La forestal Masisa, histórico fabricante de tableros y revestimientos de madera, es la única firma chilena que mantiene una operación activa en Venezuela, viviendo desde dentro los acontecimientos recientes. Pese a la extensa crisis política y la hiperinflación, la firma controlada por GN Holding S.A. se ha aferrado a sus activos en la nación petrolera, a los que define como “una reserva de valor que esperamos, en algún momento, poder capitalizar”, confesó su CEO, Alejandro Carrillo, a DFSUD en 2024.
La historia de Masisa en Venezuela se remonta a 1997, cuando creó Terranova de Venezuela y constituyó las filiales Andinos y Fibranova, dando inicio a un ambicioso plan industrial que incluyó la construcción de un aserradero y una planta de secado en la región de Caroní, además de la adquisición de activos forestales. En 2003, Masisa asumió la gestión de Fibranova, incorporando la planta de tableros de partículas y MDF en Puerto Ordaz.
Así, la chilena consolidó una plataforma local y regional, desde la que proyectó el negocio a otros países clave, como Colombia. Durante la primera década de los 2000, Venezuela pasó de representar una fracción menor de las ventas del grupo a alcanzar participaciones de dos dígitos, apalancada por la red Placacentro y sus más de 40 locales.
El deterioro comenzó tras la crisis financiera global de 2008 y se agudizó con las medidas económicas impulsadas por Hugo Chávez. En su memoria de 2012, Masisa advirtió que la inflación acumulada en tres años alcanzaba 83%, afectando a sus ocho sociedades locales. Aunque en 2014 Venezuela aún explicaba el 26,5% de los ingresos y el 29% del Ebitda recurrente por país, en 2015 esas cifras cayeron al 8,8% y 15%, respectivamente, golpeadas por las distorsiones internas.
El quiebre definitivo llegó en 2017, con una inflación de 24.571% y una devaluación del tipo de cambio de 397%. Ese año, el Ebitda de la filial venezolana se redujo 64%, representando solo el 5% del consolidado. Así, en 2018, el directorio resolvió desconsolidar las operaciones en Venezuela, reconociendo pérdidas por US$ 284 millones por el ajuste, además de un deterioro de activos por US$ 153 millones el año previo.
Hoy por hoy, Masisa no reporta en sus estados financieros el negocio en Venezuela, pero en su memoria anual de 2024 muestra que éste es el país donde mayor presencia tiene: anota dos direcciones comerciales, una en el Municipio de Chacao y otra en Puerto Ordaz; dos plantas industriales propias; un centro de distribución y bodega en el Estado de Anzoátegui.
La memoria también marca que es el único estado en el que aún tiene activos forestales, los que, según el último reporte en que se detallan (2017), alcanzaban las 86 mil hectáreas de plantaciones de pino. Eso sí, aunque posee el 100% de los derechos de usufructo, solo el 27% de los terrenos son propios y el restante 73% es del Gobierno. Cabe indicar que aunque Masisa fue consultada para este artículo, declinó participar.