Una falla cardíaca le quitó la vida inesperadamente el domingo pasado al abogado Carlos Cortés Guzmán, un reconocido penalista chileno, quien en su vasta trayectoria estuvo tras muy conocidos casos como Inverlink o el Caso Penta. Pero en su faceta mucho más privada, Cortés era un fanático de las motos. Desde Santiago acostumbraba a andar en moto de carretera, solo, siendo uno de sus viajes predilectos ir por la carretera Los Liberadores a Calle Larga, cerca de Los Andes, como una forma de despejarse de su trabajo habitual como penalista.
Y en el sur, en Chiloé, donde se había construido casa hace poco tiempo en la zona del Estero Castro -donde también se había empezado a entusiasmar con la navegación a motor- también tenía una moto todo terreno, que fue la última actividad que alcanzó a practicar este domingo, cuando andando en el vehículo repentinamente se sintió mal.
Historia, filosofía
Exalumno del Verbo Divino, tras estudiar un año Historia en la PUC, Carlos Cortés optó por dar la prueba de aptitud de nuevo, y en 1989 entró a Derecho en la misma casa de estudios. “Tenía amor por la profesión. Era vehemente y responsable, pero no era un ratón de biblioteca. Le gustaban las pichangas en el Campus Oriente”, cuenta Antonio Collados, excompañero de universidad, amigo y quien fue vecino de Cortés en aquellos años.
El primer día de clases en Derecho conoció también a Sergio Rodríguez Oro, con quien hizo profunda amistad durante los cinco años de estudio, relación que seguiría por toda la vida. Luego de jurar en 1995, trabajar en el Consejo de Defensa del Estado (CDE) y haber establecido su propia oficina con socios como Juan Carlos Leva, en 2007 Cortés sumó a Rodríguez al bufete que hasta hoy funciona como Cortés & Rodríguez Abogados.
Muy inquieto intelectualmente -en 2014 incluso partió a Nueva York a la Universidad de Columbia, y realizó una pasantía por el Sistema Penal Norteamericano, tanto en las Cortes Federales como las Estatales-, Carlos Cortés comenzó hace pocos años a complementar su profesión con otra pasión mucho menos conocida: la filosofía. Primero hizo un post grado en la Uandes y en la actualidad estaba cursando otro magíster en la misma disciplina en la UAI, que no alcanzó a terminar, pues estaba preparando su tesis. “Impresionante su capacidad de leer. Leía mucho y por gusto. La formación filosófica le ayudó a argumentar y a litigar”, cuenta su socio.
La pasión por Colo Colo
Carlos Cortés murió estando en el ejercicio del cargo de director de Blanco y Negro, la sociedad anónima deportiva tras Colo Colo, a la que llegó por medio de otro reconocido abogado de la plaza, José Tomas Errázuriz Grez, socio de Barros & Errázuriz. “Nos hicimos amigos hace 30 años”, recuerda este abogado, y fue a propósito de un caso en particular en que el socio de Barros & Errazuriz, contactó a Cortés por referencias, pues en el bufete necesitaban un penalista, dado que nunca han tenido un área penal propia. “Desde ahí en adelante nunca más dejamos de ver temas juntos. Y pasamos a una relación de amistad, no solo conmigo, sino que con muchos socios y abogados de la oficina. Era una persona muy afectiva, cercana. No necesitaba que alguien lo llamara para venir a colaborar. Si se enteraba que tenía un problema, iba a llegar y se iba a ofrecer. Era muy cercano y sabía escuchar”, dice Errázuriz.
Errázuriz también recuerda que estando él de director de Blanco y Negro, pero ad portas de su retiro de esta actividad tras considerar que había cumplido su ciclo en el plantel, por su intermedio Cortés llegó a la mesa de esta sociedad. “Le encantaba que almorzáramos juntos y conversáramos de la dinámica del futbol. Carlos siempre manifestó interés en participar. Los accionistas que a mí me apoyaban y que no solo era León Vial, apoyaron a Carlos al momento de decirles que yo no me iba a repostular. Él llevaba años mostrando interés y León y otros accionistas lo apoyaron”, cuenta Errázuriz. El abogado también recuerda otro episodio más personal que los hizo estrechar vínculos. El socio de Barros & Errázuriz tiene una hija abogada, María Luisa Errázuriz, quien hace unos años atrás quería incursionar en derecho penal. Entonces, Errázuriz le pidió consejo a Carlos Cortés sobre en qué institución pública podría buscar su camino. Pero Cortés le ofreció que María Luisa llegara a su estudio, trabajando por dos años en el bufete de Carlos. “Se formó penalmente con Carlos”, cuenta Errázuriz.
La última conversación
Laurence Golborne, exceo de Cencosud, también fue una figura muy cercana a Carlos Cortés. Se conocieron hace más de 15 años, por referencias, pues Golborne necesitaba un abogado para un pariente que no tenía grandes medios para pagar los servicios, y Cortés aceptó atenderlo. Y por coincidencia del destino, años después el estudio de Carlos Cortés se convirtió en inquilino de Golborne, quien había comprado las oficinas en el piso 3 del edificio donde antiguamente estaba Celfín. Así, por bastante tiempo sus respectivas oficinas estuvieron frente a frente, en el sector de Apoquindo con El Golf. Más tarde Golborne también fue cliente de Cortés, por ejemplo, en el marco de una de las aristas del reciente caso Factop - Audio, en el que la familia de Vittorio Arrigoni con otros socios arremetió contra Antonio Jalaff, por deudas impagas.
Pero más allá de esa relación profesional, Golborne cuenta que acostumbraban a conversar y se fue estrechando una amistad. “Era un gran conversador, le gustaba la política y el deporte”, rememora el también exministro de Minería, quien cuenta que justamente hace tres semanas se habían juntado en la oficina de Cortés porque tenían que ver un asunto del juicio de Jalaff. Y al comentar sobre una nueva eventual colaboración con el nuevo gobierno, Golborne le manifestó que ya no estaba para esas lides, que ya lo había hecho. “Le dije ‘Carlos, tú eres mucho más joven que yo. Pero tienes que pensar qué quieres hacer en 5 - 10 años más. Porque uno no sabe cuánto tiempo tiene’”, rememora Golborne sobre aquella última charla con Cortés. “Estuvimos conversando de cómo él se veía más adelante, y yo le explicaba cómo yo estaba enfrentando este período de mi vida. Hablamos de eso, que a él en algún momento le hubiera gustado bajar el ritmo. Pero la vida tenía otros planes. Esa fue la última conversación que tuvimos, a fines de enero”, rememora Golborne.