Al mediodía de este martes en Quintero, Puchuncaví, se concretó un hito para la seguridad hídrica del país. Aguas Pacífico y Esval firmaron una alianza de largo plazo que permitirá, por primera vez, integrar agua de mar desalada a la red de consumo humano del Gran Valparaíso y el Litoral Norte.
El acuerdo corona un proceso que comenzó en 2016, cuando Aguas Pacífico -ligada al fondo brasileño Patria Investments- puso en marcha el Proyecto Aconcagua, iniciativa que daría origen a la primera desaladora multipropósito del país. Con una capacidad de producción de 1.000 litros por segundo (l/s), la obra hoy alcanza un avance promedio del 95% y se encuentra ad portas de iniciar su operación.
Tal como lo anticipa su diseño, la planta fue concebida para abastecer de agua a distintos sectores. En ese camino, Aguas Pacífico fue cerrando acuerdos estratégicos a medida que avanzaba la construcción. Uno de ellos fue el contrato a 20 años con Los Bronces Integrados, de Anglo American, para el suministro de 500 l/s. A ello se sumó un acuerdo de suministro eléctrico 100% renovable con Colbún, además de conversaciones en curso con otras empresas de rubros similares.
En paralelo, la firma definió que un 25% del agua producida estaría destinada al consumo humano. Bajo ese objetivo, en años anteriores cerró siete programas de agua potable rural. A ese portafolio se incorpora ahora el acuerdo con Esval.
“Esta alianza marca un punto de inflexión en la industria, rompiendo el paradigma de que las grandes desalinizadoras son exclusivas para un solo cliente. Estamos muy orgullosos de ser un actor que aporta un suministro de agua seguro y sustentable para las familias de la región”, afirmó el gerente general de Aguas Pacífico, Javier Moreno.
El acuerdo
El contrato entre ambas compañías tendrá una vigencia de 20 años y asegura el suministro de 200 l/s de agua desalada. Con ese volumen, se estima que se podrá cubrir el consumo diario de cerca de 25 mil hogares, equivalente a un 5% de la demanda del Gran Valparaíso y el Litoral Norte.
Desde Esval, su gerente general, José Luis Murillo, explicó que la iniciativa contempla una inversión de US$ 6,7 millones. Dichos recursos estarán destinados a la construcción de infraestructura complementaria, incluyendo estanques de regulación y sistemas de potabilización.
En cuanto a los plazos, Murillo señaló que los trabajos ya comenzaron y que el sistema debería entrar en pleno funcionamiento hacia fines de 2027 o, a más tardar, a inicios de 2028.
Estas inversiones, agregó el ejecutivo, implicarán un alza del 4% en la tarifa de los usuarios de Esval, la que comenzará a regir una vez que el agua desalada se incorpore al sistema. El ajuste se enmarca dentro de lo ya anunciado por la sanitaria meses atrás, cuando proyectó aumentos tarifarios acumulados en torno al 11% hacia 2030.
De ese total, un 4,3% se aplicará durante 2026, otro 4% corresponderá al ingreso del agua desalada, y el resto dependerá de la ejecución de inversiones adicionales.
“Siempre tenemos que estar mirando a largo plazo. Ver cuáles son las perspectivas y cómo podemos robustecer nuestro sistema es fundamental. (...) Hay que ser conscientes de que el agua desalada o de reuso, o lo que llamamos fuentes no convencionales, tienen un precio más caro porque son más caras de producir. Es una realidad que la seguridad hídrica tiene un precio”, recalcó Murillo.
Lo que viene
Más allá de esta alianza, Aguas Pacífico ya proyecta una nueva etapa de crecimiento. Según explicó Moreno, la compañía está trabajando en ampliar su planta desalinizadora, con el objetivo de aumentar la capacidad de producción en otros 1.000 l/s.
Parte de ese volumen adicional, adelantó el ejecutivo, estaría destinado al consumo humano, por lo que no descartan incrementar en el futuro el traspaso de agua a Esval.
En la misma línea, Murillo destacó que la infraestructura que actualmente construye la sanitaria considera capacidad adicional, lo que permitiría eventualmente duplicar el suministro acordado con Aguas Pacífico.
A ello se suma que, más allá del proyecto de Puchuncaví, la firma evalúa el desarrollo de nuevas desaladoras multipropósito en el país, impulsadas por el escenario hídrico.
“Más que la oportunidad, Chile tiene la obligación moral de promover la desalación, de seguir promoviendo estos proyectos. Tienen un montón de beneficios y de consecuencias positivas para los ciudadanos”, concluyó Moreno.