Con su decidido respaldo como un “ejemplo al mundo” que debe tener en cuenta una estrategia de desarrollo país, el Presidente José Antonio Kast instaló el modelo económico y, sobre todo, tributario de Paraguay en el centro del debate de las políticas públicas necesarias para sacar a Chile de su estancamiento.
La visita del mandatario a Asunción a inicios de este mes atrajo la mirada al alto crecimiento alcanzado por la nación guaraní en los últimos años, notoriamente por encima del resto de la región. Entre 2013 y 2025, Paraguay expandió su PIB a un ritmo promedio cercano al 4% anual, mientras que Chile lo hizo a la mitad, recapituló el decano de Economía, Negocios y Gobierno de la USS, Alejandro Weber.
Este mejor desempeño, indicó, “responde a una combinación de factores estructurales y buenas políticas económicas en las últimas dos décadas que ha consolidado un marco macroeconómico caracterizado por la estabilidad fiscal y monetaria, apoyado en instituciones como el régimen de metas de inflación y la Ley de Responsabilidad Fiscal”.
La trayectoria es reconocida internacionalmente: Moody’s elevó la deuda soberana paraguaya al grado de inversión en julio de 2024, lo que replicó S&P a fines de 2025.
Con un crecimiento de 6,6% el año pasado, que promedió un ritmo de 5,5% en el último trienio y fue de 5,8% en el primer trimestre del ejercicio en curso, la economía paraguaya se situó en los primeros lugares en Sudamérica.
Desde su experiencia de más de 10 años invirtiendo en ese mercado, Laurence Golborne destacó tres claves: “Tasas más bajas que incentivan a venir a invertir, la simpleza de los sistemas impositivos y la disposición de las autoridades a facilitar la forma de hacer las cosas”.
Así, los atributos del sistema impositivo paraguayo están en el centro de los análisis sobre el despegue de dicha nación. “La arquitectura tributaria es uno de los pilares menos visibles, pero probablemente más importante. Ha logrado combinar una carga tributaria reducida -del orden del 11% al 13% del PIB, la mitad de la chilena- con un incremento gradual de la recaudación. En lugar de aumentar las tasas, la estrategia es expandir la formalización, simplificar el sistema y fortalecer la fiscalización. Como resultado, los ingresos tributarios crecieron de manera sostenida, permitiendo financiar un aumento del gasto público sin comprometer la estabilidad fiscal ni elevar significativamente la deuda pública”, dijo Weber.
“Los tres elementos fundamentales son: tasas más bajas que incentivan a venir a invertir, la simpleza de los sistemas y la disposición de las autoridades a facilitar la forma de hacer las cosas”, señaló Laurence Golborne.
La fórmula del Triple 10
Tal como enfatizó el Presidente Kast en su respaldo al modelo impositivo paraguayo, su sello distintivo es la ya famosa regla conocida como “Triple 10” -10% de IVA, 10% de Impuesto a la Renta Empresarial y de 10% a la Renta Personal- tras la última reforma integral aprobada en 2019. “Unificó gravámenes bajo el Impuesto a la Renta Empresarial, mantuvo una tasa corporativa de 10% -entre las más bajas de América Latina-, preservó el IVA de 10% y reorganizó los impuestos a la renta personal y de no residentes, además de simplificar procedimientos y fortalecer la administración tributaria”, resumió Weber.
Como resultado, añadió, amplió la base de contribuyentes, redujo las distorsiones y mejoró el cumplimiento tributario.
“El “Triple 10” es una buena síntesis comunicacional, pero el sistema es algo más rico y, para el inversionista, el componente más determinante es el impuesto empresarial: la carga combinada empresa más dividendo ronda el 23,5%, frente al 35% que enfrenta un inversionista extranjero en Chile”, subrayó el socio de Tax & Legal en Deloitte, José Miguel Gazitúa.
La verdadera ventaja del modelo, añadió, no está en el número, sino en “su simpleza, que es parejo y estable, con una filosofía de diseño de pocas excepciones y sorpresas, más que una cifra”, claridad que permite planificar con certeza.
“Atribuir todo el éxito económico de Paraguay exclusivamente a su sistema tributario sería un error”, precisó la socia de Asesoría Legal y Tributaria de PwC Chile, Loreto Pelegrí, quien al mismo tiempo destacó a este modelo como “un factor diferenciador, ya que lo que valoran los inversionistas no es solo que las tasas sean bajas, sino que sean simples, predecibles y estables”.
“Esos tres atributos es lo que más podríamos mirar, más que las tasas concretas. El plan “10-10-10” parece ser eficaz en lo que se propone -simplicidad, competitividad y certeza-, que es lo que realmente atrae a las inversiones (más allá que la tasa propiamente). El tema tributario es una causa relevante, pero atribuirle un papel decisivo sería una simplificación carente de rigor”, indicó el director ejecutivo de Conocimiento en Políticas Tributarias de EY, Víctor Fenner.
