Durante más de seis décadas, la esquina funcionó como fábrica de empanadas, hoy podría transformarse en una oportunidad inmobiliaria. El cierre definitivo del Emporio El Salitre no sólo marca el fin de un clásico antofagastino, sino que abre la puerta a la eventual venta de un terreno estratégico en pleno centro de la ciudad.
La familia Jugoslav Matijasevich comunicó el cierre a través de redes sociales, agradeciendo a su clientela y confirmando que no volverán a abrir. El mensaje puso fin a la historia de un negocio fundado en 1963, que por generaciones fue punto obligado para comprar empanadas en la esquina de Maipú con Washington. Detrás de la decisión hay razones económicas, estructurales y también personales. En conversación con DF Regiones, Bernardo Jugoslav, uno de los tres hermanos propietarios, explicó que el cierre responde a una caída sostenida en las ventas y a un escenario cada vez más competitivo.
“Hoy ha bajado mucho la venta. Entonces ya no está conviniendo, no es rentable”, sostuvo. En los últimos seis meses, añadió, el negocio operaba prácticamente sin margen. “No estamos perdiendo plata, pero tampoco estamos ganando lo que corresponde. Estamos trabajando para los trabajadores y eso ya no es negocio”.
El empresario de 81 años combina la memoria comercial con la académica. Durante 40 años fue profesor de Historia y Geografía en la Universidad Católica del Norte, mientras los fines de semana trabajaba junto a su padre en el local. Tras la muerte de sus padres, continuó el negocio con sus hermanas. “El negocio lo creó mi padre con mi madre y durante décadas funcionó en un contexto distinto, menos oferta gastronómica, menos competencia y con otro centro. Hoy en día hay mucha variedad para comer... casi todo el mundo hace empanadas”, afirmó, aludiendo a la amplia llegada de locales de comida, supermercados y nuevos formatos de comida rápida que fueron restando clientela al histórico emporio.
Apetecido terreno
En tanto, el inmueble tiene una particularidad, es local comercial y casa familiar a la vez, están conectados estructuralmente. Parte de la operación funcionaba al interior de la vivienda, lo que implicaba desafíos que, según explicó, requerían un esfuerzo mayor. La ubicación, sin embargo, es su principal activo. La propiedad está a una cuadra del Mall Antofagasta, a pasos de la Plaza Colón y del eje bancario del centro, en una zona de alto flujo de personas y vehicular. A su alrededor se concentran bancos, oficinas, comercio y edificios residenciales, lo que la convierte en una esquina de alta exposición comercial.
Consultado por DF Regiones sobre el futuro del terreno, Jugoslav fue directo. “Si alguien nos ofrece comprar, yo creo que podríamos vender”, afirmó. La decisión, precisó, debe ser conversada entre los hermanos, pero la alternativa está sobre la mesa. Por ahora, no existe un precio definido ni un proceso formal de venta, aunque reconocen que el valor del sector y la plusvalía del centro antofagastino podrían atraer interesados, ya sea para un nuevo desarrollo comercial o incluso un proyecto inmobiliario de mayor escala.
El cierre ha generado una ola de mensajes de antiguos clientes, muchos de ellos hijos y nietos de quienes compraban en los años '60 y '70. “Ha sido fuerte”, reconoció. Más de 400 personas le respondieron tras enviar un mensaje informando la decisión. La reacción, admite, fue mayor a la que esperaban y eso los reconforta.