El regreso del "excepcionalismo" estadounidense
La retórica y la visión del mundo de Clinton son notablemente diferentes a las de Obama.
Por: Edward Luce, Financial Times
Publicado: Jueves 18 de agosto de 2016 a las 04:00 hrs.
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Hasta hace poco la mayor parte del mundo deseaba que EEUU se convirtiera en un país más normal. Ya muchos estaban hartos de la agenda de libertad de George W Bush y deseaban el fin del excepcionalismo estadounidense.
La gente debe tener cuidado con lo que desea.
Donald Trump puede ser el candidato presidencial más propenso a meter la pata, y el más ofensivo en la historia de EEUU. Pero también es el primero en desdeñar la creencia de que la misión de EEUU debe ser defender los valores universales. Incluso no está claro que él crea en la existencia de esos valores. Por otra parte, Hillary Clinton los aclama descaradamente. "Creo con todo mi corazón que EEUU es un país excepcional", dijo en junio. "Todavía somos, como dijo Lincoln, la última y mejor esperanza de la tierra".
Los sufridos realistas estadounidenses — aquellos que sostienen que EEUU debería limitarse a proteger sus intereses nacionales — se deben estar preguntando qué hicieron para merecer tal campeón. Trump promete evitar intervenciones en el extranjero, como las guerras preventivas en Irak. Eso es lo que quieren oír los realistas.
Lo mismo ocurre con la opinión de Trump con respecto a que los aliados de EEUU deberían pagar más por su defensa, o que China tiene derecho a ocupar atolones en un mar que lleva su nombre. ¿Por qué EEUU siempre debe ser el árbitro? Pero Trump inevitablemente echa a perder las cosas añadiendo su propio punto de vista al prometer, por ejemplo, un ataque nuclear contra el Estado Islámico, o al afirmar que el presidente Barack Obama fundó el grupo terrorista. La clave para el realismo exitoso es la astucia táctica y un profundo conocimiento del mundo. Trump personifica todo lo contrario. Con amigos como Trump, los realistas no necesitan enemigos.
También existe la posibilidad de que pierda ante Clinton en noviembre. La derrota de Trump ocurriría probablemente a pesar de sus instintos en cuanto a política exterior, en lugar de a causa de ellos. Durante años, el público estadounidense ha dicho que está cansado de las aventuras militares, piensa que los aliados de la OTAN deben asumir una mayor parte de la carga y que el papel global de EEUU debería ser más modesto. El concepto de creación de naciones ya no se puede utilizar para ganar las elecciones, si es que alguna vez se pudo. El lema de Trump de "Estados Unidos primero" podría tener antecedentes deplorables (fue utilizado por simpatizantes fascistas a principios de la década de 1940), pero muchos estadounidenses están contentos con su significado actual. Si pierde, será a causa de su temperamento evidentemente poco digno de un presidente y su tendencia a insultar a casi todos los grupos en EEUU.
Desafortunadamente para los realistas, el barco puede hundirse con él, lo que significa que se retomaría el principio excepcionalista bajo Clinton en enero próximo. ¿Qué sucedió con este principio durante la presidencia de Obama? La política exterior de Obama no ha sido ni excepcionalista ni realista sino un híbrido de ambas. Su credo era abiertamente subjetivo. Un verdadero excepcionalista no deja lugar a dudas. Ellos creen que EEUU es más alto y ve más allá que otras naciones, como dijo una vez Madeleine Albright, ex Secretaria de Estado.
¿Qué significaría esto para una administración Clinton? Los acontecimientos inesperados regirían gran parte de su mandato, como siempre sucede. La lucha de Ronald Reagan contra el "imperio del mal" de la Unión Soviética dejó de tener sentido después del ascenso de Mijaíl Gorbachov. Bush hijo llegó al poder prometiendo una política exterior más humilde. Cambió rápidamente de rumbo hacia la arrogancia después de los ataques del 11 de septiembre. Obama prometió ponerle fin a las guerras en Afganistán e Irak. Concluirá su mandato con miles de soldados estadounidenses en cada país.
Por su parte, Bill Clinton prometió defender los derechos humanos y enfrentar a los "carniceros de Beijing". Lamentará siempre hacerse el de la vista gorda ante el genocidio de 1994 en Ruanda. Esto se debió en gran medida a lo que aprendió de otro evento: la debacle del "la caída del Halcón Negro" en Somalia. También a él se debió la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio. Sin embargo, en cada caso la filosofía de los presidentes definió cómo respondieron a los acontecimientos.
Muchos asumen que Clinton simplemente recibirá el batón de Obama, pues ella fue su primera Secretaria de Estado. Pero servir bajo un presidente es muy distinto a ser uno. En cada cuestión militar que surgió durante el primer mandato de Obama, Clinton adoptó la línea dura. Algunas veces le tocó ganar, por ejemplo en la intervención en Libia. En otros, como en cuanto a la posibilidad de armar a los rebeldes sirios, su consejo no fue tomado en cuenta. A pesar de su temprana participación en las negociaciones nucleares con Irán, no está claro que ella hubiera firmado el acuerdo que firmó Obama.
Su retórica de campaña también es notablemente diferente a la de Obama. En 2008 él prometió reanimar la autoridad moral de EEUU en un mundo que aún sufría los efectos de las guerras optativas de Bush. Ella se compromete a colaborar con un mundo peligroso con todas las herramientas a su disposición. Es un enfoque diferente.
Obama resumió una vez su enfoque en materia de política exterior como "no hacer cosas estúpidas". En un raro momento crítico, Clinton dijo que el lema de Obama no equivalía a un principio organizador. Tenía razón, por supuesto. Pero en estos tiempos peligrosos, el instinto de "primero no hacer daño" puede ser más valioso de lo que pensamos.
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