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Entre esos ideales y metas sobresalen la verdad y la vida. Dijo Jesús : “Yo soy la Verdad y la Vida”. Pero antepuso : “ Yo soy el Camino”. Como diciendo : “ si transitan por mí y conmigo, llegarán a donde Yo estoy, alcanzarán lo que Yo soy : la Verdad y la Vida”.
Alguno podrá temer : “este Camino me excede. Mis dimensiones no dan para que yo transite por la gran autopista. Dejemos esta travesía para los grandes, los sabios, los perfectos. Lo que yo necesito es un caminito. Que llegue igual a destino, pero a pasos cortitos, porque yo soy chiquito y muy sencillito. Yo quiero la Verdad y anhelo la Vida : muéstrenme un caminito”.
A ese temor, a esa necesidad respondió la Providencia divina suscitando a Teresita del Niño Jesús, Teresa de Lisieux. Benedicto XVI acaba de recordarla, en su catequesis de los miércoles. No porque sea o fuera su fiesta ( se celebra el 1 de octubre), sino porque es Doctora de la Iglesia, junto con Teresa de Avila y Catalina de Siena. Y el Papa está desarrollando un ciclo sobre Doctores de la Iglesia : varones, mujeres que a la par de su santidad han enriquecido a la Iglesia con el carisma de la sabiduría, mostrándole caminos para llegar a la Verdad y a la Vida.
El caminito de Teresa está basado, por cierto, en el Camino: fue Jesús quien dijo que el reino de los cielos está reservado a quienes son o han vuelto a ser niños. Depuesta toda arrogancia y soberbia, cancelado el voluntarismo titánico de creerse y actuar como si uno fuera el exclusivo operario del propio destino, la pequeña Teresa sólo conoce un camino para encontrarse con Dios: abandonarse en sus manos, dejarse tomar por su amor benevolente, creer sin dudar, esperar contra toda esperanza, y sobre todo amar. “¡Dios mío, Jesús mío, yo te amo!”, fueron sus palabras al expirar, con el Crucifijo en sus manos. En su virginal adolescencia, leyendo a san Pablo, Teresita se había preguntado cuál sería su lugar, cuál su carisma o talento personal en el Cuerpo Místico de Cristo. He aquí su hallazgo : “en la Iglesia yo seré el corazón, yo seré el amor”.
Nuestra Teresa de Jesús de los Andes se formó en el mismo caminito. Carmelita como las otras dos Teresas, concentró su vida en orar, sufrir, amar y servir. La de Lisieux es Patrona de las Misiones; sin salir de su celda conventual. La de los Andes es Luz de Cristo para Chile y América. El secreto de la Iglesia siempre joven, siempre bella, siempre Madre y Maestra es transitar por el caminito del abandono filial en los brazos de Dios Padre. Sin otra ocupación, ni preocupación, ni armas, ni argumentos que orar, sufrir, amar y servir.
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