Innovación y Startups
DF Lab Opinión / Crisis del emprendimiento chileno
"Chile parece haber normalizado una idea peligrosa: que la deslealtad sea parte del riesgo, que el abuso de poder sea carácter y que el oportunismo sea astucia"
Por: Conzuelo Pi, manager partner de Who & Co. Mentora e inversionista ángel
Publicado: Lunes 2 de marzo de 2026 a las 10:03 hrs.
Conzuelo Pi, manager partner de Who & Co. Inversionista ángel de ChileGlobal Angel y mentora.
Chile ha acumulado en los últimos años una serie de casos empresariales que ya no pueden leerse como hechos aislados. Colusiones, financiamiento ilegal de la política, manipulación de información y abusos persistentes han ido borrando la frontera entre hacer lo correcto y alcanzar el éxito económico a cualquier costo.
Lo inquietante es que esta crisis ya no se limita a grandes empresas. Hoy ha permeado aquello que Chile elevó a símbolo de modernidad: el ecosistema emprendedor. Startups que falsean información para sostener rondas, directorios que existen solo para la foto, decisiones concentradas en pocas manos y un relato que reduce todo a “errores de aprendizaje”. La narrativa es conocida: crecer rápido, corregir después y asumir responsabilidades solo si es necesario.
Pero cuando la omisión es deliberada, cuando la concentración de poder impide contrapesos y la rendición de cuentas se percibe como una molestia, ya no hablamos de errores, sino de una falla ética. La confianza ha dejado de ser un valor compartido y se transformó en una apuesta individual: confía bajo tu propio riesgo. Sin confianza entre desconocidos no hay relación económica sana ni innovación sostenible.
Chile parece haber normalizado una idea peligrosa: que la deslealtad sea parte del riesgo, que el abuso de poder sea carácter y que el oportunismo sea astucia. Cuando las malas prácticas reemplazan la probidad, la economía se debilita y el tejido social se erosiona.
Instalamos una cultura empresarial que priorizó resultados por sobre responsabilidades. El éxito se midió en crecimiento acelerado, rondas de financiamiento, valorizaciones y visibilidad en redes. La transparencia y la honestidad quedaron reducidas a declaraciones útiles para el marketing, frágiles frente a la presión de no perder una oportunidad. Sin embargo, no son accesorios comunicacionales: constituyen la base mínima de legitimidad.
Hablar de ética empresarial no es moralismo, es hablar de reglas del juego, incentivos y límites claros.
La pregunta es urgente: ¿qué estamos dispuestos a transar con tal de ser exitosos? Cada vez que nos enfrentamos a una decisión moralmente incorrecta, nos volvemos personas con las que será imposible construir algún proyecto futuro común con otros desconocidos.
La conclusión es clara: es mejor asociarse con personas buenas antes que con personas brillantes, pero poco confiables.
En un ecosistema donde la confianza se ha vuelto escasa, la verdadera ventaja competitiva es rodearse de personas éticamente sólidas, incluso si eso implica avanzar más lento.