Con nuevas alzas comenzó el año el precio del cobre. Esta semana volvió a superar los US$ 6 la libra, en un mercado que mantiene una estrechez estructural, según estima Erik Heimlich, Head of Copper and Zinc, de CRU.
“Esta es una historia que tiene varias aristas. Es una combinación de disrupciones por el lado de la oferta, un trasfondo económico favorable al precio y una presencia más fuerte de inversionistas de China, activos en mercados de commodities”, afirma el experto, quien participará entre el 13 y 15 de abril próximo en la World Copper Conference, de CRU, evento que reúne en Santiago a los principales actores relacionados con esta industria.
Heimlich señala que el precio del metal aceleró el alza después de disrupciones importantes el año pasado en un mercado que estaba relativamente balanceado, lo que generó alertas sobre las vulnerabilidades de la oferta. A eso se sumó la debilidad del dólar y un mayor riesgo geopolítico, que lleva a los inversionistas a buscar activos de inversión más seguros, como el oro y también el cobre.
“Un tema, quizás más novedoso, es que en los últimos meses vemos más inversionistas en China aumentando su presencia en el mercado de commodities, porque la rentabilidad en otras formas de inversión está más limitada. Ese es un componente distinto, no relacionado estrictamente con los fundamentos del mercado, que puede ser más especulativo”, advierte.
-¿Cuán extenso puede ser este ciclo de precios, considerando este factor de especulación financiera?
-A este fenómeno lo llamamos la “financialización del cobre”, en el sentido de que el movimiento de dinero buscando donde invertir, cobra más relevancia en la formación de precios. Pero creemos muy probable que desde el Gobierno chino se trate de limitar ese componente especulativo, con cambios en la forma en que los accionistas tienen acceso a invertir en commodities y así disminuir el componente especulativo. Es cierto que este sector financiero añade más volatilidad aún. Pero la volatilidad puede venir por distintas fuentes, y ahora se agrega una nueva.
-¿Qué perspectivas tiene la demanda por el metal?
-La demanda ha estado muy fuerte por un período largo de tiempo. En 2026 esperamos un crecimiento global del consumo de cobre de más del 3%. Con eso, este sería el cuarto año consecutivo que tendríamos crecimiento por sobre el 3% de la demanda. Eso no ha ocurrido en mucho tiempo. En los sectores tradicionales, como los industriales y la construcción, la demanda está creciendo a tasas apenas sobre el 1%, pero los sectores emergentes están más dinámicos, con tasas muy superiores que tiran la demanda total sobre el 3%. Ahí están las energías renovables y los vehículos eléctricos. Y ahora, en adición a eso, ha surgido un incremento en el gasto en defensa en el mundo y el tema de la inteligencia artificial y lo que tiene asociado en términos de construcción de centros de datos. Por lo tanto, hoy tenemos una demanda mucho más diversificada.
-Con el precio iniciando el año en torno a US$ 6 la libra, ¿qué valor proyectan para este año?
-Para el 2026 nuestra estimación actualmente es de US$ 5,23 por libra, LME cash en promedio. Y, en términos nominales, bajando levemente en 2027 y 2028, para retomar el alza, en camino hacia los US$ 6 por libra, hacia 2029, 2030 y 2031. Siempre en promedios anuales.
Esta primera parte del año ha estado más alto de lo que pensábamos. Sin embargo, los fundamentos no desaparecen. Este será un año muy restringido, pero hacia adelante se ven uno o dos años de mayor crecimiento en la oferta.
-Entonces, ¿este nivel de precios es puntual?
-Es muy alto por todas las razones que dijimos, pero debería moderarse por una recuperación natural de la oferta. Cuando ha habido grandes disrupciones, luego viene la recuperación y solo por ese factor hay más producción, y además hay nuevos proyectos, aunque aún con incertidumbres.
Por otro lado, si uno compara el precio actual con el de abril del año pasado, estamos en un 50% más alto. Obviamente, eso también genera una reacción en la demanda y, por ejemplo, hemos visto en China una disminución de la compra de los semi manufactureros. También empieza a aumentar -aunque es más difícil de medir- la presión por sustitución. Si la diferencia de precio entre el cobre y el aluminio es mucho más grande incentiva esa sustitución.
Entonces, la historia muestra que este no es un precio que pueda subir indefinidamente, pero hay una escasez estructural a mediano plazo.
-¿A qué se refiere?
-Siempre hay fluctuaciones, pero hay que mirar las tendencias. Y lo que vemos es que está siendo difícil generar la nueva capacidad de producción de cobre que se requiere en el mediano y largo plazo. Desarrollar los proyectos tiene limitaciones que van más allá de lo que llamamos el precio de incentivo, que es una métrica que indica cuál es el nivel que se necesita para incentivar la oferta nueva en el mercado en el largo plazo. Eso considera lo que cuestan los proyectos en términos de capital, costo de producción y el retorno a ese capital. Y eso hoy día revela que el mercado sigue en una situación de presión, a pesar de que en los próximos años se vea una baja en el precio respecto de este, que será particularmente fuerte.