Más de una maldición sobrevuela la política chilena. Conocida es la dificultad que han encontrado poderosos e incluso populares ministros de Hacienda para alcanzar la presidencia del país. Es cierto que existe el contraejemplo de Jorge Alessandri (ministro de Gabito González Videla), pero Alessandri fue diputado, senador y líder empresarial más que un puro hombre de las finanzas públicas.
Caso emblemático fue el de Gustavo Ross, quien fue derrotado estrechamente por Pedro Aguirre Cerda en lo que fue una sorpresa de espanto para las clases dominantes. Ross era conocido por algunos como el mago de las finanzas en el gobierno de Alessandri Palma y para otros que lo querían un poco menos como el ministro del hambre. La vida es dura para quien cuida la billetera.
En los tiempos modernos hay varios que lo han intentado de todos los colores y todos han naufragado. Hernán Büchi con contradicción vital a cuesta, Alejandro Foxley que no llegó a la papeleta, Andrés Velasco que con un poco de mejor timing político pudo haber sido un gran candidato en Bachelet I, pero terminó compitiendo de arroz graneado con Bachelet II y por último Nicolás Eyzaguirre quien, si bien nunca lo verbalizó, hizo denodados esfuerzos donde incluso estuvo dispuesto a hundir la educación pública y privada del país en busca de popularidad. Logró lo primero -hundir la educación- y fracasó en lo segundo.
Otra maldición es la de los alcaldes. Quien estuvo más cerca fue Joaquín Lavín, quien miró de cerca la copa, pero no le alcanzó y luego hizo diversas intentonas sin repetir ni de cerca su primera performance. Y más recientemente doña Evelyn, que dos veces presentó su candidatura presidencial y en ambas, en circunstancias muy distintas, las cosas no anduvieron bien. Ser alcalde o alcaldesa ha sido una excelente plataforma para transformarse en candidato y una muy mala para ganar (un dato para el alcalde Vodanovic).
Pero quizás la maldición más conocida es que nadie que votó por el SÍ en el plebiscito del 88 ha logrado ser Presidente en los años posteriores (van ochos presidencias), incluso la derecha tuvo en Sebastián Piñera a un representante del NO a Pinochet. Hoy todo parece indicar que esa condena se va a acabar con José Antonio Kast. Además de su sólida primacía en las encuestas, ha articulado una campaña prácticamente sin errores durante largos meses, lo que hace muy improbable que cometa uno morrocotudo en los pocos días que quedan para la elección.
Muestra de la cuasi perfección de la campaña de JAK fue la visita y foto con el exPresidente Frei esta semana. Más allá de la discusión sin asunto de cuántos votos mueve hoy Frei, lo que se articuló en esa reunión fue el imaginario de que independiente de la vertiente de la que viniesen -muy distinta entre los dos- se volvían a reunir aquellos que confluyeron en el Rechazo al texto propuesto por la Convención Constitucional el año 2022.
Porque lo que puede estar pasando aquí es que la maldición del 5 de octubre no desaparece por arte del olvido y menos de magia, sino que puede estar surgiendo una nueva para aquellos que estuvieron por poner al país al borde del precipicio un 4 de septiembre. Si es el caso, se la merecen con largueza.