Nación robot: el intento de China por frenar su declive demográfico
Se prevé que la fuerza laboral del país se reduzca a 300 millones para finales de siglo. Beijing quiere que los humanoides reduzcan la brecha de trabajadores.
Por: J. Leahy y T. Hu/W. Langley y S. Chen
Publicado: Jueves 25 de junio de 2026 a las 18:15 hrs.
Foto: Bloomberg.
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Beijing/Guangzhou
En los talleres de la planta de camiones Sany en el centro de China, el zumbido de los robots que prensan y pintan los paneles de los vehículos prácticamente ha sustituido al bullicio humano.
La empresa también está intentando automatizar la fase final y más laboriosa del ensamblaje, utilizando humanoides -la vanguardia de la robótica-, anticipándose a la escasez de mano de obra que se producirá con el envejecimiento de la población china.
“La estructura demográfica de China está cambiando y la población se está reduciendo gradualmente; es una realidad innegable”, afirma Huang Tie, subdirector general de Sany Truck Manufacturing, con sede en Changsha, provincia de Hunan. “Para las industrias con alta intensidad de mano de obra, creemos que la sustitución de humanos por robots es inevitable”.
El cambio demográfico al que se refiere representa el mayor obstáculo económico para China. La población activa del país, de entre 15 y 64 años, que alcanzó un máximo de 1.000 millones en la última década, se reducirá a tan solo 300 millones para el año 2100, según cifras de Naciones Unidas; un descenso que podría impedir que China se convierta en la mayor economía del mundo.
Beijing ve ahora en las máquinas con inteligencia artificial una solución para superar esta trampa demográfica. El año pasado, el país instaló más robots industriales que el resto del mundo en conjunto; además, fabrica la mayoría de los humanoides del mundo.
La revolución robótica está reduciendo rápidamente el empleo no solo en la manufactura, sino también en los servicios, el sector que muchas autoridades esperaban que absorbiera a los trabajadores excedentes de las fábricas.
Desde los líderes del Partido Comunista (PC) en Beijing hasta los empresarios de toda China, existe un creciente consenso sobre la necesidad de que el país integre la “inteligencia artificial incorporada”, como se conoce a los robots controlados por IA, en el mayor número de tareas posible y cuanto antes.
“No habíamos visto una transformación de esta velocidad y magnitud desde la Revolución Industrial”, afirma Yuhan Zhang, economista principal del Centro de China del Conference Board.
Ya se trate de procesos industriales complejos, como el control de calidad en las fábricas, o de empleos de alta gama en el sector servicios, todos están bajo escrutinio para su automatización.
El Presidente Xi Jinping ha defendido constantemente la revolución robótica, declarando en 2014, apenas dos años después de asumir el poder: “No solo necesitamos modernizar nuestros robots, sino que también necesitamos conquistar mercados en muchos lugares”.
El último plan quinquenal del PC contempla “nuevas formas de trabajo que impliquen la colaboración entre humanos y máquinas” e “inteligencia artificial en puestos con escasez de mano de obra, entornos de alto riesgo y otras condiciones adversas”.
China ha desplegado sus robots a un ritmo impresionante. Entre 2021 y 2024, el país duplicó el número de unidades instaladas en sus fábricas, alcanzando los 2 millones, la mayor cantidad en el mundo, según la Federación Internacional de Robótica.
¿Quién gana y quién pierde?
El país ahora debe gestionar la transición del trabajo humano al robótico. “Quién gana y quién pierde sigue siendo una incógnita, pero es probable que los costos de adaptación sean significativos”, afirma Zhang, del Conference Board.
China ya sufre un alto desempleo juvenil y una creciente población de trabajadores temporales sin empleo fijo, tras el colapso de su mercado inmobiliario a partir de 2021, que ha mermado la demanda interna y la confianza de los hogares.
La fuerza laboral de trabajadores temporales es de 320 millones de personas y proviene tanto de las clases medias con alto nivel educativo como de trabajadores migrantes poco calificados. Si Beijing avanza demasiado rápido en el desarrollo de la IA y la robótica, corre el riesgo de dejar a ambos grupos sin oportunidades laborales satisfactorias.
