Aunque la aseveración sobre un "pronto" final de la guerra en Medio Oriente del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, trajo algo de alivio en los mercados, alejando al petróleo de los US$ 110 que alcanzó a tocar el barril el lunes, acercándolo más a los US$ 90, la beligerancia no ha bajado de tono, manteniendo altos niveles de incertidumbre sobre el suministro energético y su impacto en la inflación planetaria.
Este martes, las autoridades de Irán han descartado cualquier plan de alto el fuego, mientras que Trump prometió golpearlos "VEINTE VECES MÁS FUERTE de lo que ha sido golpeado hasta ahora" si "hacen algo" para detener el flujo de petróleo a través del Estrecho de Ormuz. En tanto, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirmó que "aún no han terminado" su campaña contra la República Islámica.
El analista senior de materias primas para Capital Economics, Kerian Tompkins, describe a DF lo que este abierto panorama implica para el mercado energético. "El suministro mundial de petróleo se ve gravemente limitado por la crisis en Oriente Medio. El tráfico a través del Estrecho de Ormuz, una arteria clave para el comercio mundial, se ha paralizado. Los flujos a través del Estrecho representan alrededor del 25% del comercio mundial de petróleo y aproximadamente el 20 % de las exportaciones mundiales de gas natural licuado (GNL). Además, este cuello de botella ha comenzado a afectar la producción energética en la región. Irak, Kuwait y Arabia Saudí han anunciado recortes de producción en distintos grados. Mientras tanto, Qatar anunció la detención total de la producción de GNL".
El petróleo bajo tres escenarios
En ese contexto, Tompkins elaboró un reporte donde retrata tres escenarios posibles para el petróleo, en función de la prolongación del conflicto bélico.
El primero de ellos apunta a un "conflicto breve y agudo" de "un par de semanas debido a que la presión interna en Irán o una rápida derrota militar provocan la capitulación del régimen (similar al final de la Guerra de los Doce Días del año pasado)". De ser así, "los ataques iraníes contra los países del Golfo y en el Estrecho de Ormuz cesan, lo que permite la normalización del suministro mundial de energía del Golfo".
De ser ese el curso de la guerra, "resultaría en una pérdida de aproximadamente 350 millones de barriles de petróleo, lo que equivale a aproximadamente el 1,4% de las exportaciones anuales mundiales, y también a una proporción similar de los flujos mundiales de GNL. En igualdad de condiciones, esto seguiría siendo coherente con un superávit en el mercado petrolero este año, especialmente considerando que el petróleo ruso, previamente sancionado, ahora está siendo absorbido, por lo que los precios caerían rápidamente".
Una segunda alternativa distinguida por la consultora británica, es aquella donde nos enfrentamos a un "conflicto más prolongado, pero daños limitados a la infraestructura energética del Golfo". Ese caso apunta a un escenario donde "el Gobierno de línea dura (iraní) resiste la presión (de EEUU o interna) para que cese sus ataques durante mucho más tiempo. Continúa atacando buques en el Estrecho de Ormuz, así como activos estadounidenses e infraestructura civil en los países vecinos del Golfo. Los ataques a la infraestructura energética, tanto en el Golfo como en Irán, son limitados y cualquier daño se repara rápidamente".
Lo anterior, supondría "que el conflicto durara unos tres meses, antes del fin de las hostilidades", lo que implica que "se podría perder alrededor del 5% - 6% de las exportaciones anuales mundiales de crudo y GNL, pero la ausencia de daños duraderos a la infraestructura energética permitiría que las exportaciones se recuperaran en el segundo semestre de 2026".
Las perspectivas más catastróficas las incorpora el tercer escenario, que retrata un "conflicto prolongado con daños duraderos a la infraestructura energética del Golfo". Bajo ese panorama se "asume que, junto con las interrupciones en el transporte energético a través del Estrecho de Ormuz, el conflicto se extiende con ataques contra la infraestructura energética de la región. Esto causa daños duraderos a la capacidad de producción tanto en el Golfo como en Irán (en particular, en la isla de Kharg)".
De avanzar en esa dirección, estaríamos ante "la pérdida de aproximadamente el 8% de las exportaciones anuales mundiales de crudo y GNL en 2026, y este impacto probablemente continuaría también en 2027". Se trata de un escenario de "shock de oferta global comparable al que se produjo entre finales de la década de 1970 y mediados de la de 1980, en torno a la época de la Revolución iraní de 1979, la guerra entre Irán e Irak y los recortes de producción de la OPEP".
Tompkins precisa en el reporte que "el mínimo de las exportaciones mundiales de petróleo en la década de 1980, en comparación con el impacto potencial actual, fue ligeramente mayor. Sin embargo, la disminución de las exportaciones en aquel entonces se produjo a lo largo de varios años, mientras que ahora se produciría en un período mucho más corto. Los precios del petróleo probablemente se mantendrían en tres dígitos durante todo 2026".
Cabe destacar que el desarrollo del conflicto en el Medio Oriente no solo mantiene encendidas las alertas por su impacto en la energía, pues hay tres temas tangentes al alza del petróleo: I) el alza biocombustibles que impacta al aceite de soya, aceite de palma y azúcar, que han subido bastante, por ser sustitutos; II) fertilizantes nitrogenados, considerando que países de la región en guerra protagonizan su producción a nivel global, golpea a la agricultura; iii) el aluminio, que ha subido bastante por el cierre de Qatar.