La pobreza infantil es mayor que el promedio nacional, pero además se ve menos favorecida por los subsidios. Así lo constató un estudio realizado por los investigadores del Centro de Estudios Públicos (CEP), Sebastián Izquierdo, Andrés Araya y Gabriel Ugarte -futuro subsecretario de Evaluación Social-, sobre la base de los datos de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) 2024.
El zoom llegó a determinar que un 22% de los hogares con menores está en situación de pobreza por ingresos, lo que significa una clara diferencia respecto al 17,3% del promedio a nivel nacional.
A su vez, los hogares con personas entre 0 y 17 años tienen una mayor concentración en la población más vulnerable: el 49,1% de estos se ubica en los dos primeros quintiles.
Una situación que es más dramática cuando se analiza por composición. El 39,8% de los hogares monoparentales con jefatura femenina viven bajo la línea de la pobreza, mientras que en el caso de jefaturas masculinas son el 18,3% y con dos adultos es el 19,6%.
La vulnerabilidad sube por tramo de edad. Hacia 2024, mientras la pobreza nacional alcanzaba un 17,3%, esta se situaba en 25,7% entre los niños de 0 a 3 años y en 24,6% entre quienes tienen entre 4 años y 17 años.
Beneficios monetarios
La investigación también expuso que la política social tiene una dinámica de alta cobertura, pero baja intensidad promedio en el caso de hogares con menores.
Los datos indicaron que el 59,9% de estos tienen acceso a subsidio, muy por encima del 46,3% de aquellos sin integrantes de 0 a 17 años. Sin embargo, reciben menos: las transferencias monetarias representan solo el 7,7% del ingreso de este tipo en los hogares con niños y adolescentes y el beneficio promedio es de $ 63.210, mientras que en hogares sin menores significan el 16,7% y reciben $ 98.210.
Además, al considerar solamente a los hogares que efectivamente reciben dichos beneficios monetarios, la diferencia se acentúa. Aquellos sin menores reciben en promedio
$ 213.873, mientras que aquellos con presencia de los mismos perciben
$ 105.771, es decir, menos de la mitad.
“Este resultado refuerza la idea de que el sistema de transferencias combina una alta cobertura en hogares con niños con una baja intensidad del apoyo monetario, limitando su capacidad para reducir de manera sustantiva el riesgo de pobreza infantil”, dice el informe.

Nuevas ayudas
Tras este diagnóstico, los investigadores propusieron dos medidas de acción.
La primera es la creación de una transferencia monetaria base por presencia de niños, niñas y adolescentes, que consolide los actuales beneficios del sistema de prestaciones familiares; y, además, actúe como un piso de protección económica para los hogares vulnerables con menores.
Dicho aporte debería ser de monto relevante y ajustable según necesidades específicas del hogar, así como considerar incrementos por discapacidad, apoyos adicionales para hogares que participan del subsistema Chile Seguridades y Oportunidades, y suplementos transitorios frente a shocks excepcionales.
“Un esquema de este tipo permitiría proteger el consumo básico en etapas críticas del ciclo de vida, facilitar inversiones en capital humano y avanzar hacia una mayor autonomía económica de los hogares, reduciendo al mismo tiempo la dispersión y complejidad del sistema actual”, explicó el documento.
Otra propuesta es generar incentivos a la formalización, al mismo tiempo que se refuerza la protección de la niñez. En esta dimensión, los investigadores sugieren impulsar un Impuesto Negativo al Ingreso (INI) laboral, que haga consideraciones significativas en el caso de los trabajadores con hijos.
A su juicio, esto permitiría complementar los ingresos del trabajo, reforzar los incentivos a la cotización y mejorar la coherencia entre esfuerzo laboral y bienestar familiar.