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APEC es un momento de definición para la política exterior de China

Tras mostrarse en casa como el líder chino más poderoso, el presidente Xi está exigiendo respeto para China con más fuerza que ninguno de sus predecesores.

Por: | Publicado: Martes 11 de noviembre de 2014 a las 05:00 hrs.
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Las fábricas fueron cerradas, millones de autos sacados de las calles, y el cielo azul volvió a aparecer sobre un Beijing normalmente cubierto de smog, lo que sólo puede significar una cosa: un gran evento se está desarrollando en la capital china.

Desde ayer el presidente Xi Jinping comenzó a recibir a los líderes mundiales a la cumbre de APEC. Desde las Olimpiadas de 2008 que Beijing no había visto a tantas figuras internacionales, incluyendo a los mandatarios de EEUU, Rusia y Japón. Es un momento de definición para la política exterior de Xi.

Habiéndose mostrado en casa como el líder chino más poderoso desde Deng Xiaoping, ahora parece querer exigir un mayor respeto para China de lo que sus predecesores, incluso Deng, se atrevieron a demandar.

Y el respeto exige poner una buena cara a los invitados. El bullying chino sobre disputadas reclamaciones marítimas ha contribuido a elevar las tensiones en la región. Pero ahora Xi estaría suavizando el tono. En particular, las relaciones con Japón han sido gélidas. El gobierno ha tratado al primer ministro nipón Shinzo Abe con ira y menosprecio, sugiriendo que es un militarista no confeso. Las relaciones han caído a un nivel tan bajo que el sólo hecho de que Xi haya estrechado la mano de Abe es un avance notable.


Hoy y mañana, Xi será el anfitrión de la visita de Estado de Barack Obama. Será su segunda cita con el presidente estadounidense, tras una celebrada en Sunnylands, California, en 2013. Y será un buen espectáculo, con una caminata por un bello paisaje y todas esas cosas. Pero la substancia está menos clara.En Sunnylands, había muchas referencias de China a "un nuevo tipo de relación entre superpotencias".

Pero, ya que eso implica un rol disminuido para EEUU, al menos en Asia, Obama no parece inclinado en seguir el libreto. Es probable que ambos acuerden cooperar en áreas como cambio climático, comercio e inversión. Ampliarán la comunicación sobre sus movimientos militares en los mares cercanos a China. Pero las esperanzas de que la cordialidad de Sunnylands lleve a un florecimiento de las relaciones no se concretarán.

Garrote y zanahoria

En la realidad, a Xi no le queda mucho respeto por Obama; el presidente chino lo considera una figura débil en política exterior. Y una gran parte de sus ambiciones están puestas en otra parte. Por sobre todo, sueña con devolver a China el papel que le corresponde en el mundo, en el cual, según Bonnie Glaser del Centre for Strategic and International Studies, un centro de estudios en Washington, "China estará en el centro, y todas las otras naciones tendrán que tomar en cuenta sus intereses".

Esta actitud le resulta más conocida a los vecinos chinos. China ha molestado a Filipinas tomando el control de un arrecife en disputa; a Vietnam, trasladando un pozo petrolero a aguas reclamadas; a Japón, desafiando su derecho sobre islotes deshabitados; e incluso Corea del Sur, aunque en buenos términos, manifestó su preocupación junto con otros Estados cuando China declaró una "Zona de Identificación de Defensa Aérea" sobre el Mar del Este de China, exigiendo que los aviones le informen al momento de ingresar.

Pero Xi también ha buscado amigos usando el eslogan del "desarrollo pacífico". Ha impulsado iniciativas multilaterales, incluyendo el Nuevo Banco de Inversión de Infraestructura de Asia, al que se han sumado muchos vecinos, incluyendo India. También estableció un Nuevo Banco de Desarrollo con el resto de los "BRIC" (Brasil, Rusia, India y Sudáfrica).

Uno de los compañeros de juego de Xi es el presidente Vladimir Putin. China y Rusia tiene una historia de desconfianza mutua, pero el primer viaje de Xi como presidente al extranjero, en marzo de 2013, fue a Moscú. Desde entonces han firmado un acuerdo gasífero que estuvo paralizado por mucho tiempo y, según el periódico ruso Kommersant, un pacto de ciber seguridad. China apoya la posición rusa pro Siria en la ONU y se ha negado a condenar sus incursiones en Crimea y Ucrania.

Uno de los principales puntos que une a ambos países es el dominio de EEUU en asuntos internacionales. "Ningún país", dijo Xi en una cumbre de seguridad este año a la que fue invitado Putin, "debe intentar dominar los temas de seguridad regional o imponerse sobre los legítimos derechos...de otros países". Xi no mencionó a EEUU, pero un mes antes Obama había enfatizado en Tokio que su pacto de seguridad con Japón se extendía a las islas Senkaku, controladas por ese país, y que China reclama bajo el nombre de Diaoyu.

Terreno por recorrer

¿Esta teniendo éxito la política exterior de Xi? Sólo en parte. La asertividad marítima de China ha hecho que algunos de sus vecinos se acerquen a Japón y EEUU. Pero China se mantendrá como el mayor socio comercial de las naciones de Asia por mucho. Está buscando activamente acuerdos de comercio bilateral mientras que la iniciativa de comercio encabezada por EEUU, el TPP, pierde fuerza. En APEC, Xi buscará seguir desarrollando esas relaciones económicas. Y, dada la relevancia de China, en general tendrá éxito.
¿Y qué ocurrirá con sus ambiciones globales? Si Xi quiere un mayor rol en el mundo, China tendrá que lidiar mejor con los grandes temas, incluyendo el medio ambiente, terrorismo y salud. Ahí, el panorama es mixto.

La semana pasada, China y Rusia bloquearon un plan internacional para establecer un santuario en la Antártica. En el combate al terrorismo, China está más interesada en que el resto del mundo reconozca que afronta una amenaza similar a al-Qaeda en Xinjiang que en ayudar en focos de terrorismo mucho más complejos.

Pero la salud global es un ejemplo de cómo puede cambiar la política china. Hace unos pocos días, durante la preparación para la cumbre de Xi con Obama, autoridades chinas interpretaron la obsesión de sus contrapartes estadounidenses con el ébola como una prueba de que Washington sólo busca la ayuda de Beijing cuando tiene un problema, como lo expresó Douglas Paal del centro de estudios Carnegie Endowment for International Peace. Pero más tarde anunció que triplicará su compromiso para combatir el ébola a US$ 120 millones, el segundo mayor aporte global. De una u otra manera, el ascenso de China continúa.

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