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Alianza gobernante de Perú se aproxima a su punto de quiebre

La pugna por la presidencia del Congreso provocó la renuncia de siete legisladores del gobernante Gana Perú.

Por: | Publicado: Jueves 7 de agosto de 2014 a las 05:00 hrs.
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El 27 de julio Ana María Solórzano de la coalición del partido gobernante Gana Perú (GP) fue elegida presidenta del Congreso Nacional. Solórzano era la favorita para ganar la nominación, pero el proceso de elección se tornó amargo, creando nuevas tensiones dentro de la alianza gobernante. Varios legisladores abandonaron la alianza, lo que significa que GP ahora perdió su mayoría en el Congreso y que existe un riesgo de más deserciones. Estos eventos complicarán la agenda del presidente de Perú, Ollanta Humala, quien ya está sufriendo por su baja popularidad y la desaceleración de la economía.

La campaña para presidir el congreso comenzó a principios de junio, cuando se acercaba la fecha límite para que los partidos nominaran a sus candidatos. El presidente saliente del Congreso, Fredy Otárola, del GP, señaló que no se presentaría nuevamente. Como aliado cercano de Humala, Otárola fue asignado ministro de Trabajo y Producción en el cambio de gabinete de fines de julio, en una decisión que claramente había sido un factor en su anuncio de no presentarse para una reelección.

Como el bloque más grande del Congreso, se esperaba que el GP asegurara la elección de su candidato casi sin oposición, como ha sido el caso en los últimos tres procesos desde que Humala asumió sus funciones, en 2011. Sin embargo, Solórzano, una representante de Arequipa que había sido electa por primera vez en 2011, resultó ser una candidata inesperadamente controversial. En lugar de enfrentar un desafío desde la oposición para la presidencia del Congreso, Humala se encontró confrontado por una rebelión dentro de su propio partido.

Desafiado desde dentro


Tras la designación de Solórzano como la candidata favorita del Ejecutivo, 22 legisladores del GP criticaron fuertemente la decisión. La principal razón fue la cercanía de Solórzano con la administración de Humala, y particularmente con la primera dama, Nadine Heredia. Heredia ha sido criticada frecuentemente tanto por la oposición como por los miembros de la alianza gobernante por su influencia dentro del gobierno.

Un número de diputados del GP propusieron a Marisol Espinoza Cruz, la actual vicepresidenta del Congreso, para reemplazar a Otárola. Pero la administración de Humala rechazó esta sugerencia, argumentando que Espinoza no podría actuar como vicepresidenta y presidenta del Congreso. Esto llevó a una compleja reunión el 10 de julio entre Humala, Heredia y 30 de los 42 representantes del congreso del GP, en la que la decisión de votar por Solórzano fue reforzada. No obstante, Esther Saavedra, la principal promotora de la propuesta para elegir a Espinoza, no estaba presente en la reunión y se rehusó a reconocer la decisión.

Roces crecientes 


El 23 de julio Otárola formalmente anunció que Solórzano era la candidata oficial del GP para reemplazarlo. Inmediatamente después de eso, siete de los legisladores del GP, incluyendo a Saavedra, anunciaron su retiro de la alianza gobernante y la formación de su propia agrupación en el Congreso, Dignidad y Democracia. Es incierto si es que otros de los 22 diputados que inicialmente se opusieron a la nominación de Solórzano también renunciarán a la alianza.

Esto significa que el GP ahora solo tiene 36 de los 130 votos en la legislatura, exactamente el mismo número que el principal grupo de oposición, el partido Fuerza Popular, liderado por Keiko Fujimori, hija del ex presidente en prisión, Alberto Fujimori. Habiendo perdido su mayoría, el GP será ahora bastante más dependiente de las alianzas con otros partidos en el Congreso. Hasta la fecha, ha logrado formar un pacto de cooperación con Perú Posible (PP), el partido del ex presidente Alejandro Toledo. Pese a que es técnicamente parte de la oposición, el PP ha llegado a un consenso con el GP en la mayoría de sus políticas económicas y ha votado apoyando estas iniciativas.

Compitiendo por aliados


El primer desafío para la nueva alianza llegó con el nombramiento de Solórzano. La votación fue mucho más cerrada de lo esperado y tuvo que ir a una segunda vuelta, donde el nominado de la oposición, Javier Bedoya de Vivanco, obtuvo dos votos más que Solórzano en primera vuelta. En la segunda vuelta Solórzano ganó por sólo dos votos, gracias al apoyo de los once diputados del PP.

Como el episodio sugiere, el PP tendrá ahora un rol vital para mantener la mayoría del gobierno en el Congreso y podría buscar extraer mayores concesiones. Sin embargo, Toledo y el PP no querrán parecer muy cercanos al gobierno, debido a la baja popularidad de Humala, que se ubica en 25%, según una encuesta realizada en julio.

Por ende, existen escasas probabilidades de que el PP se una formalmente a la alianza gobernante. De hecho, es altamente probable que el PP trate de demostrar su independencia del gobierno al votar contra este de vez en cuando.

De mal en peor 


Dado todos estos desarrollos adversos, Humala enfrentará un periodo cada vez más complicado en el Congreso, en un momento donde ya está luchando para sacar adelante su agenda ante una creciente cara a una impopularidad y dislocación de las políticas tras los frecuentes cambios de gabinete. El presidente intentará reconstruir relaciones con los disidentes del GP, pero estos podrían estar reticentes a regresar a la coalición gobernante. Pese a que Humala ha tratado de enmendar algunas diferencias y ha llamado a la unidad en su discurso de cuenta anual, el 28 de julio, los desertores podrían estar calculando que tendrán una mayor influencia sobre las políticas desde el lado opositor.

Como resultado, es altamente probable que la agenda legislativa del gobierno se haga más vulnerable a las pugnas políticas en el Congreso en los próximos meses, particularmente dado que en este periodo marcará el inicio de la carrera por las elecciones regionales de octubre. Esto afectará la efectividad de las políticas y podría ralentizar la implementación de reformas aprobadas recientemente que apuntan a impulsar la inversión y el consumo. Sin embargo, el riesgo de estabilidad sigue contenido, debido en gran parte al hecho de que los eventos en el Congreso no se han reflejado en las calles, un muestra de la apatía general de la población por lo que ocurre en el legislativo.

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