Desigualdad en los ingresos es el mayor desafío para la estabilidad en el mundo
Hay una enorme presión sobre los gobiernos, que deben responder a las crecientes exigencias de la nueva clase media y contener la caída del nivel de vida de la clase media existente.
Por: Equipo DF
Publicado: Martes 16 de agosto de 2011 a las 05:00 hrs.
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Los estrictos planes de austeridad adoptados tras la Gran Recesión de 2008-09 aceleraron un proceso que bien podría ser la mayor fuente de inestabilidad para el mundo. El peligro ya no es el “choque de civilizaciones” planteado por Samuel Huntington en 1993. Es la desigualdad creciente en los ingresos y la situación cambiante de la clase media.
Los grandes estallidos sociales que hemos visto en los últimos años, ya sea Francia en 2008, la primavera árabe, los disturbios en Londres y hasta el movimiento estudiantil chileno este año, apuntan al descontento con la falta de oportunidades y el desempleo en las clases más bajas y al empobrecimiento de las clases medias en países desarrollados, sumados a las exigencias de las nuevas clases medias en los mercados emergentes. Moisés Naím lo plantea así en una columna reciente: “Una fuente mucho más importante de conflictos que los choques entre culturas o religiones serán los cambios en los ingresos de las clases medias en los países ricos -donde están declinando- y en los países pobres -donde están aumentando-. Tanto el aumento como la disminución de los ingresos generan expectativas frustradas que alimentan la inestabilidad social y política”.
En España se estima que los hogares vulnerables, con dificultades para pagar los gastos habituales de la casa, ya son casi 36,7% del total. Esto, en un contexto de incremento en la desigualdad. En los dos últimos años, la renta de la población con mayores ingresos fue seis veces superior a la de la población con ingresos más bajos.
En Inglaterra, el plan de ajuste iniciado por David Cameron, el mayor desde la Segunda Guerra Mundial, ha evitado que el país pierda la confianza de los mercados. En octubre pasado eliminó medio millón de empleos públicos, endureció el acceso a viviendas sociales, aumentó la edad de jubilación a 66 años, disminuyó el presupuesto de la policía y eliminó el límite a las matrículas universitarias (que se dispararon de 3.000 a 10.000 libras anuales).
En Estados Unidos, la duración promedio del desempleo es de unas 40,4 semanas, la más alta registrada. En las universidades públicas, los costos de matrícula han subido un promedio de 5,6% al año sobre la inflación. La deuda en créditos universitarios superó a la deuda de tarjetas de crédito en Estados Unidos en 2010 y se espera que supere US$ 1 billón (millón de millones) hacia fines de año. En 2007, 43% de los estadounidenses decía que su sueldo sólo les alcanzaba para llegar a fin de mes. Hoy, 61% asegura estar en esta situación.
A los ricos, en cambio, no les ha ido mal: entre 1976 y 2007, el 58,8% del crecimiento total de los ingresos en EEUU fue capturado por el 1% superior. Y a los ultra ricos les ha ido mejor: entre 1990 y 2005, dos puntos porcentuales del incremento de 2,3% en la participación del grupo superior fueron al 0,1% de ese 1%.
Kenneth Rogoff, economista de Harvard, lo dijo en una conferencia en Santiago la semana pasada: hay mucha ira entre los estadounidenses, que han visto desplomarse sus estándares de vida.
La clase media tradicional, sobre todo en el mundo desarrollado, ha tenido que sobrellevar una mayor parte del ajuste: sin acceso a los subsidios gubernamentales para los grupos de bajos ingresos, pagando más por servicios como salud y educación que alguna vez consideró derechos, enfrentando la perspectiva de trabajar por períodos más largos y por una pensión menos generosa, compitiendo por empleos con profesionales del mundo emergente. Sólo 8% de los franceses cree que sus hijos tendrán una calidad de vida mejor que la de sus padres.
Naím recuerda que los países emergentes en crecimiento como Brasil, China, India, Chile e Indonesia tienen hoy la clase media más numerosa de su historia. No tienen el nivel de ingresos de los países desarrollados, pero sus nuevos integrantes gozan de un nivel de vida sin precedentes. Goldman Sachs calcula que con una definición de clase media como personas con un ingreso anual sobre US$ 6.000 y por debajo de US$ 30.000, sólo Brasil, Rusia, India y China han añadido 500 millones de personas a la clase media global durante la última década, y agregarán otros 800 millones para 2020. No sólo quieren más cosas, quieren mejores cosas.
“Las aspiraciones insatisfechas de la clase media china o brasileña son tan políticamente explosivas como la nueva inseguridad económica de la clase media que está dejando de serlo en España o Italia”, asegura Naím.
Esto genera enorme presión sobre los gobiernos, que deben responder a las crecientes exigencias de la nueva clase media y contener la caída del nivel de vida de la clase media existente.
En Rusia, el colapso del comunismo en los ‘90 destruyó el estándar de vida de la mayoría de los rusos. La reactivación de la economía de la mano del alza en el precio del petróleo permitió el resurgimiento de la clase media: entre 2000 y 2008, los ingresos reales se duplicaron. Pero desde 2008 los ingresos se estancaron y la inflación se disparó. En el primer trimestre de 2011, los salarios reales cayeron 2,9%, a causa de un alza en los precios mayor que la prevista.
En Kenia, la inflación ha subido 12,95% en el año hasta mayo ( sólo el combustible lo ha hecho en 25%). Un estudio del Banco Africano de Desarrollo dice que 44,9% de los 40 millones de kenianos son de clase media, pero el mismo texto arroja que sólo 1,6% de la población gasta entre US$ 10 y US$ 20 por día. Para satisfacer necesidades y aspiraciones, recurren al endeudamiento.
La misma respuesta tiene la clase media “tradicional” de Brasil, que gana más de 5.174 reales por hogar y que se queja de las alzas de precios e impuestos, de la congestión en la infraestructura y de la mayor competencia por empleos. Se habla ya de una burbuja en los créditos de consumo de Brasil.
En Chile, que suele recibir halagos internacionales por su desempeño económico, una persona que pertenece al 10% de mayores ingresos gana 17,7 veces más que quienes pertenecen al 10% de menores ingresos. Los líderes de las protestas estudiantiles han dejado claro que el problema ya no es el acceso a la educación, es acceso a una mejor educación.
Rogoff recordó en una columna en The Guardian que Karl Marx observó la desigualdad en el siglo 19 y concluyó que el capitalismo no podría autosostenerse indefinidamente. El mismo Rogoff admite que fuera de Cuba y Corea del Norte, nadie toma en serio a Marx en estos días. Pero con la desigualdad alcanzando niveles parecidos a los de hace 100 años, el status quo es vulnerable.
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