Este mes, Liu Qiangdong, director de JD.com, una de las mayores empresas de comercio electrónico de China, advirtió que los robots reemplazarían “tarde o temprano” a sus 700 mil repartidores.
Y si hay algo que obsesiona al PC casi tanto como su carrera con Estados Unidos por la supremacía tecnológica, es mantener la cohesión social. “Muchas de las personas de las que hablamos son graduados universitarios que se quedarán sin trabajo, y este es el grupo demográfico que más preocupa al gobierno”, afirma Minxin Pei, profesor de ciencias políticas en el Claremont McKenna College de California.
Si bien los trabajadores migrantes tienen “mucho menos capital social y capacidad de acción política”, “cuando hablamos de jóvenes urbanos, generalmente niños en cuya educación ha invertido toda la familia, esto representará un enorme problema social”.
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Humanoides en la maquinaria
China ha desplegado sus robots a un ritmo impresionante. Entre 2021 y 2024, el país duplicó el número de unidades instaladas en sus fábricas, alcanzando los 2 millones, la mayor cantidad en el mundo, según la Federación Internacional de Robótica.
En 2020, los robots de producción nacional representaban solo el 30% de las instalaciones. Para 2024, constituían el 57% de las nuevas unidades. El año pasado, China contaba con 166 robots industriales por cada 10 mil trabajadores.
“El énfasis en la robótica se debe en parte a la constatación de que habrá cada vez menos personas”, afirma Bert Hofman, veterano del Banco Mundial y actualmente profesor en la Universidad Nacional de Singapur.
Ahora, Beijing está impulsando los robots humanoides con subsidios y políticas, como ya lo hizo con los robots industriales. El año pasado, anunció un fondo de 1 billón de yuanes (unos US$ 147 millones) a lo largo de 20 años para “nuevas fuerzas productivas”: tecnología avanzada que incluye la robótica.
Este mes, se le ordenó a los gobiernos locales y las empresas estatales la incorporación de IA integrada en los sectores de manufactura, logística, comercio minorista y salud. El objetivo es instalar al menos 10 mil robots con IA en entornos comerciales en todo el país este año.
“Los humanoides y los robots serán el próximo motor clave de la maquinaria de exportación de China en los próximos cinco a 10 años”, afirmaron economistas de Morgan Stanley en un informe publicado el mes pasado.
China representó el 90% de los 13 mil a 16 mil robots humanoides que se exportaron a nivel mundial el año pasado, indicaron. Las ventas de humanoides de fabricación china aumentarían a unas 50 mil unidades este año, una cifra superior a la de cualquier otro país, añadieron.
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¿Qué hacen mejor?
Sin embargo, entre las empresas chinas existe un debate sobre qué hacer con los nuevos humanoides. Eric Guo, director ejecutivo y fundador de AI² Robotics, fabricante de humanoides con sede en la ciudad tecnológica Shenzhen, afirma que estos androides aún no son “muy buenos para realizar tareas demasiado fáciles o demasiado difíciles”.
Sus complejas articulaciones, manos y costoso software de IA los hacen inadecuados para tareas fáciles, predecibles y altamente repetitivas que un robot industrial podría realizar sin problemas. Al mismo tiempo, los entornos demasiado impredecibles o complicados son “demasiado difíciles” para los androides, explica Guo. “Un ejemplo típico son los departamentos”.
Pero, añade, a largo plazo, los humanoides se harán cargo de millones de puestos de trabajo en fábricas, como las tareas peligrosas o desagradables. “Hay menos personas que quieran trabajar en la industria manufacturera que en oficinas”, concluye Guo.
Cao Yuran, gerente senior de marketing de Li Gong Industry, cuya planta en Guangzhou fabrica humanoides de gran tamaño, afirma que estos robots son más adecuados para tareas de fabricación meticulosas y de alto valor, como el atornillado de precisión, la aplicación de pegamento o la confección de prendas a medida; tareas que normalmente realizan trabajadores altamente calificados.
Sin embargo, enseñar a un robot a imitar a un humano es extremadamente difícil. No puede, por ejemplo, sentir la textura o la resistencia de una tela, ni desenvolverse con facilidad en situaciones dinámicas en entornos de producción reales.
