y parte importante del desafío va a ser buscar acuerdos.
- ¿Con quién le conviene más competir a Bachelet, con Golborne o Allamand?
- Nos conviene que sigan peleando entre ellos para ganar las elecciones. La falta de experiencia de Golborne y la beligerancia sempiterna de Allamand hace que se estén abriendo flancos mutuos que les pasarán la cuenta. En lo personal, me da lo mismo quién sea. La diferencia entre ellos es como entre la Coca-Cola y la Pepsi, una misma propuesta y una diferencia mínima de sabor.