“¿Es realmente necesario seguir añadiendo más centros de datos a los 12 mil ya existentes en el mundo para alimentar inteligencias artificiales (IA) generativas de dudosa utilidad?”, planteó en su charla Desvelando la cara oculta de la IA, el investigador y experto en esta tecnología, Ramón López de Mántaras, este jueves en el Congreso Futuro.
“Lamentablemente, Chile también se enfrenta al problema de la construcción de grandes centros de datos”, agregó.
El doctor en Física e Informática de la Universidad de California, Berkeley (UC Berkeley, su sigla en inglés) advirtió que hay tres áreas que están siendo afectadas por la IA: los derechos laborales, la información y el medio ambiente por el consumo energético.
Señaló que cada centro de datos se abastece de combustibles fósiles y que una planta de gas “podría emitir 2 mil toneladas de dióxido de carbono por hora, “el equivalente a 4 millones de coches al ralentí (al mínimo de velocidad)”, y agregó que el costo mayorista de la electricidad en las zonas aledañas próximas a estas infraestructura, “se ha triplicado”.
Trabajadores invisibles
López de Mántaras comentó que “detrás de cada modelo generativo, de cada asistente conversacional y de cada imagen producida por algoritmos, hay millones de trabajadores invisibilizados cuya labor resulta imprescindible para que la inteligencia artificial funcione”.
Afirmó que se trata de data workers (trabajadores de datos), personas de contextos vulnerables como refugiados ucranianos, madres solteras de Kenia o estudiantes de India, Pakistán o Filipinas, “una cadena de producción global” que permite que las empresas accedan a mano de obra sin cumplir las regulaciones y derechos laborales ni las obligaciones sociales.
Respecto del impacto de la IA en la información y los derechos de autor, señaló que gran parte del contenido de Internet es el mismo generado por los sistemas de esta tecnología y que a medida que los sistemas de IA “se entrenan con material previamente generado por otros modelos de inteligencia artificial, su lenguaje se vuelve predecible, plagado de clichés y giros repetidos”, dijo.
También se refirió a las demandas que enfrentan las grandes tecnológicas mundiales, como OpenAI, Meta, Google y Nvidia, frente “a la infracción colectiva de derechos de autor”, un fenómeno que atribuyó a corrientes ideológicas como el “largoplacismo y el altruismo efectivo”, que buscan priorizar el valor moral de un “futuro dorado” frente a las preocupaciones inmediatas.