La brecha entre la ambición y la realidad sigue siendo enorme en el caso de los humanoides, afirma Laila Khawaja, analista tecnológica de Gavekal, un grupo de investigación, debido a las limitaciones de la capacidad cerebral de los robots.
Para cerrar esa brecha, se necesita una cantidad astronómica de datos de entrenamiento, explica Cao, de Li Gong. Superar este déficit de datos es el próximo gran reto colectivo de la industria, afirma.
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Irrupción en servicios
La revolución robótica está reduciendo rápidamente el empleo no solo en la manufactura, sino también en los servicios, el sector que muchas autoridades esperaban que absorbiera a los trabajadores excedentes de las fábricas.
En Huazhu, uno de los mayores operadores hoteleros de China y propietario de la cadena alemana Steigenberger, los huéspedes pueden registrarse ellos mismos mediante terminales de autoservicio mientras los robots se encargan de su equipaje, la entrega de comida e incluso la limpieza de algunas habitaciones. Huazhu afirma que estos servicios, desarrollados en colaboración con Tencent, se han implementado en más de 3.200 hoteles.
La automatización ha reducido la proporción de personal por habitación a 0,1, lo que significa que un hotel de 100 habitaciones puede operar con 10 empleados, según la empresa, en comparación con el promedio del sector para hoteles económicos, que oscila entre 30 y 80 trabajadores por cada 100 habitaciones.
Linkerbot, fabricante de manos humanoides, afirma que los humanoides compensarán la falta de mano de obra calificada en China, realizando trabajos de fábrica que la gente no quiere hacer o para los que hay escasez de trabajadores. La idea también es “democratizar” las habilidades de los mejores artesanos, enseñando a manos robóticas a realizar tareas que “solo una pequeña fracción de la mano de obra humana ha dominado”.
Allen Zhang, fundador y director ejecutivo de Matrix Robotics, fabricante de humanoides con sede en Shanghái, afirma que, a largo plazo, los fabricantes de humanoides podrían obtener más ingresos del software que impulsa sus dispositivos que del hardware. Sus humanoides podrían ofrecer servicios con licencia que imiten a un profesional humano experto a cambio de una tarifa.
Por ejemplo, se podría arrendar un humanoide con las habilidades de un maestro chef a un cliente.
La amenaza al empleo
El gobierno del Partido Comunista Chino se ha basado durante mucho tiempo en un contrato social no escrito de desarrollo económico a cambio de restricciones a las libertades personales y los derechos civiles.
Las consecuencias económicas del declive demográfico amenazan con socavar ese contrato, pero también lo podría hacer la adopción de la IA y la robótica por parte del gobierno.
El desplome de la tasa de natalidad -causado en gran medida por la antigua política de un hijo por familia de Beijing- afectará al crecimiento, el consumo y el presupuesto del gobierno durante el resto de este siglo, dificultando considerablemente el pago de la deuda del país.
Pero la transición a la robótica podría destruir empleos incluso más rápido que la reducción de la población en edad laboral. En un documento publicado este mes, el gabinete chino solicitó la mejora del sistema de alerta temprana y gestión de riesgos laborales relacionados con las aplicaciones de IA, así como el fortalecimiento de las respuestas conjuntas a los riesgos laborales conexos.
Según los académicos, los cambios hacia la IA y la automatización están reequilibrando la renta a favor del capital y en detrimento del trabajo, lo que supone un dilema para el PC, que promueve un capitalismo estatal, pero también afirma representar los intereses de los trabajadores.
Pocos esperan que China, que se ve a sí misma inmersa en una reñida carrera con EEUU por la supremacía tecnológica, reduzca su ritmo. En cambio, se apoyará en su fuerte sistema de vigilancia para contener las presiones sociales e implementará medidas para aliviar el desempleo -como la reconversión profesional- al tiempo que busca la autosuficiencia y el dominio de la manufactura global.
“Por ahora, no se preocuparán por las consecuencias sociales porque el imperativo de la seguridad nacional es demasiado importante para ellos”, afirma Pei, del Claremont McKenna College, refiriéndose al objetivo estratégico de Beijing de obtener la superioridad tecnológica sobre EEUU. “Así que simplemente seguirán adelante y superarán ese obstáculo (las tensiones sociales) cuando llegue el momento”.
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