Los líderes de Brasil, Argentina y México aprovecharon su presencia en la cumbre del G20 en Seúl para pedir a los países un
compromiso que permita superar la guerra de las divisas y asegurar un
crecimiento equilibrado tras la crisis.
Un equilibrio que para
el presidente saliente de Brasil, Luiz Inázio Lula da Silva, pasa por
que los países desarrollados aumenten su propia demanda interna, en
contraste con la posición de Estados Unidos de reclamar un mayor consumo
interno a los emergentes.
En una rueda de prensa pocas horas
antes del inicio formal de la cumbre, Lula lanzó el contundente mensaje
de que si los países ricos no aumentan su consumo en lugar de
incrementar sus exportaciones, la economía global entrará en bancarrota.
"No podemos tomar decisiones pensando sólo en nosotros, sin tomar en
consideración el impacto que pueden tener en otros países más pequeños y
con economías más frágiles", dijo Lula, que viajó a Seúl acompañado de
la presidenta electa, Dilma Rousseff.
Lula es uno de los más
críticos con la política monetaria tanto de EEUU como de China porque, a
su juicio, promueven una "guerra cambiaria" al propiciar la devaluación
artificial de sus monedas para promover sus exportaciones.
Hoy reiteró esa acusación y sostuvo que es una salida 'fácil' a la
crisis que no genera empleo ni fomenta el consumo y que podría suponer
el regreso al proteccionismo.
También la presidenta de
Argentina, Cristina Fernández, llegó a Seúl con la intención de
transmitir que una guerra de divisas simplemente traslada la crisis de
un país a otro.
"Tirarse las monedas por la cabeza no lleva a
ningún resultado", dijo hoy la mandataria durante su intervención en una
reunión empresarial previa a la cumbre, que ha supuesto su primer viaje
al extranjero tras la muerte de su esposo, el ex presidente Néstor
Kirchner, el 27 de octubre.
Tras subrayar la necesidad de
"cooperación" entre ricos y emergentes, Cristina Fernández aprovechó su
intervención para pedir un replanteamiento de la situación actual de la
economía.
Aseguró que es "absurdo" responsabilizar sólo al
sector financiero, puesto que, a su juicio, se trata de una crisis
estructural en la que "el capital se colocó más en escala financiera que
en escala productiva".
Por eso, llamó a una reflexión para
conocer las causas de la "enfermedad" antes de "recetar soluciones" y
abogó por que el G20 elabore pautas "muy claras" que eviten, entre otras
cosas, la controvertida guerra de divisas.
Sobre la cuestión
de los tipos de cambio, México también ha rechazado hoy las
devaluaciones artificiales, aunque en términos menos tajantes que Brasil
o Argentina.
Fuentes oficiales mexicanas indicaron hoy en
Seúl que su postura es favorable a que todos los países se muevan hacia
regímenes de tipo de cambio que tengan en cuenta los aspectos del
mercado, basado en los "fundamento macroeconómicos" de cada uno.
México, que será anfitrión de la cumbre en 2012, pedirá también la
moderación de los desequilibrios fiscales, por considerarlos una fuerte
traba al crecimiento.
Pero su prioridad en esta cumbre, más
allá de las cuestiones financieras, es presentar el avance de las
negociaciones rumbo a la XVI Conferencia de las Partes de la ONU sobre
Cambio Climático (COP16), que comenzará en Cancún el próximo 29 de
noviembre.
México considera "crucial" plantear la cuestión en
este foro, que reúne a más de veinte economías entre miembros del G20 e
invitados, muchas de ellas las mayores emisoras de CO2 del mundo.
El presidente mexicano, Felipe Calderón, intervino hoy en Seúl en una
mesa redonda sobre Crecimiento Verde en la que advirtió de que la
relación con el medio ambiente "ha llegado a un punto decisivo".
"O nos adaptamos a una forma de vida que detenga el cambio climático o
el calentamiento global alterará permanentemente la manera de vida",
aseguró.
Se espera que de la reunión de Seúl, que comenzó hoy
con una cena oficial y tendrá el grueso de los debates mañana, salga un
compromiso para asegurar un crecimiento equilibrado y sostenible,
aunque, salvo cambios de última hora, un consenso sobre política
monetaria parece aún muy lejano.