Más que celebración, la palabra que más se repite entre los astrónomos y técnicos del Cerro Paranal es "alivio". Tras la confirmación de que AES Andes desistió formalmente de su proyecto de hidrógeno y amoníaco verde "INNA" ante el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), la comunidad científica internacional respira tranquila, aunque con una advertencia clara sobre la planificación territorial en la Región de Antofagasta.
Si bien la salida de la generadora (que implicaba una inversión de US$ 10 mil millones), responde oficialmente a una reestructuración de su cartera de proyectos y a condiciones de mercado, para el mundo científico el desenlace evita un conflicto que se volvía técnicamente insostenible.
El argumento técnico
La oposición de la comunidad científica, liderada por la ESO y respaldada por figuras como el Nobel de Física Reinhard Genzel, nunca fue ideológica contra la energía renovable. De hecho, los observatorios impulsan su propia descarbonización. El punto de quiebre fue siempre la ubicación geográfica.
El proyecto industrial, que abarcaba tres mil hectáreas, se proyectaba a escasos 11,6 kilómetros de los telescopios más avanzados del planeta. Xavier Barcons, director general de la ESO, fue enfático en matizar la postura del gremio: "Los proyectos de energía verde son totalmente compatibles con los observatorios astronómicos, si las distintas instalaciones están ubicadas a una distancia suficiente unas de otras".
Lo que hoy celebran los científicos no es la pérdida de inversión para la región, sino la preservación de las condiciones físicas del lugar. Los estudios presentados advertían que, en esa ubicación específica, la planta habría generado microvibraciones capaces de descalibrar los instrumentos de precisión nanométrica. Ademas, habría provocado turbulencia atmosférica y levantamiento de polvo, factores que "cegarían" la capacidad del futuro Extremely Large Telescope (ELT), actualmente en construcción. A ello se suma la contaminación lumínica que habría aumentado un 35% en el brillo del cielo nocturno.
La oportunidad de relocalización que no fue
El consenso en la región, tal como lo expresó en su momento el gobernador Ricardo Díaz a DF Regiones, era que el proyecto era necesario, pero debía relocalizarse. La autoridad regional incluso ofreció financiar estudios para buscar un punto dentro de los 126 mil kilómetros cuadrados de la región donde la planta pudiera operar sin comprometer la ventaja competitiva astronómica de Chile.
La cancelación del proyecto deja en evidencia la falta de ordenamiento territorial temprano que hubiera permitido”salvar” la inversión moviéndola a una zona compatible antes de llegar a instancias criticas ambientales.
Un precedente para la convivencia industrial
Itziar de Gregorio, representante de ESO en Chile, valoró la decisión de la empresa, pero advirtió que este caso sienta un precedente. “Este megaproyecto ha puesto sobre la mesa la urgente necesidad de contar con medidas claras de protección en torno a los sitios donde se realiza astronomía profesional”.
Para la comunidad científica, el retiro de INNA valida que los cielos de Atacama son un recurso natural no renovable. El “alivio” actual radica en que la operación del VLT y la futura puesta en marcha del ELT, el ojo más grande del mundo, ya no enfrenta una amenaza existencial inmediata, permitiendo que Antofagasta siga siendo, simultáneamente, capital energética y astronómica, siempre que se respeten sus distancias.