Para efectos comparativos entre los sistemas de ambos países, puntualizó que “no es realista hacer una traslación directa, puesto que Paraguay y Chile parten de contratos sociales y estructuras muy distintas”.
Las lecciones para Chile
En los debates en torno a Paraguay como un modelo a seguir en Chile, una parte de las opiniones consideró inconveniente comparar la situación de un país que ha emprendido en tiempos muchos más recientes un conjunto de reformas económicas e institucionales que Chile realizó década antes.
“Me llamaron la atención algunas frases que no conversan con los datos ni los hechos. En lo tributario, Paraguay viene mucho más atrás que Chile en muchas dimensiones; por ejemplo, instauró el IVA recién en 1992 con una tasa del 10% que no ha cambiado”, puntualizó el economista de la Universidad Adolfo Ibáñez, Claudio Agostini.
No obstante, valoró la magnitud de los cambios impositivos de 2004 y 2019 en el marco de “reformas potentes en todos los ámbitos en los últimos cinco años, que se han visto reforzadas en términos de ir avanzando en la línea correcta, ya que el país ha crecido más”.
Entre los fundamentos del proceso de Paraguay, Loreto Pelegrí expuso que “lo más valioso son los principios: estabilidad tributaria -se ha evitado los cambios tributarios frecuentes, lo que permite proyectar rentabilidades y flujos con un grado razonable de certeza, todo lo contrario a nuestro país-; simplicidad y competitividad internacional”.
Junto con recordar que Paraguay encabezó en 2024, por segundo año consecutivo, el Índice Integral de Impuestos de América Latina del Adam Smith Center “con reglas claras, tasas uniformes y estabilidad normativa, ofreciendo la tasa de impuesto corporativo más baja de Latinoamérica”, Fenner subrayó que estos atributos “sí aparecen consistentemente en los análisis, más que las tasas bajas en sí mismas”.
Entre las lecciones para optimizar el sistema chileno, Agostini “consideraría tres puntos: eliminar la renta presunta, porque baja la evasión en forma importante y aumenta la recaudación-; juntar Aduanas con Impuestos Internos -puede ayudar a tener un mejor sistema más fácil de fiscalizar- y bajar el tramo exento del impuesto a las personas: hoy 26% de las personas paga impuestos y 74% está exenta, y en Paraguay se ha ido bajando para que más personas paguen”.

Rodrigo Maluff, ministro asesor de la Presidencia de la República del Paraguay.
“Esperamos que el PIB crezca por encima del 7% de manera continua desde este año”
Desde que partió su exploración del mercado paraguayo en 2015 –proceso que llevó a la creación de un primer fondo que cumplió su ciclo de siete años en 2024, y ahora en un segundo vehículo donde participan del orden de 30 inversionistas de ambos países-, Golborne ha conocido de primera mano la evolución de esa economía, en cuyos resultados asigna una gran importancia al manejo acertado de las políticas públicas.
“Paraguay está impulsando con mucha fuerza la incorporación de capitales privados. Y si bien falta mucho por hacer, lo principal es que hay disposición del gobierno a ayudar muy fuerte a las empresas que quieren instalarse”, indicó sobre la labor de organismos como Rediex (Red de Inversiones y Exportaciones) dependiente del Ministerio de Industria y Comercio, cuya vicepresidencia ocupó Rodrigo Maluff hasta incios de 2025.
Desde Asunción, el ahora ministro asesor de la Presidencia de la República, señaló que la inversión extranjera directa asciende a US$ 1.200 millones en 2026 –quintuplicando el monto de inicios de la actual administración- y que la meta a mediano plazo apunta a niveles de US$ 2 mil millones hacia 2028. Una pieza clave en la estrategia económica que, tras alcanzar un crecimiento de 6,6% en 2025, ahora “esperamos que el PIB crezca a tasas por encima del 7% de manera continua desde este año”, en línea con el plan Paraguay 2X, que apunta a duplicar el tamaño de la economía en 10 años.
En este escenario, Maluff reafirmó el compromiso del gobierno de mantener la estabilidad de la estructura impositiva actual en materia de IVA e impuesto a la renta que representan el 50% de los tributos, “lo cual nos ha permitido posicionarnos como un país de impuestos bajos, con una simplicidad que llama la atención, sobre todo a los empresarios del Brasil”. Los mayores esfuerzos de la administración están puestos en “aumentar los ingresos aduaneros del país, y estamos buscando oportunidades de recaudación, sobre todo en el aumento del volumen de comercio intrarregional”, a lo cual se sumó un régimen de incentivos para el turismo fronterizo.